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Caminantes

Desde hace 35 años, el CEAC ha realizado varias expediciones y caminatas por el territorio nacional.

La Razón Digital / Marco Fernández

00:00 / 03 de mayo de 2015

Es miércoles por la noche y más de 15 personas se reúnen en el café Solatte, en el Handal Center de la ciudad de La Paz. Durante aproximadamente una hora y media, el ambiente se llena de anécdotas y propuestas para las caminatas o ascensos del fin de semana. Se trata de un encuentro del Club de Excursionismo, Andinismo y Camping (CEAC), una organización que cumple 35 años de expediciones por el territorio nacional.

Este grupo reúne a gente de toda edad con el objetivo de realizar excursiones, escalada en roca o en hielo, ciclismo, canotaje, parapente, balsismo y senderismo, que se llevan a cabo al aire libre en los Andes, valles y trópico bolivianos. Al mismo tiempo se organizan cursos para capacitar a los miembros del CEAC.

Visitas a la Muela del Diablo, caminatas a Palca o excursiones desde Ventilla hasta la Chojlla por el sendero prehispánico del Taquesi, son solo algunas de las rutas que recorren los integrantes de este club.

“Con 20 bolivianos, dos sándwiches y una botella de agua puedes divertirte todo el día, disfrutar la naturaleza, ver paisajes impresionantes, hacer ejercicio, respirar aire puro y conocer nuevos amigos”, asegura Álex Chipana, uno de los componentes del CEAC, entidad que surgió gracias al empuje de un catedrático universitario.

En 1974, Luis Zapata, docente de Estadística en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), convocaba a sus alumnos para hacer caminatas alrededor de la sede de gobierno. “Una de las excursiones cercanas era salir desde el centro hasta la Muela del Diablo, caminar hasta Mecapaca o subir a la laguna de Incachaca. En las primeras excursiones había cerca de 30 alumnos asistentes, principalmente de las carreras de Sociología y Trabajo Social”, recuerda el catedrático de la UMSA.

Después de un tiempo, más estudiantes y también docentes se sumaron a estos recorridos, que tenían el objetivo de salir de la rutina diaria del trabajo y del estudio.

En uno de los mayores encuentros hasta aquel momento, universitarios y catedráticos se reunieron el 15 de enero de 1980 para caminar desde la plaza de San Francisco hasta el municipio de Mecapaca. De acuerdo con los antecedentes del CEAC, “parecía una manifestación política” por la cantidad de gente, por lo que surgió la idea de organizar las salidas de manera continua y se invitó a quienes estuvieran interesados en conocer los alrededores de la urbe paceña.

En marzo, la Alianza Francesa organizó una conferencia sobre alpinismo, en la que coincidieron varios de los que habían asistido a aquella excursión hacia Mecapaca. Después de ver un cortometraje que mostraba el deporte de montaña, los compañeros de aventura decidieron subir a las cumbres con mejor preparación, para lo cual armaron un curso de andinismo, que empezó el 25 de abril en la sala de Resistencia de Metales de la UMSA, con la presencia mayoritaria de universitarios.

Lo que aprendieron de las charlas les animó a que planificaran una salida el 1 de mayo hacia la Muela del Diablo, donde dos instructores demostraron la escalada natural en roca. Fue tal la primera experiencia, que ni siquiera habían llevado cuerdas, “casi nada, solo subíamos. Incluso una de las chicas llevó comida como para tres o cuatro personas”, rememora Luis.

Luego de otras instrucciones sobre el deporte extremo, el siguiente domingo salieron al barrio Amor de Dios y posteriormente a Palca. Para concluir estas actividades se desarrolló una excursión desde Ventilla hasta Chojlla por el Taquesi. Durante la evaluación de estas experiencias se decidió que era tiempo de formar una organización, que en junio de 1980 se hizo efectiva con la elección de una directiva y la denominación final de Club de Excursionismo, Andinismo y Camping (CEAC). “Es excursionismo porque es lo que hacemos, andinismo porque es lo que íbamos a practicar y camping para quienes nos gusta esta actividad”, dice el docente.

El docente relata que Mario Pinto, uno de los miembros de la naciente organización, sostuvo que no era recomendable empezar a mediados de año y que lo mejor sería que la fecha de fundación fuese en los primeros meses. Como la mayoría de los miembros del CEAC se había conocido durante aquella caminata hasta Mecapaca, se decidió que el 15 de enero de 1980 fuese el día de su fundación.

    A partir de aquel momento también se hicieron costumbre las reuniones de los miércoles por la noche para coordinar las actividades de los fines de semana, que generalmente es excursionismo, que es el punto inicial para practicar montañismo, ciclismo, vela en el lago Titicaca, escalada en roca, vuelos en alas delta y alta montaña, entre otros deportes extremos.

Durante estos 35 años caminando por todos lados, el CEAC tiene muchas historias y anécdotas por contar. En 1980, Luis vio que una turista alemana entraba a un edificio al frente de la UMSA. No había nada raro en ello, solo que en la mochila tenía una soga especial para escalar. Cuando le consultó si quería venderla, le respondió que sí y que costaba 100 dólares.

El docente tenía 50 dólares, así es que recurrió a uno de los fundadores del club, Julio Torrico, para que le prestara el dinero. Tras haber adquirido la cuerda, Luis quiso devolverle los 50 dólares, pero Julio respondió que ése era su aporte a la entidad.  La soga aún sigue en el CEAC. En agosto de 2002, ocho componentes del club caminaron por la senda prehispánica de Sillutinkara, en el municipio de Coroico.  El tiempo no era muy benigno, pues se estaban formando nubes oscuras, entonces optaron por subir a través de un sendero pero empezó a  llover y nevar hasta pasadas las 21.00. Ya no podían avanzar.

Como habían decidido pasar la noche en aquel frío lugar, hacían ejercicios físicos para evitar la hipotermia. “Cantaban, por ejemplo: ‘Éste es el baile del calentamiento, levanta la mano, levanta la otra, levante un pie, levante el otro, salta, salta, salta’. Bailábamos en la montaña a las 12 de la noche”, recuerda Luis.

Mediante una comunicación telefónica dejaron el encargo de que iban a dormir en ese sector de los Yungas paceños, pero uno de los familiares se alarmó al creer que les había pasado algo malo, por lo que llamó a la Unidad de Bomberos.

Los uniformados aparecieron en la madrugada, cuando el grupo ya había encontrado el sendero y regresaba a La Paz. “Estábamos subiendo y nos encontramos en la salida. Les agradecimos por haber llegado y les pedimos que se fueran porque estábamos bien”, concluye Luis.

Como las travesías habían aumentado, el CEAC publicó en agosto de 1980 una revista que se denominó Andinismo y Excursión, cuyas páginas incluían los relatos de lo que se había hecho hasta el momento. “Varios compañeros, entre ellos (el arqueólogo) Jedú Sagárnaga, nos encargamos de la redacción y la revisión de la edición. Las páginas las imprimieron en mimeógrafo, solamente la tapa estaba hecha en una imprenta”, afirma el catedrático, quien añade que para el primer número sacaron 50 unidades. La revista tuvo tal acogida entre los miembros, que se publicaron nueve ediciones diferentes.

El grupo quería conocer más lugares, adquirir más experiencia en viajes y especializarse, por lo que en 1981 se creó la Escuela de Montaña del CEAC, con la que conquistaron varias cumbres del país.

    El 1 de enero de 1985, un avión Boeing-727, de la aerolínea estadounidense Eastern, se había estrellado en el nevado del Illimani. El vuelo era desde Asunción (Paraguay) hasta Miami (Estados Unidos) y había 28 personas a bordo.

“Pablo Ando llamó a mi casa para informarme que estaba yendo al Illimani con Freddy Ortiz (ambos montañistas y miembros del CEAC). Solo me dijo eso.

Fueron ante la mínima posibilidad de que alguien estuviese vivo”, relata Luis, quien añade que escalaron junto al experto andinista Bernardo Guarachi. Para brindar un socorro oportuno, los escaladores llegaron a la cumbre en un día y medio, y solo encontraron restos de la aeronave, maletas destrozadas, cueros de cocodrilo y fierros retorcidos. “Los primeros restos de la nave habían sido encontrados el 4 de enero de 1985 por el andinista Bernardo Guarachi.

Pero pese a la llegada de equipos de búsqueda de Eastern y del Gobierno norteamericano, nunca pudieron recuperarse los cuerpos ni la caja negra del aparato”, refiere una nota publicada por el periódico ABC de Paraguay el 29 de marzo de 2006.

A los pocos meses de esa proeza se fundó la Asociación de Guías de Alta Montaña y Trekking (AGAMT), como entidad independiente del CEAC, pero con una mayoría de sus integrantes, quienes continuaron  las labores de salvamento.

Los encuentros de los miércoles han servido para compartir más aventuras, como andinismo al cerro Hampaturi o al Parque Nacional Condoriri, caminatas a través del salar de Uyuni o al Parque Nacional Madidi por Apolo, navegación por los ríos Guanay y Beni hasta Rurrenabaque, así como viajes al Cañón del Colca  (Perú), al archipiélago Juan Fernández (Chile), además de excursiones a Brasil, México, Guatemala y Egipto.

Los guías

“Los universitarios de los primeros tiempos ahora son guías de turismo o crearon sus empresas a raíz de haber compartido con el CEAC”, asevera Álex.

“Entre este grupo hay fotógrafos, geólogos, antropólogos y especialistas en escalada en roca, escalada deportiva, ascensos en nevados, rescatistas, guías, expertos en lectura de mapas, ciclistas, maratonistas... Es un grupo que se puede movilizar tranquilamente en cualquier recorrido”, añade Álex, quien trabaja en una ONG los días laborables y los fines de semana se transforma en uno de los mejores excursionistas del club.

Para una mejor preparación, el CEAC cuenta con una biblioteca que tiene información esencial para las salidas y también con una cuenta en facebook donde se suman los interesados. “Mediante la lectura saben, por ejemplo, que deben hacer pasos cortos en las caminatas, no deben caminar solos, pues lo ideal es estar siempre acompañado, al menos tres, porque si alguien se accidenta, uno va al auxilio y el otro se queda. Lo ideal es que sean cuatro, porque dos cargan y uno va a pedir ayuda”, explica Luis, quien después de más de 35 años continúa compartiendo las aventuras del CEAC. “Uno cree que estas salidas son muy riesgosas, pero no las son. Trepar cerros es algo natural, como nadar o hacer ciclismo”, expresa el docente. “Por los alrededores de la ciudad hay lugares bellos como el cañón de Palca y el Valle de las Ánimas, como rutas de inicio; si se quiere algo más avanzado se puede explorar otros lugares”, sostiene Álex.

Las historias de Luis y Álex continúan, con aventuras y recorridos por varias partes del país, con anécdotas inolvidables, aventuras que se programan los miércoles por la noche en un café del Handal Center, desde donde se hace camino al andar.

Fundadores del ceacRubén Hernando Achá Chinchilla

Rubén Darío  Achá de la Barra

Juan Pablo Ando Bustamante

Soraya Carolina Benavides Clavijo

Percy Enrique Benavides Salvatierra

Iván Carlos Berdeja Amatller

Iván Humberto Blanco Alba

Freddy Javier Gonzales Murillo

Raúl Marquiegui Navarro.

Ángel Orlando Miranda Larrea

Freddy Ortiz Villarreal

Antonio Ángel Pérez Pacheco

Jorge Antonio Pinto Aguirre

Pablo Mario Pinto Carrazana

Carmen Gaby Pinto Elías

Iván Salazar Rodríguez

Óscar Javier Thellaeche Urdininea

Julio Torrico Tejada

Janette Trujillo Ramos

Luis Zapata Escóbar

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