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Cecilia Vargas

Gracias a que hizo su especialización médica en Cirugía Cardiovascular Pediátrica en Buenos Aires, capital argentina, ha podido operar a cerca de 300 niños gratuitamente. Terapeuta de corazones.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 07 de junio de 2015

Un álbum con las fotos de cientos de niños sonrientes es el principal instrumento de trabajo para Cecilia Vargas, de 32 años, cirujana cardiovascular pediátrica de profesión. Niños desde recién nacidos hasta jóvenes de 15 años han pasado por su quirófano.  Sus manos operaron, junto a un equipo de expertos médicos, a menores de edad de bajos recursos de manera gratuita desde 2012. “En el hospital Garrahan, donde hice mi especialidad en Buenos Aires, Argentina, operé gratuitamente a alrededor de 200 niños y en Bolivia, desde 2013, a cerca de 100”, cuenta.

Los casos más recurrentes en los infantes en lo que se refiere a enfermedades del corazón son las cardiopatías congénitas. Ocho de cada 100 niños pueden tener una deformidad en el corazón, siendo la más frecuente la comunicación  interventricular, que es la que se da entre los dos ventrículos del corazón y cuya manifestación común es el soplo.

La operación tarda entre cuatro y seis horas, dependiendo de la cardiopatía que presente el infante y el estado previo a la cirugía, es decir, en el periodo desde que se le ha detectado la enfermedad cardíaca.

En cuanto al tiempo de recuperación, tomando en cuenta desde la terapia intensiva hasta el retiro de puntos de la herida, el niño puede volver a su vida normal en un mes.

Pero esta profesión no solo le permitió acercar su corazón a los niños con problemas en este órgano, sino también al de su esposo, quien también es médico, aunque no en la misma especialidad. “Él es cardiólogo electrofisiólogo”, dice Vargas orgullosa. “Se ocupa de ver el ritmo del corazón y, por tanto, marcapasos, desfibriladores y resincronizadores”, precisa.

Su profesión le apasiona —ya que la escogió para poder ayudar de forma directa— y lo que más le conmueve es atender a un niño con un diagnóstico tardío, que le obligue  a abandonar la escuela, e incluso deja de jugar por verse incapacitado debido a su enfermedad cardíaca.

“El mensaje que doy a los papás es que cuando se detecte un soplo, hay que estudiar su causa junto con los cardiólogos pediatras, y no dejarlo, porque solo así se podrá resolver a tiempo la cardiopatía del niño y no esperar que existan consecuencias”.

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