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Chilecito, un destino turístico

La pequeña ciudad del noroeste argentino se vio beneficiada con el paso del rally Dakar, por octava vez.

Vista panorámica de Chilecito, desde el Mirador Cablecarril La Mejicana. Foto: Kattya Valdés

Vista panorámica de Chilecito, desde el Mirador Cablecarril La Mejicana. Foto: Kattya Valdés

La Razón (Edición Impresa) / Kattya Valdés

00:00 / 19 de febrero de 2017

Una mina abandonada convertida en mirador. Ése es uno de los principales atractivos turísticos que ofrece la pequeña ciudad de Chilecito, situada en la provincia de La Rioja, en la vecina República Argentina. El paso del rally Dakar, por octavo año consecutivo, hizo que se potenciara el turismo para mostrar sus bondades. El primer cablecarril del mundo que data de principios de siglo XX, la mayor obra de ingeniería de su época, invita a los visitantes a vivir una aventura diferente, con sello argento.

Los organizadores del raid más peligroso del mundo establecieron una visita a este sector para promocionar sus atractivos turísticos, al igual que lo hicieron en varias urbes por donde pasó la riesgosa competencia. Una suave brisa da la bienvenida a los visitantes en el lugar más alto de Chilecito, donde se encuentra ubicado el mirador Cablecarril La Mejicana, que se levanta a 25 kilómetros de la ciudad de la región cuyana en el país austral.

Una de las principales avenidas de la ciudad cuyana.

Después de un traslado de cerca de 10 minutos en una combi, un grupo de periodistas que realiza la cobertura del Dakar 2017 arriba a una montaña rocosa, combinada con exuberante vegetación. Una caminata de otros cinco minutos se hace necesaria para llegar hasta las instalaciones de la que fue una de las minas más importantes del continente y la segunda del mundo a principios del 1900, justamente por contar con su cablecarril. “Por octavo año, Chilecito es sede del Dakar, contrariamente a las políticas de los organizadores de esta competencia de no pasar más de una vez por una misma región”, explica uno de los guías.

Historia

El Mirador del Cablecarril, que es una estación minera gigante construida en 1905, “es en la actualidad Patrimonio Nacional y uno de los principales atractivos de la ciudad”, explica Diego Díaz, coordinador de la Secretaría de Turismo de La Rioja. La maquinaria que era utilizada para mover el cablecarril, las tolvas, las calderas donde se procesaba el mineral, los vagones donde se lo transportaba, las 262 torres y las nueve estaciones, se encuentran casi intactas para admiración de sus visitantes.

Visitantes. Un grupo de niños, junto a su padre, disfrutan en los vagones del Cablecarril de la mina La Mejicana.

La empresa alemana Bleichert de Leipzig fue la encargada de erigir esta obra, con el fin de facilitar la explotación minera en la sierra de Famatina, y así poder transportar los minerales hasta el puerto de Buenos Aires, para que desde allí fueran exportados hacia Inglaterra a través del océano Atlántico. Este cablecarril tiene una extensión de 36 kilómetros y llega a una serranía con una altura de hasta 4.600 metros sobre el nivel del mar.

El cablecarril fue utilizado por los ingleses hasta 1930, cuando la crisis internacional dejó el valor del oro por el piso. A partir de ahí, el Gobierno argentino se hizo cargo de La Mejicana, la que siguió siendo explotada hasta mediados del siglo XX, tiempo en el que se determinó que el sistema de explotación de oro, plata y cobre había quedado obsoleto.

Las máquinas del Cablecarril que aún están intactas.

Con el fin de atraer al turismo y aprovechando la vegetación existente en la zona, la Secretaría de Turismo de La Rioja también ofrece prácticas como el trekking, caminatas, senderismos de montaña, entre otros. Para poder llegar a las estaciones más altas —nueve en total— se requieren de tres días, y quienes prefieran practicar un descenso pueden hacerlo. “Aprovechamos de manejar bicicleta por la zona que tiene una hermosa vista y a la vez podemos disfrutar de la naturaleza”, dice Claudio Padilla, un visitante de la zona.

Al recorrer la zona, aún se puede observar los restos de mineral en sus cerros. La tierra de color rojo le dio el nombre a esta pequeña y cálida ciudad  —Chileoito o Chiloe, significa tierra roja— aunque hay quienes dicen que más bien tiene relación con la República de Chile, por la cantidad de mineros de dicho país que arribaron a la zona seducidos por el oro de La Mejicana. Un recorrido por la pequeña ciudad cierra el tour. Las calles lucen vacías apenas pasado el mediodía, ya que en gran parte del norte argentino los negocios cierran a partir de la 01.00 debido al intenso calor del verano. La actividad es retomada a partir de las 17.00, hasta bien entrada la noche. 

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