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Chirca el santuario de La Paz

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 02 de septiembre de 2012

Todavía hoy, los habitantes de la zona de Huancapampa, en el cantón Chulumani de Sud Yungas, cuentan que por las noches se oyen las campanadas de una iglesia emanar de las aguas malditas de la laguna de Churiaca, nombre del antiguo Chirca. Los lugareños dicen que beber de ella implica la muerte y que causa graves enfermedades en la piel si se toma un baño allí. Debajo, aseguran, se encuentran las ruinas del poblado fundado a principios del siglo XVI, que se hundió alrededor del año 1695 por un terremoto. Creen que sucedió para castigar a sus gentes, que se comportaban al estilo de los habitantes de las bíblicas Sodoma y Gomorra. Con ellos desapareció la imagen de la Virgen de la Natividad que había sido traída de España.

Tiempo después del suceso, un mulero que andaba por la zona vio aparecer una paloma que se posó sobre un cerezo, donde se quedó inmóvil. Cuando el hombre se acercó, vio surgir resplandeciente la imagen mariana. Y es justo en aquel lugar, aseguran los chirqueños, donde se erigió el Santuario de Chirca.

Se terminó de construir en la segunda mitad del siglo XVIII pero hubo que rehacerlo en 1800. Se levanta en un extremo del pueblo, desde donde hay una vista privilegiada del valle yungueño y de su paz: por el aire sólo llegan cantos de pájaros. Según jurisdicción parroquial, éste es el santuario de La Paz, por pertenecer al arzobispado de esta ciudad, mientras que el de Copacabana forma parte de la diócesis de El Alto. Además, es ecológico porque está en una de las 12 ecozonas del país.

Antaño, Chirca estaba más poblado y tenía lo que ahora le falta: actividad económica. Tiempo atrás había, incluso, una aduana de la coca, en lo que ahora se conoce como El Astillero.

La tranquilidad de Chirca se transforma, sin embargo, en jolgorio cada 8 de septiembre, aniversario de la Virgen de la Natividad. En el pueblo viven habitualmente poco más de 50 personas, cifra que aumenta los fines de semana, en feriados y durante las vacaciones, cuando vuelven los residentes, principalmente de La Paz. Incluso, regresan los que alguna vez visitaron este rincón y se quedaron prendidos para siempre, como le pasó al fotógrafo Julio Cordero Benavides, paceño pero “chirqueño de corazón”, como él se declara. La primera vez que pisó Chirca fue a los ocho años. Su padre, Julio Cordero Ordóñez, también se enamoró de este pueblo cuando llegó a él en 1945 en busca de un amigo que había conocido durante la Guerra del Chaco.

A Óscar Durán Viscarra lo trajeron con seis meses de vida y hoy, muchos años después, sigue regresando a la villa casi cada fin de semana. No es sólo amor por el pueblo lo que sienten estos chirqueños de adopción; también fe y devoción por la Patrona de los Yungas, la Virgen de la Natividad. Ellos dos, junto a Luis y Rolando Salazar Soliz, Gastón Cordero Cordero, Guillermo Landaeta Palma (+) y Ángel Cordero Soliz (+), fueron los primeros que peregrinaron a Chirca desde La Paz. Ya sabían de los milagros que se le atribuyen a la imagen que apareció en el cerezo y decidieron caminar durante tres días para ir a festejar el 8 de septiembre. Era 1959 y, por aquel entonces, los peregrinos no conocían más camino que el carretero. Partieron de la intersección entre las calles Catacora y Junín rumbo al calor de los Yungas.

Al año siguiente se les unió la primera mujer caminante, Ruth Salazar, hermana  de Luis y Rolando. Poco a poco, fueron sumándose más devotos y se tomaron otras rutas para llegar al santuario; primero, el camino Takesi, al que partían desde la zona de Chasquipampa, y luego el Yunga Cruz. Y, en 1964, se sumó una figura que no falta a ninguna de las caminatas, desde hace 49 años: la Virgen peregrina.

Tallada del cerezo

El tronco del árbol donde se produjo el primer “milagro” quedó dentro del templo pero, poco a poco, los fieles le fueron sacando pedazos. Entre ellos, el fotógrafo Julio Cordero. “Yo vine exclusivamente en el año 1964” por un trozo de madera para hacer una imagen que acompañara a los caminantes en su trayecto desde La Paz. Recuerda que el rostro lo talló un artesano llamado Jaime Sanjinés; un artista de Copacabana, Daniel Sucsu, la pintó, y la base sobre la que está apoyada la elaboró un carpintero del barrio de San Pedro, del que Cordero ha olvidado el nombre. Con el tiempo, también se le puso un vestido que, como a la verdadera imagen, se le cambia cada 30 de agosto. A la antigua, colocarle el nuevo atuendo es toda una ceremonia; un grupo de hombres sube hasta el altar de la capilla para sacarla de su urna de cristal y ponerla en el suelo. Entonces, todos los varones tienen que abandonar el templo y una comisión religiosa, compuesta únicamente por mujeres, se encarga de desvestirla y calzarle su nuevo atuendo.

Debajo de las vestiduras se ve el cuerpo hecho del mítico tronco del cerezo, cuenta Danitza Quintanilla Rodríguez, activista y líder de la peregrinación de la misión permanente “Somos católicos de acción”. Después de cambiarla, las puertas de la capilla se abren de nuevo y la gente llega en romería para tocar a Nati, como la llaman cariñosamente, y lavarle la cara con algodones que se guardan con devoción. Luego, es devuelta a su altar y, para su aniversario, se le da la vuelta a la urna. Así, la Virgen deja a sus espaldas la capilla y mira de frente el templo mayor del Santuario. Esta parte suele estar cerrada el resto del año, pues apenas hay habitantes en el pueblo. Sin embargo, el 7 y 8 de septiembre llegan a Chirca hasta 2.000 devotos de la Mamita, asegura Óscar Miguel Durán, hijo de uno de los pioneros. Entonces las casas, que suelen estar vacías y cerradas con candado gran parte del año,  tienen hasta la última cama ocupada por algún huésped.

El resto del año sólo hay misa el segundo sábado de cada mes, dice el párroco de Chulumani, Máximo Bastrán. Pero si alguien visita el pueblo cualquier día y quiere conocer el templo, sólo debe buscar a Carlos Durán, el custodio de las llaves, en la casa que queda en la esquina izquierda de la plaza, al frente de la iglesia. Dentro de la capilla, el Señor de las Caídas y San Juan Bautista flanquean la antigua imagen mariana. A un lado del altar, hay una réplica de menor tamaño: es la Virgen peregrina (de mayor tamaño que la de Julio) que dio la vuelta a los Yungas en 1999, cuando se cumplieron los 50 años de la primera peregrinación a Chirca. Fue donada como agradecimiento por un caminante que se salvó de un accidente, y recorrió cada punto de los Yungas.

Incluso, fue en bote hasta Puerto Rico, según reflejan las fotografías que hay bajo la capilla, en un repositorio dedicado a la Patrona.

El Museo Sacro

Además de las imágenes que rememoran el año de la peregrinación por Yungas, y la caminata que hicieron más de 150 creyentes desde La Paz en septiembre de aquel año, el museo guarda los trajes de la imagen santa (que actualmente se han sacado de la sala porque había ratones), sus piezas de bisutería y libros religiosos con siglos de antigüedad. Pero, tal vez, lo más llamativo del lugar sea lo que queda del tronco, que está guardado en una caja de cristal desde 1993. Si no se lo hubiera custodiado, hoy estaría más menguado todavía porque los creyentes tenían la costumbre de arrancarle un pedazo, como Óscar Durán, que al explicarlo tira de una cadena cuyo extremo se esconde bajo la camisa para mostrar dos colgantes: un trocito de madera y la imagen en miniatura de Nati.

Su hijo Miguel afirma que “todos en el pueblo son católicos”. Recuerda que un domingo, 20 años atrás, llegó a Chirca un grupo de evangelistas y armaron en la plaza del pueblo una mesa informativa. Los chirqueños los echaron “prácticamente a patadas”. Y, “si hay alguien con otro culto religioso, no se sabe”.

Julio Cordero Claros, hijo del fotógrafo paceño, le hizo una promesa a la Mamita y quiso reparar el antiguo cuarto de velas, pero al ser el templo Patrimonio Cultural de La Paz, no pudo hacerlo. Así que decidió levantar una capilla. La cruz del tejado se la encargó a un artesano ateo, al que el negocio le iba mal.

Éste decidió donar el crucifijo y probó a pedirle a la Virgen que le echara una mano con las ventas. Le fue tan bien que el artesano se hizo creyente. La falta de oportunidades económicas ha ido despoblando Chirca. Aún resisten algunos, como Narciso Zambrana, conocido como el embajador de Coroico, por ser de este pueblo de Nor Yungas. Existen apenas dos hoteles y no hay restaurante alguno. Sin embargo, hay un proyecto para la construcción de una casa cural, un salón parroquial y un albergue, trabajado por la Fundación Interactiva de Integración, para acoger tanto a los feligreses como a seminaristas, además de servir a la comunidad como lugar de charlas, conferencias, que, opinan en el pueblo, contribuiría a relanzar la economía local. Sólo falta la financiación.

El próximo sábado, el pasto verde de la plaza de Chirca estará repleto de gente. Luego, volverá la tranquilidad, que puede convertirse en su mejor oferta vacacional para los que buscan paz y en una forma de supervivencia para sus habitantes.

Datos necesarios

Transporte

Desde el exsurtidor de Villa Fátima se toma cualquier bus que vaya a Chulumani, Irupana o La Asunta, pero sólo entran hasta Chirca las flotas del Sindicato de Transportes Natividad Chirca (73003089). Son 116 km de viaje (unas 3-4 horas).

Alojamiento

Hay dos hoteles: La estrella del paraíso (77272265) y el Asturies.

Romería 2012

La noche del 4 de septiembre partirá la caminata que llegará el 7 al santuario. Para los interesados en participar, mayor información en el telf. 2413205 (parroquia Cristo Rey) o en el correo peregrinacionchirca@ gmail.com.

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