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Cine

Kaurismäki en el Festival Europeo

Una cinta del gran Kaurismäki.

Una cinta del gran Kaurismäki.

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 11 de noviembre de 2012

A ki Kaurismäki es el gran retratador de personajes marginales. Con un estilo lento y pausado, el cineasta finlandés es capaz de transmitir en una sola imagen todo el peso de lo que significa vivir en los límites de la sociedad. Su cámara minimalista parece ser la metáfora de sus personajes, despojados de su pasado, exiliados de sí mismos. Pero a la vez, los rostros de las personas que retrata, sus gestos, sus acciones y sobre todo sus tiempos de espera, logran plasmar desde la intuición (y por ende, con un mínimo de palabras) aspectos esenciales de su vida y de sus mundos.

Mientras que en otros directores la rigurosidad de la forma sirve para disfrazar la falta de ideas, en Kaurismäki este aspecto está al servicio de un profundo humanismo, de una necesidad de aprehender lo esencial de sus personajes, guardando siempre las distancias, sin caer en ningún tipo de paternalismo y menos puestas en escena que hagan patente la miseria. Los personajes son simplemente lo que son y la cámara está muy consciente de aquello.

Todo lo dicho se ve en su última película, Le Havre (2002). El cineasta decide emplazar su cámara en la pequeña ciudad francesa homónima. El film narra el encuentro de un viejo lustrabotas con un niño inmigrante ilegal. Los dos personajes ayudan al director a explorar los temas que le obsesionan desde El hombre sin pasado (2002): la soledad (expresada en el vaciamiento de la imagen que opera la cámara) pero también la solidaridad entre esos seres solitarios. El encuentro no sirve, sin embargo, para que los personajes se abran el uno al otro, sino que simplemente busca constatar la presencia de esas islas humanas, sin un menor punto de comparación, salvo la soledad casi ontológica de los personajes. Así como la cámara muestra la intimidad de los sujetos desde su distancia, los protagonistas expresan mutuamente su solidaridad desde lejos.  

Le Havre abre las posibilidades de un discurso sobre la inmigración despojado de sentimentalismo, lo que no quiere decir que Kaurismäki no sea capaz de transmitir toda la carga humana de este fenómeno.

Sebastián Morales Escoffier (El 13  Festival de Cine Europeo, que comienza el jueves a las 19.30 en la Cinemateca,  abrirá con este film).

Películas en pocas palabras

Almanya (Alemania, 2011)

La película de la cineasta germana Yasemin Samdereli (Dortmund, 1973) narra la historia de una familia de emigrantes turcos en Alemania. Sin lograr escaparse de cierto didactismo, Samdereli describe en el film las complejas relaciones interculturales que se originaron en Alemania Occidental desde los años 60 por la inmigración masiva de mano de obra y la forma en que estas relaciones se dan en la actualidad en el país que gobierna la canciller Angela Merkel. Así, en tono de comedia, Almanya nos relata desde la cotidianidad de la familia los choques culturales, los problemas que conlleva asumir una identidad diferente a la de los padres y, finalmente, la (demasiado) feliz amalgama entre los turcos y los alemanes. Los puentes entre las dos culturas  y la relación entre ambas se va tejiendo a partir del uso de flashbacks que delimitan  los dos espacios en donde se mueve la cámara de Samdereli: Turquía y Alemania. S.M.E. (Todas las  películas de esta página son parte del 13 Festival de Cine Europeo que se extenderá hasta el 29 de noviembre, en la Cinemateca y en la Cinemateca Sur).

El padre de mis hijos (Francia, 2009)

La muerte es tan sólo otro acontecimiento en la vida de una persona. La muerte, como ésta sea, no puede justificar las cosas que han ocurrido, menos salvarlas: la muerte   no redime. Éste es el telón de fondo de la película de Mía Hansen-Løve, que cuenta la historia de un productor de cine desde su más profunda cotidianidad: las subidas y bajadas de su trabajo, las deudas, las llamadas telefónicas, los paseos con la familia, la vida en una casa alejada del ritmo citadino de París. Un film de observación en el que lo que importa es la emotividad de un personaje solitario, con un teléfono en una mano y en la otra un cigarrillo, caminando por las calles, sentado en un escritorio de oficina. En lo que es un frágil devenir de las cosas, la soledad encuentra un momento de quiebre: el sacrificio aparece como la última opción en la vida de un personaje completamente entregado a lo que hace. Cinta ganadora del premio del jurado en la sección Un certain regard del Festival de Cannes 2009. (Mary Carmen Molina)

Malavoglia (Italia, 2010)

Basada en la novela homónima de Giovanni Verga, de 1881, el film de Pasquale Scimeca trata de una familia de pescadores en Sicilia desde la perspectiva de Antonio, el hijo que vive entre los beats de la escena electrónica en Milán y el inmenso paisaje del mar siciliano. Exquisita en su propuesta fotográfica, se inicia con la sobrecogedora imagen del nacimiento de un animal, signo de la fuerza de la naturaleza y una postura romántica ante ésta: la intemperie a la que estamos arrojados los hombres diminutos ante la inmensidad de las cosas del mundo. Un día, Antonio conoce a Alef, inmigrante tunecino que trabaja como pescador. La adaptación de la que es considerada la obra maestra del naturalismo italiano promete más de lo que en realidad otorga, pero es un interesante contrapunto a similar ejercicio sobre la misma novela dirigido por Luchino Visconti, La tierra tiembla (1948). La historia se sostiene regularmente y la fotografía es el logro más notable de la película. (Mary Carmen Molina)

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