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Cine

La vida de las cosas (y los humanos).

Parte de la exposición fotográfica que acompoaña el film 'Ciudadela'.

Parte de la exposición fotográfica que acompoaña al film 'Ciudadela'.

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 09 de diciembre de 2012

En la exposición fotográfica que acompañó la proyección del film Ciudadela, de Diego Mondaca, Juan Gabriel Estellano exploraba la cárcel como un lugar de indeterminación. En las imágenes presentadas, el fotógrafo describía la prisión como un espacio en donde los límites de la libertad y el cautiverio no son tan transparentes como podrían parecer en un principio.

Explorar lugares de indeterminación a partir de un profundo sentido de lo humano aparece de nuevo en el cortometraje documental La vida de las cosas, primera obra audiovisual de Estellano. La cinta se acerca al trabajo de una fundación francesa en la que inmigrantes se ganan algunos pesos reciclando y arreglando cosas que las personas botan a la basura, y luego las vende.

Es a partir de ese espacio —que en una primera instancia podría parecer tan institucional— que Estellano (al igual que en su obra fotográfica) explora el estatuto del exiliado desde su intimidad. En la puesta en escena aparece de nuevo ese sentimiento de indeterminación: las cosas amontonadas que invaden el espacio, sin ningún tipo de orden aparente, se convierten en la metáfora ideal para hablar de estos personajes que de alguna u otra forma comparten su destino con la materia prima de su trabajo.

La  indeterminación propuesta en el irónico título de la película permite hablar de lo humano en tiempos de globalización y de capitalismo, de las cosas y personas que migran y que sólo tienen un tiempo límite de utilidad, lo que obliga, en el mejor de los casos, a reciclarlas, llenando el mundo, como en el espacio fílmico que describe Estellano, de entidades “inútiles”. Si el director llega a conclusiones tan grandes y tan terribles, no es por su intención de elaborar grandes discursos, sino simplemente por un interés de conocer a esos personajes exiliados, dejando simplemente que la cámara sea testigo de un estado del mundo excesivamente particular. (Sebastián Morales Escoffier)

Las obras comentadas en esta página se verán el jueves y viernes en el Centro Cultural de España en La Paz, en la IV Muestra del Catálogo y Archivo de Cortometrajes Bolivia en Corto.

Películas en pocas palabras

El General, Diego Pino, 2012

Este corto ha sido el mejor embajador del cine boliviano en 2012: la vida de El General merece un capítulo aparte cuando pensamos en la producción boliviana de los últimos tiempos. El corto presenta una situación extrema, aquella que involucra a los niños en la aventura de armar un juego en el que la estrategia militar es la protagonista. Lo que comienza como una cosa de chicos, tan sólo entretenimiento, concluye inesperadamente y cierra de manera precisa una historia de alta calidad técnica y narrativa. El General participó en el Festival de Venecia, a través del certamen Your Film Festival del portal YouTube, y estuvo seleccionado entre los diez mejores trabajos. (Claudio Sánchez)

El último paso, Juan Pablo Richter, 2011

Cuando Juan Pablo Richter estrenó en 2009 ¿De qué color es el cielo?, descubrimos a un director que prometía mucho. Con El último paso, ganador del premio al mejor corto boliviano en el Festival Internacional de Cine Digital (Fenavid 2011) de Santa Cruz, encontramos a un director que ha trabajado incansablemente en desarrollar un signo propio. Protagonizada por Wara Cajías, Cristian Mercado y Antonio Peredo, la historia ahorra en diálogos y apuesta por construir tensión a partir de la música. La entrega total en un acto de amor se dibuja de un modo insospechado, y Richter de-sarrolla una trama concreta pero sembrada de ansiedades ante la decisión más importante en la vida de una pareja. (Claudio Sánchez)

Cuentos en la ciudad tablero, Laura López, 2012

Cortometraje ganador del XIII Festival de Cine y Video Estudiantil IKEYA 2012. Una animación trabajada con base en fotografías y dibujos que dan vida a una historia en la que La Paz, como espacio lúdico de confluencias, sube y baja por calles empedradas, suena a otro tiempo. La historia está llena de personajes entrañables y plenos de gestos: el corto despliega una narrativa en la que el azar es un cálculo y la ficción una serie infinita de posibilidades que ocurren más allá o más acá de lo que es. Éste es uno de los primeros trabajos de Laura López, joven realizadora de 18 años de edad que, a través de este corto, juega a contar una historia desde los recovecos de la memoria especial de la ciudad. (Mary Carmen Molina E.)

Keyla y Keisy: La vaca, Cecilia Delgado, 2012

Es posible crear un mundo psicodélico a partir de un pedazo de carne. Mejor: varios pedazos de carne, que se mueven, bailan al ritmo de un chachachá y están vivos. En este mundo caben perfectamente una enamorada de los placeres de la carne roja y su compañera, que es exactamente lo contrario.

Además, una cabeza de vaca parlante que deviene caníbal. Éste es el mundo del corto de Cece Delgado, ganador del premio a mejor producción en este formato en el Fenavid 2012 de Santa Cruz. En esta producción, lo que importa es experimentar en el absurdo y las posibilidades que éste otorga con las herramientas audiovisuales, apostando por la creación de una atmósfera cercana a lo onírico, en la que lo lúdico es el motor narrativo central. (Mary Carmén Molina. E.)

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