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Cine

Rutas claras, ambiciones cortas

Una escena de la cinta 'Las bellas durmientes' de Marcos Loayza.

Una escena de la cinta 'Las bellas durmientes' de Marcos Loayza.

La Razón

00:00 / 06 de enero de 2013

El cabo Quijpe no sabe por qué la gente les dice pacos a los pacos. Él, un paco, vive en Santa Cruz pero es un colla: trata de resolver los casos de modelos asesinadas pero no sabe muy bien para qué o por qué hace lo que hace. La belleza del protagonista de Las bellas durmientes de Marcos Loayza radica justamente ahí: anda sin saber para dónde va, encuentra pistas donde parece que no las hay, camina tranquilo cargando una bolsa de pollos, pensando, quizás, en qué sentido tiene todo lo que sabe y, por supuesto, lo que no.

Quijpe no pertenece a ningún lugar. Por eso puede ver el mundo de forma diferente. Éste es el guiño al género policial más logrado en la película de Loayza: aquel que ve las cosas que no se ven; el detective está, de una u otra manera, fuera del mundo. Partir del policial es la premisa del film: del género al humor y de este humor hacia el estilo del cineasta, la ruta que dibuja la película está clara y el resultado es, bien y mal, lo que debía ser.

Loayza elige voltear la mirada hacia Santa Cruz, señalando uno de los ejes de poder de esta ciudad: la belleza. La historia funciona: no hay cabos sueltos en el guión, las conversaciones no son meros diálogos y los personajes son sólidos. Sin embargo, la forma en la que la cámara mira resulta extraña: Santa Cruz aparece vista desde arriba, en una serie de tomas aéreas que marcan los quiebres narrativos del relato y, a la vez, una distancia entre lo que ocurre y el lugar desde donde se mira. Esta distancia es la que define el peso en la historia de la idea de belleza: que ésta es una compleja red de sentidos en la que se articulan poder, negocios e identidades sociales lo sabemos todos. Pero, ¿qué más dice sobre esto la película?, ¿dice realmente algo sobre la burocracia del poder?

Poco. En el cine de Loayza lo que cuentan son las historias y ésta es válida, pero algo en ella no crece, no cautiva. Las ambiciones son claras, pero finalmente terminan siendo chicas. El resultado es bueno pero insípido. Éste es el mejor largometraje boliviano de 2012, pero está lejos del mejor cine de Loayza. (Mary Carmen Molina Ergueta)

Películas en pocas palabras

El hombre equivocado (cine clásico)

El hombre equivocado (1956) de Alfred Hitchcock es una de las joyas del gran maestro del suspense. El film se adentra a uno de los temas favoritos del cineasta inglés: un hombre de una moral intachable es acusado por equivocación de una serie de crímenes. En el film, como en las grandes obras de Hitchcock, lo importante reside en la construcción de una atmósfera particular, que obliga al espectador a descender hacia lo más bajo junto al infortunado personaje de la película. Sólo a partir de la atmósfera es que salen los temas más importantes de la filmografía de este director. Así pues, los conflictos morales no se encuentran en el intrincado caso que se va complicando cada vez más, sino en la utilización de los planos.

A partir de encuadres muy cerrados, se comprende la situación del protagonista en cuestión. Es un hombre encerrado en una maquinaria que no entiende, un simple espectador de su destino. En una situación tal, el protagonista sólo puede cobijarse en su fe. (Sebastián Morales Escoffier)

El paso suspendido... (cine europeo)

Con su característico estilo, Theo Angelopolus presenta en El paso suspendido de la cigüeña, película de 1991, la historia de un periodista que viaja a la frontera entre Grecia y Albania. A partir de la mirada del protagonista, nos adentramos a una de las más bellas y trágicas descripciones de la inmigración que el cine ha podido dar en toda su historia. La película se aleja de cualquier discurso oficial sobre el tema, lejos de la cansina repetición de motivos que hacen de la inmigración un tema excesivamente trillado y banal. En cambio, el film simplemente se dedica, con la paciente mirada de la cámara de Angelopolus, a mostrarnos algunos episodios de migrantes desde una perspectiva que simplemente busca mostrarnos el lado humano de la tragedia. Los personajes en Angelopolus dejan de ser casos o simplemente cifras, para convertirse en identidades de una profunda humanidad. (S.M.E. )

La zona (cine latinoamericano)

En su primer largometraje, el mexicano Rodrigo Plá cuenta la historia de los vecinos de un neoghetto mexicano cercado por muros y cámaras de vigilancia, que emprenden la cacería de un ladrón de 16 años, encerrado en la Zona desde la noche en que asalta, junto a dos jóvenes más, una casa de este barrio residencial. Al interior del gueto, donde todo se ve porque todo se filma, los de la Zona han matado a dos asaltantes, han ocultado sus cuerpos, impiden la intervención de la Policía y patrullan sus propias calles en busca del tercer ladrón. “No es nada personal”, dicen los vecinos armados. El film, a pesar de ciertas concesiones en la caricaturización de los personajes, hace gala de una cinematografía impecable, en la que la fotografía descubre lo siniestro de un espacio blanco e impoluto, y la música y el sonido construyen la atmósfera de paranoia en la que los personajes se mueven. Y aunque ambicione descubrir la certeza de un futuro cercano en las sociedades urbanas, la película nos deja una pregunta: ¿Es posible verlo todo en la imagen? (M.C.M.E.)

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