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Cine

Zombies en La Habana.

Una escena de la cinta 'Juan de los muertos'.

Una escena de la cinta 'Juan de los muertos'.

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 28 de octubre de 2012

Zombies y humor es una combinación que durante los últimos años ha dado interesantes resultados. Los zombies, como concepto posmoderno del fin, plagan una serie de productos audiovisuales, de diversos géneros, audiencias y alcances comerciales y artísticos. Basta pensar en los zombies danzarines de Michael Jackson o en la excelente serie de televisión The Walking Dead, para comprender que los zombies son concepto de consumo masivo y que hablan siempre de otra cosa.

Es el caso de Juan de los muertos (2011), la comedia dirigida por Alejandro Brugués que sitúa un apocalipsis zombie en La Habana. El Malecón se llena de muertos vivientes, la televisión dice que se trata de un ataque de disidentes pagados por los Estados Unidos, Fidel brilla por su ausencia. En esta conmoción, un grupo de amigos monta un negocio. El servicio: eliminar a los contagiados y evitar la inoculación masiva. El lema: “Matamos a sus seres queridos”.

Incorrecta e hilarante, la película reivindica con sofisticación las bases de lo cómico: la articulación de al menos dos puntos de vista sobre algo, la convivencia y tensión de dos perspectivas. Ésta es la primera película independiente autorizada para su producción por el gobierno de Cuba, y éste no es un dato cualquiera. La crítica que hace Juan de los Muertos a la realidad social y política cubana es compleja y no puede, menos a través del humor, comprenderse como un punto de vista solitario y cerrado. La película se sitúa en Cuba y lo hace desde un conocimiento profundo de lo que esto implica: no es posible entender esta película como una crítica renegada, como tampoco es posible verla como una seguidilla de chistes sin fondo. El primer zombie en escena es un prisionero de Guantánamo que flota en el mar. Punto.

Indudablemente, Juan de los Muertos despliega un pleno conocimiento del género zombie. Una última provocación para volcarse a las salas es la línea inicial de Juan, el protagonista: “Soy un sobreviviente. Sobreviví al Mariel, sobreviví a Angola, sobreviví al Período Especial y a la cosa ésta que vino después. A mí nada más que tú me das un filo y yo me las arreglo”. (Carolina Castillo)

Películas en pocas palabras

Hotel Transylvania (en salas comerciales)

Mavis está a punto de cumplir los 118 años. Ella es una adolescente que quiere conocer el mundo, y es además la hija de uno de los personajes más representados a lo largo de la historia del cine, el inconfundible Drácula. GenndyTartakovsky dirige esta película luego de haber llevado con extraordinario éxito a la pantalla chica algunas de las más famosas series animadas de los últimos años: El laboratorio de Dexter o Las chicas superpoderosas. En este film de animación 3D asistimos a la reunión de clásicos personajes, como el Hombre Lobo, la momia o Frankestein; todos ellos, junto a otros arquetípicos monstruos, participan de la fiesta electro-pop de Mavis. Son los amigos de Drácula y sus conflictos personales son telón de fondo para el desarrollo de una historia de amor que encuentra a Mavis como protagonista, cuando por error un adolescente humano llega a este hotel tan “cinco estacas”, y empiezan juntos a descubrir nuevas sensaciones y emociones, contrariando sus propias identidades.  (Claudio Sánchez)

Casablanca (cine clásico)

Michael Curtiz, uno de los directores más prolíficos de la historia del cine, murió hace 50 años en Hollywood. Su trabajo está compuesto de 167 filmes. De origen húngaro, este hombre tan particular fue uno de los pocos sobrevivientes de la industria cinematográfica: él supo adaptarse a los avances de la tecnología, pasó del cine silente al sonoro y del blanco y negro al color, con un éxito relativo pero siempre firme en su compromiso con la realización cinematográfica. Entre otras tantas cosas, el mundo le debe a Michael Curtiz una de las piezas fundamentales del séptimo arte: Casablanca (1942), en la que Ingrid Bergman y Humphrey Bogart dan vida a los protagonistas. El famoso Café de Rick es uno de los escenarios más celebrados del cine, sus personajes y su ambiente han marcado un tiempo en el que humo de cigarrillos y un piano con la famosa melodía dan bienvenida y hacen despedidas siempre estruendosas, con melancolías implícitas. Curtiz es Casablanca y viceversa. (Claudio Sánchez)

El cuervo (en cartelera, salas comerciales)

Siguiendo un poco la lógica de la exitosa saga de Sherlock Holmes, El cuervo, de James McTeigue, muestra una curiosa y extraña faceta de Edgar Allan Poe.

El escritor no aparece como la figura oscura, introvertida y excesivamente intelectual que se prefigura en la precisión y misterio de sus cuentos y poemas.

McTeigue decide convertir a Poe en un personaje de acción, elección que no sólo colabora en una narración fluida, sino que también está acorde a las necesidades financieras que este tipo de películas requiere. Así, un cerebral Poe se convierte en uno de sus personajes, en un Lupin que no sólo demuestra una enorme capacidad de deducción, como en el caso del protagonistas de las novelas de Connan Doyle, sino que al igual que éste, su conversión a la pantalla grande pasa por una dosis de adrenalina. Estas transformaciones demuestran que las relaciones entre cine y literatura son infinitas.  (Sebastián Morales)

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