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Cine

Django, de Quentin Tarantino.

Una escena de acción en la cinta Django, de Quentin Tarantino.

Una escena de acción en la cinta Django, de Quentin Tarantino.

La Razón

03:03 / 24 de febrero de 2013

Un poco para colaborar desde el punto de vista estadístico, podemos decir de inicio que Django desencadenado fue la película que más tiempo de rodaje ha demandado a su director Quentin Tarantino. Fueron exactamente 130 días los que se dedicaron al registro de las imágenes de un homenaje al séptimo arte, en uno de sus géneros más famosos y exitosos, el western.

La película está dividida en dos partes, aunque no son historias diferentes la una de la otra y ubican así en un tiempo concreto que son los años previos a la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Es por esto que la alianza entre el cazarrecompensas doctor King Shultz (Christopher Waltz) y el antiguo esclavo negro Django (Jamie Foxx) permite el acercamiento a un drama social que puede ser una de las orillas en la cual es posible detenerse, o no, para hacer una lectura sobre el film de Tarantino.

No es la primera vez que el director busca en la historia recientemente pasada un escenario para desarrollar sus líneas argumentales. El más claro ejemplo se encuentra en Bastardos sin gloria (2009). Pero así como lo hiciera en aquella cinta, parece que busca nada más el contexto para narrar las ficciones que va creando en sincronía con las pulsaciones de amor que siente por el cine, en tanto llena de referencias cada plano y secuencia que filma, ya sea con la intención de hacer honores a los clásicos o sólo como gestos de nostalgia a tiempos que marcaron su carrera.

De este modo se encuentra en Django una película que cruza los hilos de la historia norteamericana, la historia cinematográfica y además los propios códigos creados por el director.

Para completar un reparto excepcional que no defrauda en interpretaciones, Leonardo Di Caprio da vida a uno de los más detestables personajes de Django: Calvin Candie es un esclavista que se presenta como un ser temible y el villano que merece ser apuntado entre los más destacados del último tiempo. Una buena película, con sello de garantía. Claudio Sánchez

Películas en pocas palabras

Django (Western, 1966)

No es difícil darse cuenta de por qué Quentin Tarantino escogió para su última película hacer un remake del film de Sergio Corbucci de 1966, Django. Desde el principio de la película del 66 comprendemos que estamos frente a una propuesta sumamente diferente: un solitario hombre caminando por un desierto cargando encima un ataúd. A partir de este inédito leitmotiv, Corbucci despliega todas las virtudes que hicieron del spaghetti western tan popular y tan importante en la historia del cine: el particular uso de los planos, los ritmos lentos pero que llevan al extremo de la tensión y la excepcional forma de llevar a la pantalla la violencia. Son todos estos elementos los que han hecho del western uno de los géneros más puros del cine y Tarantino ha aprendido muy bien sus lecciones. El director estadounidense no sólo ha homenajeado ya varias veces al spaghetti western¸ sino que ha hallado en el film del italiano un sinfín de motivos que ha explotado. Sebastián Morales Escoffier

El arca rusa (Cine clásico)

El arca rusa, de Alexander Sokurov, es probablemente una de las películas más complejas de la historia del cine. Filmada, al igual que memorables cintas como La soga  (Hitchock, 1948) en un solo plano secuencia (es decir, sin ningún tipo de cortes), hace una revisión de la historia de la Rusia zarista. La cámara se adentra en un enorme palacio para dar cuenta de ciertos momentos históricos que la locación escogida habría presenciado. La continuidad temporal característica de  los planos secuencia se ve fragmentada a partir de los cambios de época que opera la cámara, a medida que se va moviendo dentro del palacio zarista. Con este complejísimo procedimiento, Sokurov explora todas las potencialidades del cine, en lo que se refiere a la utilización del espacio y del tiempo, demostrando que la forma cinematográfica ofrece una infinita cantidad de variaciones y, a partir de aquello, infinidad de discursos. S.M.E.

Paperman (Cortometraje)

El corto dirigido por John Kars y nominado a los Oscar 2013 narra la búsqueda de un burócrata cansado de su trabajo. Él ha visto a una mujer de forma esporádica en una estación del metro y desea reencontrarla. A partir de una premisa tan sencilla, el corto de Disney presenta una oda a la vida, en la que los papeles de la burocracia más fría pueden convertirse, con un poco de imaginación y alguna que otra chance del destino, en aviones que transportan sueños, ilusiones y, por supuesto, promesas de amor. Filmada en blanco y negro, Paperman es además una película no hablada. Realizada en el seno mismo de la industria cinematográfica, Hollywoodense, por una de las majors que sigue todavía viva, el cortometraje se anima a asumir algunos riesgos que sin duda Disney no tomaría al realizar sus largometrajes. Es en los formatos pequeños donde todavía es posible encontrar un espacio para la experimentación. S.M.E.

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