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Cine - Thriller en pleno Carnaval

El juego de la silla

El juego de la silla

La Razón / cinemascine

00:00 / 16 de diciembre de 2012

En 2009, El ascensor, película dirigida por Tomás Bascopé y producida por Jorge Sierra, dio una de las grandes y más gratas sorpresas para el cine nacional de los últimos años. Este largometraje se inscribe por méritos propios entre lo más destacable de la filmografía boliviana del siglo XXI.

Hace un par de semanas se estrenó en salas comerciales de las principales ciudades del país El juego de la silla, la ópera prima de Sierra, quien ahora asume el rol de director.

Ésta es una historia que, como el propio director sostiene en declaraciones a la prensa, es “multigenérica”. Sin embargo, la línea que rige toda la estructura de la película es cercana a lo que se conoce como un thriller psicológico, en el que el espectador es llevado de una manera inteligente por el desarrollo de la obra a través de diferentes sensaciones. En consecuencia, la película es una propuesta interesante desde esta concepción.

Lo que en El juego de la silla se nos va a narrar es la pequeña aventura de un grupo de amigas que salen de la ciudad para acompañar a Adriana, quien ha sufrido una ruptura con su novio o, al menos, una distancia carnavalera. El detonador de la historia es el Carnaval cruceño que está a punto de comenzar. Una vez en la casa de campo, lo que vaya a suceder es un misterio: el guion va sumando componentes que son fichas de un gran puzzle, aunque también se puede decir que muchas piezas no encajan del todo bien.

Como propuesta inicial de una nueva carrera, vemos en la película de Sierra ciertos desaciertos formales en la cuestión técnica: el poco cuidado en la imagen, la falta de un trabajo en la posproducción de color, la banda sonora (casi en su totalidad). Y, sin embargo, El juego de la silla deja para la posteridad buenas actuaciones, entre las que se destaca sobre todo la de Gisely Hernández, solvente en su interpretación, profesional en su trabajo. Una de las últimas películas bolivianas de 2012, un año en verdad flojo para la producción nacional.

Manuel María Caballero

‘El juego de la silla’ se exhibe en el Multicine

Películas en pocas palabras

Lumpen Proletariat (guion de cine)

A Máximo Pacheco Balanza lo conocemos por haber ganado el Premio Nacional de Novela en 2010. Nacido en Sucre, este escritor tiene en su carrera una pieza que nos hace reflexionar sobre la publicación de ciertas obras que, si bien no tienen un mercado amplio, son instrumentos de aprendizaje y aproximación a otros lenguajes. Lumpen Proletariat es el ganador del Segundo Concurso Nacional de Guiones Cinematográficos que se llevó a cabo en 1986. Publicado en 1988, este pequeño libro es una llamada de atención para reflexionar sobre lo que se está haciendo y las formas que el cine en Bolivia tiene para crear subproductos necesarios. Para quien quiera seguir la pista a guiones bolivianos publicados, las recomendaciones están en Chuquiago (1977) de Óscar Soria y en Cuestión de fe (1995) de Marcos Loayza. Para aprender los lenguajes del cine hay que leerlos y es urgente empezar a leer el cine desde los guiones. La publicación de éstos constituye un gran aporte a la cultura cinematográfica en el país. Claudio Sánchez

La ventana indiscreta (cine clásico) 

James Stewart encarna a un fotógrafo que, después de haber sufrido un accidente, permanece encerrado en casa con la pierna enyesada. En el film de 1954 de Alfred Hitchcock, esta situación da la pauta de inicio para un complejo ensayo sobre la mirada. Desde la ventana de su departamento, Jeff espía a su vecino: en un momento dado, todo indica que un crimen se habría cometido en la casa de éste.  La trama de suspenso clásico es el MacGuffin o excusa argumental que emplea Hitchcock para hablar de la condición del observador, el poder de quien mira sin ser visto, del voyeur que espía y configura una compleja estructura de relaciones entre el deseo, la prohibición y el poder. Como homenaje al cine e irónica revisión de la obra propia, la película propone una serie de elementos que confirman que Hitchcock habla de una cosa para abordar otra: la relación entre el fotógrafo y su novia (Grace Kelly), o el accidente que sufre Jeff, un James Stewart extrañamente parecido al detective retirado de Vértigo (1958), obra maestra del director británico. Carolina Castillo

Paranoid Park (cine independiente)

Si hay algo que atraviesa la filmografía de Gus Van Sant es  el áspero acercamiento a personajes marginales. Ya en Elephant (2003), el director tira por la borda el melodrama y apuesta por contar sin poses la historia de dos adolescentes armados que, un día cualquiera en su escuela, matan a sangre fría a sus compañeros. Con el ruido del vuelo de skaters y skates, Gus Van Sant transita nuevamente la sensibilidad de la adolescencia en Paranoid Park (2007). Basada en la  novela homónima de Blake Nelson, el film cuenta la historia de Alex, un adolescente que una noche se ve implicado en la muerte de un guardia de seguridad en los rieles de un tren cerca de Paranoid Park en Portland, Oregon. La cinta nos conduce hacia los recovecos de la conciencia de este personaje: la narración, que finge imitar la estructura de un relato policial, se construye desde la escritura del mismo Alex, en la que se traduce no sólo el miedo y la culpa que se originan en el trágico suceso, sino   la particular manera en la que el mundo de Alex se vuelca sobre cada gesto de la imagen. Mary Carmen Molina Ergueta

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