Escape

Chuquiago de otro mundo

Historia, arquitectura, folklore, naturaleza y tecnología en un día completo de recorrido por la ciudad de La Paz.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 09 de noviembre de 2015

Colomba se queda un buen rato observando el fantástico panorama de cráteres y sistemas de columnas arcillosas que dan la apariencia de encontrarse en una superficie extraterrestre. Ella, proveniente de Santiago de Chile, buscó días antes en la red internet los lugares más interesantes de Bolivia y lo que le llamó la atención fue el Valle de la Luna, sitio que forma parte de un circuito turístico a través de un Chuquiago de otro mundo.

La empresa estatal Boliviana de Turismo (Boltur) inauguró —el 20 de octubre, en conmemoración por la fundación de Nuestra Señora de La Paz— un paquete turístico que tiene el objetivo de dar a conocer, a los visitantes nacionales y extranjeros, las obras arquitectónicas del casco viejo, el tradicional barrio donde se venden trajes de bailes folklóricos, la llamada Calle de las Brujas, la historia de la urbe a través del museo y templo de San Francisco, un sobrevuelo desde el teleférico y la observación de 360 grados de la metrópoli desde el mirador Killi Killi.

Aunque el día haya empezado nublado, no es preludio del recorrido, ya que la ciudad tiene la virtud de cambiar de clima durante todo el día, lo que también es parte de su atracción. De esa manera, con una leve llovizna, se inicia el denominado City Tour por la Ciudad Maravilla. “Esta plaza lleva el nombre de nuestro protomártir Pedro Domingo Murillo”.

Giovanni Villanueva comienza así la visita turística en el centro político de Bolivia. Para la gente que camina por ahí, casi todos los días pasan desapercibidos detalles que muestran pasajes de la historia, como las revoluciones ocurridas en 1809, 1811, 1814, 1862, 1865, 1871, 1898, 1946, 1952 y 2002. Es también el lugar donde fueron ajusticiados los protomártires del 16 de  julio, y donde murieron los expresidentes Manuel Isidoro Belzu, Agustín Morales y Gualberto Villarroel, entre otros, lo que dio lugar a varias historias, cuentos y narraciones que son descritos por los guías de turno.

Asimismo, en el casco viejo es ineludible mencionar la Catedral Metropolitana, de estilo neoclásico, con elementos barrocos y una imponente fachada, inaugurada en 1932 y que, además, resguarda los restos del Mariscal Andrés de Santa Cruz, protector de la Confederación Perú-Boliviana.

Sean nacionales o extranjeros, los turistas se acercan a la puerta del Palacio de Gobierno para sacarse fotos con soldados del regimiento Colorados de Bolivia, quienes resguardan la infraestructura construida en 1845, inspirada en residencias del Renacimiento romano, con una combinación de los estilos dórico, jónico y corintio. A su derecha se encuentra el Palacio Legislativo, edificado a finales del siglo XIX en terrenos que habían pertenecido a la capilla de Nuestra Señora de Loreto.

En la segunda parada del tour, en la calle Los Andes, ubicada en la zona 14 de Septiembre, grupos de estudiantes aguardan en las puertas de las tiendas, donde están alquilando disfraces para representar danzas folklóricas. Algunos se ponen sombreros de caporal o de chacarera, o montera de tinku. Durante casi todo el año, los bordadores se dedican a alquilar o vender disfraces para las fiestas del Gran Poder, la Entrada Universitaria, para las fiestas patronales y, principalmente, para los festivales en las unidades educativas.

De lo folklórico se pasa a lo misterioso, a la llamada Calle de las Brujas, un área conformada por el cruce de las vías Linares, Jiménez, Sagárnaga, Illampu y Santa Cruz. Los comercios exponen figuras pétreas tiwanakotas, platos y candelabros de barro, plantas medicinales, amuletos para la suerte y todo lo necesario para armar una mesa en honor de la Pachamama. Dentro de una de estas tiendas, Gregoria Acarapi ofrece toda clase de sahumerios, velas, perfumes, amuletos, imágenes de santos y sustancias que —asegura— ayudan a conseguir la felicidad.

Al ser un barrio turístico, al caminar por las calles adoquinadas y esotéricas, existen también ofertas de textiles, platería, cuadros y artesanías, como en la galería El Pueblito, que alberga —en una casona antigua— arte, música y gastronomía.

Esta experiencia mística se completa con la visita al Centro Cultural Museo de San Francisco, a través de un paseo por el viejo convento franciscano, la cripta donde se encuentran los restos de los protomártires paceños y la basílica hecha de piedra, elementos que ayudan a entender los primeros años de la hoyada paceña.

El itinerario señala el encuentro con la tecnología, estar unos minutos encima de la urbe y tener una vista panorámica y aérea de Sopocachi y la zona Sur, mediante las líneas Amarilla y Verde del teleférico. La sensación es de estar en una especie de submarino aéreo desde donde se observa el movimiento constante de una sociedad heterogénea, pujante y hospitalaria.

En ese momento, las nubes ya se han disipado, por lo que el sol se muestra oportuno para una caminata por el Valle de la Luna. Al cruzar la entrada principal, Colomba contempla el paisaje extraterrestre de cráteres, zanjas y un sistema de columnas de arcilla. Ella comenta que su intención es comparar el Valle de la Luna de La Paz con el que existe en San Pedro de Atacama en el vecino Chile.

La jornada está a punto de concluir, el sol se apresta a esconderse por el oeste, hacia la ciudad de El Alto, mientras que detrás del Illimani comienza a aparecer la luna. El atardecer es ideal para ir hacia el mirador Killi Killi, en la zona Villa Pabón, desde donde se aprecia el paisaje de luces similar a una constelación galáctica. Así como Colomba, uno se queda mirando el panorama de una ciudad que muestra una variedad de atractivos que forman parte de un Chuquiago de otro mundo.

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