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Carta a un creador

Me entero que tu primer disco es de 1969 y que Lauro Récords lo había grabado, quisiera tenerlos todos.

Willy Alfaro. Foto: Archivo de Ángel Illanes

Willy Alfaro. Foto: Archivo de Ángel Illanes

La Razón (Edición Impresa) / El Papirri

00:00 / 08 de junio de 2014

Querido Willy: Anoche me acordaba intensamente de ti, cerraba los ojos y me veía dando vueltas como huayronco buscando la puerta de tu casa hasta dar de bruces con una Placita del Músico que tenías al frente. Abrías la puerta y era toda la tierra chicheña que daba la bienvenida, tranquilo, pausado, pasen, pasen, decías, mirá la Carolita cómo ha crecido. Entonces aparecía tu esposa guapa con una sopa de choclitos amarillos y papas embarazadas, venía coronada de ese aroma de caldo del sur con zapallo lagrimoso y arvejas navegantes que hoy tanto añoro. Cuando mi entonces novia se fue a cantar con los pajaritos del patio, me decías firme: tienes que cristalizar, che, cuándo es la boda… y yo grave me atoraba.

También me acordaba de una mañanita que nos encontramos en la esquina de los tamales, cerca del mercado, estabas en bicicleta, devoramos felices esos cabezones olorosos con cola de cometa y guatito  de muñeca, me dijiste vení a buscarme al hospital al mediodía, es allá, a la vuelta. Entonces fui, surgiste de una puerta de hospital ataviado de galeno con los guantes sangrantes  de cirujano y tus ojos expresivos de rompecantarito. Como traías —amenazante y sin saberlo— el barbijo enfático y un bisturí filudo yo salí corriendo, repitiendo en  mis adentros: el palquiceñito había sido un gran cirujano, che.

Ya llegaste a los 70, no te veo hace mucho,  sin embargo, en el internet te pude ver guapo cuando te condecoraron las autoridades del Ministerio de Culturas en 2013 por tu obra extensa, más de 20 discos grabados, más de 100 canciones compuestas en letra y música y esa tu extrema sencillez de sabio montuno diciendo: “hay que analizar la cantidad y la calidad, yo de calidad tengo poco, pero tengo”. Como no, hermano, son patrimonio de Bolivia Mi desventura, Ya se fue mi golondrina, Mi imillita, Rompe cantarito, El llokallito, Luna tupiceña, Mi escuelita, la gran Tonada para Remedios y, seguro, muchas canciones más.

Ahora me entero que tu primer disco es de 1969 y que Lauro Récords lo había grabado, que ilusión  me da  tener todos tus discos. Tu música huele a  tierra colorada, a la grandeza simple de los ponchos tupiceños, el Toroyo galopa en tu vibrato auténtico, definitivamente tu versión de la Fiesta de los Remedios (Tonada para Remedios) es la mejor, che, de lejos. Ojalá me hayas hecho caso y hayas inscrito esta bella canción en Sadaic (Sociedad de Autores y Compositores de Argentina), es un hit del Dúo Coplanacu y de Los Nocheros, hay que ver a los gauchitos cómo se estremecen cuando empieza: “Desde la banda he venido pisando sobre las flores, como soy muchacho tierno vengo rendido de amores”…

A mi Carito (he cristalizado, maestro, es mi linda e inteligente esposa tupiceña), se le salen las lágrimas cantando una copla  tuya que yo le acompaño así nomás, siguiéndola al oído y que empieza: “Romántica es la noche corazón, mil cosas por mi mente vienen, van”…  ojalá un día me enseñes a tocarla como se debe, es nuestro hit privado.

Hermano trovador, Willy Alfaro, doctor de la tonada tupiceña, viejo búho sabio de la tierra, comandante de la caballería chicheña, poeta de los cerros colorados, ciclista de la sencillez, quería que sepas mi admiración y cariño por tu silenciosa y constante obra creadora: vos sí te mereces el Premio Nacional de Cultura que seguro lo vas a recibir con la humildad de siempre.

Voy a ir a recogerte un sábado, me vas a esperar, salimos en bicicleta a saludar al pueblo, después le cascamos unos tamales vibrantes, hacemos reja en la plaza con el Parpolo, nos vamos a los cerros colorados a cantar debajo de los sauces, cabalgamos urgidos el valle de Los Machos, luego volvemos a tu casa a caminarla, con esa tu serenidad de ensueño, nos sentamos en la mesa, sentimos el amor de nuestras compañeras, los  chicos tuyos dejan en la espalda su estela de cariño dulce… Entonces, emocionado, mirando el saice ardiente y sintiendo la simpleza de la vida me miras y dices: Papirri, estito nomás es la felicidad.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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