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Ellos: Carlos Huayhuasi

Carlos Huayhuasi. Aprendió el oficio de la costura durante su migración argentina y se especializó en la elaboración de títeres, a los que de paso da vida para placer de los más pequeños y también señoritas. Sastrecillo titiritero

El titiritero Carlos Huayhuasi.

El titiritero Carlos Huayhuasi. Foto: Carlos Huayhuasi

La Razón (Edición Impresa) / Juan Mejía

12:18 / 26 de junio de 2017

Un titiritero de peluches, que ningún niño o niña, al pasar por su lado, deja de mirar hasta quedar  maravillado y atrapado. Eso es Luis Carlos Huayhuasi (30), todo un personaje de las calles de Oruro, que emerge entre la muchedumbre, que camina de prisa en medio del ruido ensordecedor de los motores y el bullicio de la ciudad, para dar vida a elefantes, leones, osos,   conejos, castores, unicornios y otros animales fabricados a mano por este artesano de la alegría.

Desde que llegó de la Argentina, según cuenta, hace unos cinco años atrás, donde estuvo desde sus 13 hasta los 25 años, probó suerte en lo que aprendió: “La costura”, como expresa él, y en la venta de esos juguetes peludos comprados en el mercado Kantuta, pero “no pude vender, no tuve suerte, me fue mal y por mis cuatro hijos tenía que hacer algo, fabricar mis propios peluches, pero convertirlos en títeres”.

  • Ilustración: Frank Arbelo

Dice que a la gente le gusta comprar los peluches más llamativos como unicornios, conejos, osos, pero el interés es más, en especial de los niños, cuando descubren que son títeres, y son ellos los que, a veces, se interesan y los papás terminan comprando. “Los que hay son sencillitos y de telita, en cambio he tratado de hacer de telas especiales, al principio no me salía, intenté una y otra vez,  hasta que logré mejorar y de esa manera empecé a trabajar. Ahora, gracias a Dios vivo de esto y mantengo a mi familia”.

También asegura que los títeres de peluche no solamente atraen a los niños, sino también a las señoritas que caminan con sus enamorados, “y ellas también compran, pero algunos novios son tan tacaños que no les compran, son demasiado tacaños”, menciona sonriendo.

“Me siento feliz de alegrar a los niños y niñas, que al pasar voltean a mirar lo que les ofrezco, a veces escucho decir ‘mamá cómprame, cómprame’. Los muñequitos como son títeres se mueven metiendo la mano, hasta les hago hablar, eso es lo que más les atrae”.

Este titiritero, que los días de la Súper Feria (miércoles y sábado) se ubica en las esquinas Presidente Montes y Adolfo Mier, y el resto de los días en la esquina Bolívar y 6 de Octubre de la capital orureña, lleva en una bolsa unos 15 peluches, “a veces vendo todo y otras no, sin embargo gracias a Dios, a mis tres hijas y un hijo, no les falta nada, y es la mayor quien me ayuda rellenando con algodón a los títeres de peluche que hacemos, de tela polar y tela peluche, mi esposa y yo”.

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