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Cine

Busquen al justiciero

Una escena de la cinta.

Una escena de la cinta.

La Razón

00:00 / 13 de enero de 2013

Más sabe el diablo por viejo que por diablo”. No hay frase más cabal que ésta cuando toca hablar de Jack Reacher, la nueva franquicia protagonizada por Tom Cruise. Que Reacher sea una nueva versión de Ethan Hunt de Misión: Imposible, es innegable: la acrobacia y la sabia maña de un veterano fugitivo son, en este caso, parte de una misma identidad y, sobre todo, de una misma marca.

Pero, ver esta película como un desvío de la franquicia anterior no sería completamente justo. Las apariencias pueden engañar, al menos parcialmente: si bien los adelantos prometían acción al mejor estilo Tom Cruise —es decir, la apuesta por lo old school, salida anticuada del marketing— la película realiza sabiamente otro tipo de maniobras. La primera: hacer un thriller policial clásico, en la que la intriga se construye junto con la curiosidad del espectador. La segunda: Tom Cruise, sí;  pero, digamos, visto de costado, saludablemente minimizado.

En el film de Christopher McQuarrie (guionista de Operación Valquiria, también con Cruise; y El turista), Reacher es un militar retirado que comienza a investigar el caso de un tiroteo en el que mueren cinco personas inocentes. En el interrogatorio, en vez de confesar, el principal sospechoso escribe en un papel: “Busquen a Jack Reacher”. No es un policía y su historial está completamente limpio: es prácticamente un desaparecido que entra en escena sólo cuando quiere ser encontrado. Éste es el caso.

Reacher es un justiciero: enderezador de entuertos que no trabaja para nadie sino para todos. Esta marca cursi de Hollywood no impide que la trama de la película sea buena: el entretenimiento está garantizado, pero también lo está una fuerte dosis de intriga y giros narrativos inteligentes en los que las escenas de acción no son gratuitas e incluso cabe la simpatía de un personaje que se las sabe todas. Tom Cruise puede ser insoportable, pero podemos pasar por alto este hecho para que nos cuenten bien una historia. Si aún no estamos convencidos, Werner Herzog en el papel de jefe de mafia, vale la entrada al cine. (Mary Carmen Molina Ergueta)

* En cartelera en salas nacionales

Películas en pocas palabras

Ralph el demoledor (en cartelera)

La promoción de la película y sus esfuerzos publicitarios, acompañados de traillers que invitaban a ver un film de homenajes a la cultura pop de los años 80, hicieron que Ralph el demoledor fuera una de las cintas más esperadas del pasado fin de año. Disney proponía mostrar la vida de un personaje de videojuegos que se cansa de su papel de malo y decide cambiar los roles, aunque para esto tenga que enfrentar una gran aventura que lo llevará a otros mundos, aquellos universos de diferentes consolas electrónicas. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos que la película hace para sostener el guión, la historia construye muchas líneas argumentales que no siempre son bien resueltas. Así, este producto que pudo haber sido un eslabón entre generaciones, donde los niños de hoy podrían compartir con los mismos niños de hace 30 años, se convierte nada más que en un nuevo título de la historia de películas animadas en 3D. (Claudio Sánchez)

La máquina que hace estrellas (estreno)

La animación latinoamericana da buenas señales con este film de Esteban Echeverría. La aventura la protagoniza Pilo Molinet, un niño que, al mejor estilo Principito, vive en un asteroide alrededor de un planeta azulado: Ankj. La leyenda dice que hay una máquina que hace estrellas y que cuando esta máquina deje de funcionar, Pilo deberá repararla con su abuelo. El momento esperado por el niño llega, pero las cosas no son como se imaginaba: él tiene que reparar la máquina solo y esta tarea estará llena de desafíos. La producción del film argentino es destacable desde varios aspectos: pensar en la realización de cine 3D en Latinoamérica es una tarea difícil que esta película logra llevar a cabo a través de una estética de pulcra factura y consistencia creativa. La historia, que no aburre la mayor parte del tiempo y que está dirigida a todo público, apuesta por una estructura narrativa clásica y un héroe tierno que recuerda a los mejores. (Carolina Castillo)

Tarde de perros (cine clásico)

¿Hasta qué punto las cosas pueden salir mal? No hay respuesta posible después de esta magistral cinta de 1975, dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por Al Pacino y John Cazale. El calor es infernal en Brooklyn, la camisa de Sonny Wortzik está empapada de sudor y el banco que quiere asaltar acaba de vaciar sus arcas. La misión (léase, la amorosa intención de Sonny de pagarle una operación de cambio de sexo a su pareja) no será abortada. Desde que el inexperimentado asaltante entra al banco, el mundo deviene en escenario de fracasos: nada más tierno y cruel que el movimiento atropellado con el que Sonny saca un enorme rifle de una caja de regalo. No hay nada que robar: todo lo que sigue a la gran entrada, es decir, todo el plan frustrado, bordea lo inmensamente ridículo, lo terriblemente tierno. La caída es cruel, indudablemente, pero lo es más cuando se convierte en un escándalo mediático. No hay dólares pero hay cámaras, no hay robo pero sí noticia. (M.C.M.E.)

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