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Cine

Beatriz junto al pueblo.

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 21 de octubre de 2012

La historia de amor suele estar por encima de cualquier otra. En este caso, el amor por un hombre y su obra se complementa con el compromiso con la causa del amor por el prójimo, desde una concepción marxista del asunto. Beatriz junto al pueblo (2011) está dirigida por Sergio Estrada y se convierte en un documento por demás importante en la cinematografía nacional, porque ésta es también una historia de amor al cine.

Beatriz Palacios (1952-2003), la compañera de Jorge Sanjinés, fue uno de los pilares fundamentales del Grupo Ukamau; su labor en la difusión del trabajo del cineasta permitió que toda una generación conociera esas grandes obras del cine boliviano.

Estrada empieza la película poniendo en evidencia que los testimonios son fieles a una realidad capturada de un modo particular. El director devela el artificio cinematográfico y propone al espectador una selección de personajes que de a poco le darán cuerpo a esa mujer imprescindible a la hora de entender los procesos del Cine Urgente y el Tercer Cine Latinoamericano.

Domitila Chungara y Filemón Escóbar recuerdan el compromiso con la lucha social y el rol de Palacios en la discusión de la realidad a partir de la proyección de las películas de Ukamau en los distritos mineros. El propio Jorge Sanjinés la necesita al citarla, la dimensiona desde lo afectivo y la reconoce en la lucha por lo colectivo como un miembro importante de la transformación social urgente. El documentalista Eduardo López es quien pinta a Palacios de un modo más humano: nos brinda un par de anécdotas, nos propone un viaje en la línea cronológica, trayendo a esta mujer desde los rincones más lindos a compartir una vez más la importancia del compromiso con los otros, con nosotros.

No es una película biográfica, no es un documental cualquiera. Beatriz junto al pueblo es un sentido homenaje testimonial al trabajo de una mujer que es pieza fundamental del cine boliviano. Historia de amor, ese también podría ser el subtítulo. La cinta es parte, como todas las de esta página, de la Muestra de Cine Latinoamericano que se presenta en la Cinemateca Boliviana. (Claudio Sánchez)

Películas en pocas palabras

Felipe Canasto (Paraguay, 2011)

¿Qué queda después de los monstruos, de la guerra? El deseo. Ésta parece ser la afirmación central del film de Darlo Cardona, Felipe Canasto. Ambientado en 1875, después de la guerra de la Triple Alianza, cuenta la historia de tres mujeres y un misterio que las une. Éste viene a ser aquel signo del mal que aísla a las mujeres en un pueblo que las ha señalado como impuras, ancianas y rameras. Un halo de terror rodea al lugar, donde ocurren misteriosas muertes y el demonio es centro de aquello de lo que no se puede hablar: la guerra, la muerte que trajo ésta, la soledad. Calibrando una arriesgada puesta en escena, lograda a través de un trabajo de ambientación que roza lo fantástico y onírico, la cámara se sitúa ante los personajes frontalmente: ellos nos hablan y miran, recorriendo un escenario donde explotan los colores y la naturaleza aparece como un campo de tensiones de luces y sombras que acosan a los personajes. Logrado film de época que nutre una cinematografía emergente y por demás interesante. (Mary Carmen Molina E.)

La ventana (Costa Rica, 2011)

Entre todas las películas programadas en esta Muestra de Cine Latinoamericano, una de las que sin duda llama más la atención es el cortometraje de Costa Rica. Basado en el cuento Ventana del boliviano René Bascopé Aspiazu, el corto de Marcelo Adrián Ramírez cuenta la historia de un regreso: un hombre vuelve al espacio y tiempo de su niñez, a un hecho en particular, un quiebre, como lo es el enfrentamiento a una primera imagen de amor. Sin embargo, este momento se articula de una manera perversa, ahí donde la pureza de la niñez desaparece y las imágenes ocultan y revelan. El detalle, más allá de la interpretación y apropiación de la historia, está en debatir los alcances de la adaptación, los retos de desplazar un texto de un lenguaje hacia otro. La concentración del relato de Bascopé no desaparece en el corto, pero sí se pierde aquello que caracteriza con más fuerza al cuento: la transfiguración de la mirada infantil, el fatal descubrimiento de la realidad de las ilusiones. Un gran cuento, un corto flojo. (Carolina Castillo F. )

La casa muda (Uruguay, 2010)

Una vieja casona en Godoy, pequeño poblado uruguayo, guarda un oscuro secreto. Laura y su padre Wilson llegan a la casa una noche, preparándose para comenzar una serie de arreglos al día siguiente, ya que la casa quiere ser vendida por su dueño, Néstor. De repente, ambos escuchan ruidos extraños en el segundo piso y Wilson decide investigar. Laura, sola y asustada, será víctima de una auténtica tortura. La propuesta del film es sencilla: lo que interesaba, parece, era experimentar, hacer una película como nunca nadie —o casi nadie— lo había hecho en Uruguay: hacer cine de género en Latinoamérica no es poco, comercial y estéticamente. Además, se trabaja bajo una premisa formal arriesgada: filmar en una sola toma, un plano secuencia que, durante 78 minutos, plantea miedo real en tiempo real. Aunque el terror se convierta en risa muy fácilmente en algunas secuencias, la propuesta en sí, en este caso, es la que cuenta. (C.C.F.)

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