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Cine

‘The Master’, la ira. La película, como toda la obra de Anderson, se construye a partir de un personaje demasiado halado de ira, que atraviesa una serie de momentos que parecen evolucionar hacia una explosión final, que no se da.

Una escena de The Master, la gigantesca obra de Paul Thomas Anderson.

Una escena de The Master, la gigantesca obra de Paul Thomas Anderson.

La Razón

04:32 / 03 de marzo de 2013

De qué color son mis ojos?” La respuesta más intensa que jamás haya dado nadie en la historia del cine está en una escena de The Master, la gigantesca obra de Paul Thomas Anderson. Los ojos verdes, azules, cafés de una mujer que pregunta y mira a un hombre constituyen una de las imágenes más estremecedoras de una historia protagonizada por los furiosos gestos de una vida entregada al éxtasis. Es la historia de Freddie Quell, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, traumatizado y alcohólico, que se encuentra con Lancaster Dood, el carismático líder de La Causa, credo o secta que alude directamente a la hoy popular, e incluso trendy, cienciología.

La película, como toda la obra de Anderson, se construye a partir de un personaje demasiado halado de ira, que atraviesa una serie de momentos que parecen evolucionar hacia una explosión final, que no se da. Desde la primera secuencia, hay algo en la atmósfera que late sin interrupción: la magistral banda sonora compuesta por Johnny Greenwood —sí, el músico de Radiohead— y la fotografía, de apabullantes planos abiertos y travellings, configuran un personaje profundamente quebrado. Encorvado, flaco, demacrado, loco.

La mejor actuación en la carrera de Joaquin Phoenix se complementa con la de Philip Seymour Hoffman, Lancaster Dood, autor intelectual de la secta que, en determinado momento, termina “salvando” a Freddie. Es posible abordar el carácter de este personaje bajo la sombra del estereotipo del veterano de guerra inadaptado, pero sería desleal con la historia. Freddie Quell vive al borde de todo lo imaginable no por los traumas que la guerra haya dejado en él: el quiebre que este personaje encarna y opone al mundo no es psicologizable, porque la intensidad de este enfrentamiento no puede ser reducida ni a la metonimia social de la herida de una bandera ni a la fórmula causa-efecto de la violencia.

Quell es la violencia, no sufre por su títere. Su euforia no es consecuencia. La ira que lo recorre no se interrumpe nunca.

La mejor película de 2012. Imprescindible. Mary Carmen Molina

Películas en pocas palabras

Música, directores y compositores

A diferencia de Homero Manzi, el gran compositor de tangos a quien la humanidad le debe, entre otros clásicos, la pieza del repertorio universal Sur, hay un par de directores de cine que se acercan a la música, y no viceversa, como lo hizo este poeta que escribió en Boedo y sobre Boedo: “Pompeya y al llegar al terraplén / tus veinte años temblando de cariño”. Ahí están Woody Allen y Emir Kusturica, ambos con carreras musicales tan destacadas como sus propias filmografías.

Manzi llegó al cine como guionista y luego como director: su obra más reconocida es Pobre mi madre querida (1948). Allen es un afamado clarinetista que hace homenajes constantes al jazz más puro y más clásico; y Kusturica es un vanguardista que combina sonidos para crear una música que identifica a cada una de las películas que hace, pero además lo identifica en cada melodía que escuchamos de él; en ello, el serbio es un hombre de firma que nos asegura que el cine también se escucha. Manuel María Caballero 

Los miserables (en cartelera)

Los miserables, versión 2012, tiene un reparto extraordinario en el que figuran Hugh Jackman, Rusell Crowe, Anne Hathaway (Oscar en la categoría Actriz secundaria) y Amanda Seyfried. Basada en el clásico de la literatura francesa, la película dirigida por Tom Hooper propone un retorno al modo clásico de filmar un musical: es una añoranza por el Hollywood clásico, en el que no era necesario el doblaje ni la maquinación artificial de voces y música para alcanzar grandes resultados; la propia voz de los intérpretes alcanzaba el objetivo final que era transmitir una emoción. Ya lo hizo hace algunos años Tim Burton en Sweeney Todd (2007), film en el que Johnny Depp cantaba junto a Helena Bonham Carter.

Esta nueva cinta que pone movimiento y música a la obra de Victor Hugo tiene detrás al ganador del Premio Oscar por la aclamada El discurso del rey (2010) y se convierte en imprescindible para los amantes del musical como género y también para quienes aman la literatura. Claudio Sánchez 

Heleno (Cine brasileño, Cinemateca)

Fue uno de los grandes jugadores de fútbol de la década del 50 en Brasil, figura indiscutible del club Botafogo, pero además un personaje de Río de Janeiro. Heleno de Freitas fue un hombre que se convirtió en leyenda y así lo entiende José Henrique Fonseca, director de la película. Rodada en gran parte en blanco y negro, tiene a Rodrigo Santoro como protagonista y logra transmitir el vertiginoso ritmo de una época para convencer al espectador de que la vida puede estar por encima de cualquier ficción. Heleno es un biopic de gran categoría, pero es además un drama de dimensiones extraordinarias por el modo en el que el realizador encara el reto de llevar a la pantalla la vida de un hombre que supo andar por los caminos difíciles y que nunca pudo renunciar a la vida que llevaba: noche, mujeres y excesos. Narrada con muchos flashbacks y con un gran trabajo en la fotografía, esta película abrirá el ciclo Miércoles de Cine Brasileño, el 19 de marzo. C.S.

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