Escape

Cambrinus, música en el sur

Es uno de los escondites vintage para gente adulto contemporánea.

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Silón

00:00 / 24 de abril de 2016

La escena musical estalló durante los 90. Numerosas bandas aparecieron en el horizonte y varios escenarios abrieron sus puertas para acogerlas. La Luna, El Socavón, Caras y Caretas, Equinoccio, Pánico y Ganímedes son solo algunos ejemplos de esta explosión para el rock y el funk noventero. Pero también vieron la luz dos lugares fundamentales para el movimiento de jazz: Thelonious y Cambrinus. Reynaldo Arispe participó en la fundación de ambos, aunque después de un tiempo vendió las acciones que poseía en Thelonious y se dedicó de lleno a generar la mística inequívoca de Cambrinus que con los años fue a establecerse en la zona Sur de la hoyada paceña pasando a ser, por un buen lapso de tiempo, la única alternativa para deleitarse con música al vivo en ese sector de la ciudad. El pub se fundó en Sopocachi, el barrio central de la movida cultural en la sede de gobierno, corría 1997.

Aquel espacio inicial contaba con un par de mesas solamente y se llenaba con menos de 40 personas. Pero ya incluía un escenario y destilaba la esencia característica de Cambrinus. Antigüedades, cachivaches únicos y vistosos, afiches de películas antiguas pintados a mano, carteles viejos de calles porteñas o nacionales, inconcebibles muñecos y títeres de antaño, una caja registradora de principios de siglos y un largo etcétera. Siete años transcurrieron en aquella primera base. Fueron años tumultuosos con artistas sobre el escenario de lunes a sábado. Al principio se decantaron por el jazz y algo de bossa nova, aunque poco a poco fue expandiéndose el repertorio del lugar hacia corrientes del rock y pop. Pero el espacio de la plaza Abaroa empezó a quedar chico y hubo que pensar en una sede algo más amplia.

Entonces Cambrinus se mudó a San Miguel en 2004. Las nuevas instalaciones albergaban a más de 70 personas, duplicando la capacidad original y el concepto seguía siendo el mismo: un refugio para gente adulta, buena música y el ambiente único que el decorado genera. “Casi todo es mío”, señala Arispe. “Quedan unos tres o cuatro objetos de mi hermano, que fue el primer dueño. Después yo fui comprando y trayendo cosas. No busco antigüedades caras, sino más bien cosas raras.” En el escenario de San Miguel empezaron a desembarcar formaciones de otras vertientes musicales, desde el folklore hasta alineaciones compactas de rock como Birds of Fire, el grupo del guitarrista José Pepe Eguino, pilar en la historia del rock boliviano. “Hay de todo un poco; trato de ir eligiendo.” Andrea Villarroel, Reynaldo & Miguel, El Dúo y otros artistas pasaron a ser parte de la cartelera de Cambrinus.

Siete años más y un nuevo traslado. Se volvió a redoblar la apuesta en favor de un entorno más cómodo. El nuevo local, ubicado en la calle 1 del barrio sureño de Auquisamaña, tiene capacidad para más de 130 personas. Asimismo, el decorado variopinto ha encontrado un espacio idóneo para ser apreciado en su plenitud. Tres ambientes adicionales se engalanan con la colección de adornos e invitan a detener la vista en cada rincón del lugar. Por su parte, la música continúa. Mientras más grande el escenario, mayor la capacidad de recibir artistas de formatos diversos. Hace un par de años, Cambrinus fue una de las sedes del renombrado Festijazz paceño, experiencia que se espera se repita en futuras versiones. Eso sí, esta pequeña catedral de la música en el sur siempre le ha rehuido al estruendo y al barullo que acarrean los jóvenes. Como indica Enrique Stohmann, socio y amigo de infancia de Arispe, Cambrinus ha estado dirigido a un público adulto desde un comienzo.

“¿Cuáles son los problemas con los jóvenes? Primero, cuando salen a la calle, lo hacen gritando y hasta se pelean. Y en el mismo boliche toman mucho y hacen ruido. No son buenos clientes para lo que nosotros buscamos. La gente a la que está dirigido el local, arriba de 35, es aquella que viene tranquila a tomarse un trago y a escuchar la música”. Si bien la frecuencia de atención al público ha disminuido, pues en Sopocachi lo hacían de lunes a sábado, Cambrinus ha matizado su propuesta con el “miércoles de cacho”. “Aquí está lleno viernes y sábado; jueves tengo algo de gente y miércoles jugamos cacho, pero vamos a hacer algo para atraer más gente, cambiar la comida y otras cosas para que eso funcione”, dice Arispe. Aun así, ambos socios saben que el suyo es un lugar especial, con aire propio. Stohmann sabe definirlo: “Queremos que la gente aquí se sienta tranquila, sabiendo que nadie los va a molestar. Cuando estamos aquí sentados, estamos en nuestro ambiente. Y tenemos un grupo de amigos que lo ha convertido en su boliche. Si les preguntas si conocen determinado pub, ellos te dicen: ‘No, yo voy al Cambrinus’”.

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