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Cine

BAFICI, el festival de Buenos Aires.

El festival de Buenos Aires.

El festival de Buenos Aires.

La Razón

00:58 / 31 de marzo de 2013

En los últimos años, el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, más conocido simplemente como BAFICI, se ha convertido en la cita con el séptimo arte más relevante de Sudamérica. Por el número de proyecciones que alcanza a lo largo de sus 12 días de vida anual, en la que más de 400 películas son exhibidas, y por la cantidad de personas que convoca, entre realizadores, productores, actores, críticos y prensa latinoamericana, la Capital Federal se transforma por casi dos semanas en la meca del séptimo arte en la región.

Este 2013, BAFICI llega a su 15 edición, un gran logro si se considera la breve vida que muchos de estos eventos alcanzan en países cercanos. Buenos Aires tiene una cinefilia consagrada, además de una capacidad de consumo artístico cultural que muy pocas ciudades del área poseen. En estos momentos, en el panorama de los festivales de cine en el subcontinente, sólo Lima (con su Encuentro Latinoamericano de Cine) y Santiago (SANFIC) pueden estar a la altura de Buenos Aires.

Al haber alcanzado ese nivel de importancia, es normal que exista un gran interés de los directos relacionados con el cine por ser parte de BAFICI. En los últimos años, Bolivia ha estado representada de distintos modos, ya sea con películas: Los viejos (Martín Boulocq, 2011) o San Antonio (Álvaro Olmos, 2012) o con la participación en el Talent Campus de Denisse Arancibia. Además, hay que destacar la presencia de críticos en el TalentPress: Sergio Zapata en 2011 y, este año, Sebastián Morales.

BAFICI se consagra como una de las mejores plataformas para ver y discutir cine contemporáneo. Su importancia radica también en la posibilidad que ofrece al espectador para conocer filmografías que parecen estar perdidas. El festival comienza el próximo 10 de abril. Claudio Sánchez

Películas en pocas palabras

No habrá paz para los malvados (martes)

El ciclo de abril, denominado “Niños terribles”, comienza con un thriller dirigido por Enrique Urbizu. Ambientado en Madrid, cuenta la historia de un inspector de policía que se ve involucrado en un triple asesinato, cuando vuelve borracho a su casa a altas horas de la noche. Con una estética en la que se percibe una evidente herencia del mejor cine negro, la película muestra los ires y venires del inspector, en la búsqueda de un testigo del crimen que escapa. Su intención es eliminar al testigo, pero todo se complica cuando las investigaciones del suceso develan, poco a poco, que lo que parecía ser un simple caso de tráfico de drogas, es algo mucho más peligroso. El gran logro de esta película es la construcción del personaje del inspector, tarea nada fácil al tratarse de una figura tantas veces estructurada y desarmada en el cine y la literatura. El inspector Santos Trinidad entabla una articulación intrigante con la ciudad, Madrid del siglo XXI, donde el crimen y el peligro son distintos y, por tanto, las maneras de enfrentarlos también. Carolina Castillo

El doble del diablo (en cartelera)

En 1987, Latif Yahia al-Salihi es citado por Saddam Hussein para ser el doble de su heredero, Uday Hussein, quien vivía una vida de excesos e impunidad asombrosos. Uday era torturador, asesino, lascivo y cocainómano. Latif recoge su experiencia junto al heredero de Saddam entre 1987 y 1992 en el libro El doble del diablo, que Lee Tamahori trae a la pantalla: vemos las fiestas, asesinatos, torturas y lujuria que orquestaba Uday. El ser otro por obligación, pues si Latif no cooperaba asesinaban a su familia, permite una reflexión, entre las torturas y la lujuria, sobre la identidad individual, más aun en un régimen opresivo.

Esa sensación es reforzada y explotada por Tamahori con secuencias claustrofóbicas, en las que abundan los planos cerrados y el tiempo se extiende para compartirnos la experiencia de la soledad y la opresión de ser otro. Latif, al igual que nosotros, ve con asombro cómo se construye y perpetúa el poder tanto de Uday como de su padre Saddam;  pero, no otorga elementos informativos del régimen, pues el director  privilegia la vida del “diablo” Uday. Sergio Zapata 

Pacha (cine boliviano, en cartelera)

Pacha, del cineasta mexicano Héctor Ferreiro, muestra la ensoñación de un niño lustrabotas en La Paz en plena guerra del gas (octubre 2003). A partir de una búsqueda estética y poética, se anima a describir una faceta “desconocida” del acontecimiento histórico. La cámara se detiene en los elementos anecdóticos, encuentra un gusto por lo exótico y, por supuesto, se compra con facilidad los estribillos “revolucionarios” típicos de cualquier marcha. Así, el cineasta, con una mezcla entre osadía e ingenuidad, es capaz de las comparaciones más curiosas en su intento de alcanzar una interpretación de una realidad que no conoce. Las imágenes de un lustrabotas boliviano pueden llegar, con el montaje, a equipararse con los pasamontañas característicos de las luchas zapatistas, o el zapato del mismo niño tiene según Ferreiro algo que ver con las imágenes de Chaplin o con las horrorosas y bien conocidas fotografías de la guerra de Vietnam. La lógica que rige el montaje, so pretexto de una búsqueda estética, simplemente devela la ingenuidad de turista en su mirada. Sebastián Morales Escoffier

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