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Carnavales paceños

‘Sudados, medio chupados, nos fuimos con el Boris, el Wálter y el Pinturita a ch’allar la nueva Entrada acompañados de dos tubas voladoras...’.

Foto: El papirri

Foto: El papirri

La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 22 de febrero de 2016

Hace una semana se vivió el Domingo de Tentación y recuerdo intensamente los carnavales paceños, más como organizador que como participante, pues trabajé toda la década del 90 en la Casa de la Cultura organizando las carnestolendas. Principiábamos el sábado con el Corso Infantil, había que abrirles camino a esos valerosos papás que transitaban por la avenida Camacho con sus hijitos de un año disfrazados de Pepino, Drácula, Batman. Eran 6.000 niños, más 12.000 padres, sacándose fotos con rollo. Cuando fui Oficial Mayor de Culturas en 1998, logré insertar por primera vez a los niños especiales del INAI que entraron felices en sus sillas de ruedas repletas de globitos. Había una hermosa, la Sarita, que tenía síndrome de Down, de Pepina era la ternura en extremo.

El domingo dejaba de ser organizador y me convertía en Pepino. Internarse en la tropa del Pepino Pandillero me inspiró aquel estribillo: “Pepino pandillero soy, bailando en La Paz, por apretarme a tu cinturita ya dices que soy papá”. El Pepino paceño es entrañable. Es el más pobre del carnaval pero el que la pasa mejor, no tiene quibo para ser danza liviana, menos danza pesada, su fraternidad somos todos, su jardín es la ciudad. Se compra el trajecito y la careta con matasuegra o chorizo incluido y es el que inaugura oficialmente nuestro carnaval. El Pepino es el héroe anónimo, en las tormentas salva vidas pues es bombero voluntario del SAR.

Recuerdo que el lunes de Jisk´a Anata logramos aquel año integrar a los chicos de Alpeve (Asociación de Lustracalzados de la Pérez Velasco), que ingresaron dando saltos como cavernícolas de verdad. Su líder, mi amigo el Canti, hoy Dr. Carlos Jiménez, consiguió que le regalaran en los mercados huesos de fémur de llama y cuero de oveja fresca: entraron con tanto ñek’e los changos lustras que ganaron el primer lugar. Entonces llegaba el sagrado martes y a ch’allar canciones con los cuates músicos. Fui miembro del selecto Movimiento Los Olvidados, anónimos ferrocarrileros famosos; el miércoles, jueves y viernes tocábamos sendos conciertos en teatros y salones restaurando los carnavales paceños de los años 40 y 50 bajo el liderazgo del gran quenista Rolando Encinas y de mi entonces director de Cultura Lucho Sempértegui, quien organizó el Entierro del Pepino, tremenda teatralización de Los Olvidados el Domingo de Tentación a las 11.00 en la plaza Murillo. Su esposa hacía bien de viuda, su llanto nos daba risa, che.

Recuerdo que el año 1999 el Pinturita (un payasito que lo designamos  Gestor Cultural, destacado animador de los Domingos de Cultura a Cielo Abierto), nos dio una gran idea. El cuate vivía por la Garita de Lima, nos contó que en los bares de la zona se reunían cientos de ch’utas choleros a bailar en clandestinidad. ¿Por qué no los sacamos de sus cuevas?, nos propuso con su sonrisa de payasito. La verdad es que el Ch’uta a mí siempre me gustó, hermano del Pepino por el tono de voz, con su careta bigotuda, su lluch’u colorido, su pantalón rompeolas, su pinta de cowboy andino y sobre todo con sus dos cholitas dando vueltas es un gran conquistador. Con mis entonces asesores Walter Gómez y Boris Vásquez decidimos crear una nueva Entrada, cortar la ruta desde la plaza Garita de Lima y subir por la avenida hasta llegar a la cancha del Cementerio. Tomamos contacto con don Luis Guarachi, dirigente ch’uta cholero de Corocoro y aquel Domingo de Tentashon de 1999 iniciamos la Entrada con la bandera de La Paz cerrando machamente el tráfico mientras el Boris, el Walter y el Pinturita arriaban ch’utas, los sacaban de sus boliches de sus barbas para integrarlos a la nueva Entrada, que el primer año tuvo 1.000 ch’utas y 300 pepinos coladores. Teníamos un testigo de lujo, don Fernando Espinoza, del programa de tele Los Principales, quien sorprendido filmaba la naciente Entrada, y se animó a bailar con dos cholitas. Ojalá Fernando nos regale imágenes de aquel pionero emprendimiento que denominamos “Abran Cancha”, para poder conseguir fondos destinados a trofeos y al palquito oficial cerca del Cementerio paceño. Yo me animé con un estribillo: “Ch’uta Bin Laden soy, ch’uta cholero, mis dos cholitas, con su sombrero, mucho las kero…”

Creo que hoy, 17 años después, le pusieron a esta Entrada Chuquiago Anata, y dicen que ingresan en euforia 20.000 ch’utas y pepinos coladores. Pero así nomás empezó. Ya al atardecer, con el cielo paceño hinchado de nubes naranjas, sudados, medio chupados, nos fuimos con el Boris, el Walter y el Pinturita a ch’allar la nueva Entrada a mi depto., acompañados de dos tubas voladoras, un Pepino sobreviviente, Don Guarachi y sus dos cholitas sopadas de mistura.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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