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Cine

Ladrones, siglo XXI.

Foto: Cinemascine.net

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La Razón

00:00 / 12 de mayo de 2013

No importa cuán sofisticados pueden ser hoy los métodos de los criminales. Más importantes que las meticulosas estrategias son la fuerza y el valor, las agallas para, por ejemplo, tomar un cuadro en medio de una subasta, golpear a unos cuantos, salir por la puerta principal y huir en un carro cualquiera.

Con esta modesta epifanía comienza En trance (Trance), la más reciente película de Danny Boyle (Slumdog Millionaire, Trainspotting), en la que lo que parece ser una historia promedio de sofisticados criminales, termina siendo un laberinto de recuerdos y manipulaciones orquestado por una femme fatale dueña de un truco, tan peligroso como naif: la hipnosis.

La sofisticación de un grupo de criminales parece que llega hasta ahí. En la primera secuencia, Simon (James McAvoy) es un subastador; en la segunda, es parte de un grupo de criminales que quieren robar un cuadro; en la tercera, es un torturado que grita por la vida que quieren quitarle sus socios, por haber olvidado dónde ocultó el botín. Hasta aquí, la historia engancha. La intriga crece cuando una doctora en hipnosis es la ficha clave para descubrir dónde escondió Simon el cuadro robado, un Goya de 25 millones de libras. Corrección: por qué lo escondió.

Lo que suponen los modernos ladrones es que un par de sesiones con la doctora Lamb (Rosario Dawson) serán suficientes para recuperar el cuadro. El suspenso crece con la misteriosa conducta de la doctora: la intriga por saber qué es lo que significa esta mujer es el eje de una historia que comienza a dar giros vertiginosos que reubican continuamente el objetivo, el centro de la trama. Ahora, el tema no es el crimen, sino la memoria y de lo que ésta es capaz, la manipulación y el cuerpo del delito, el de una mujer, el de la obsesión.

El problema es que, aunque el ritmo de la película nos mantenga ansiosos y contentos, las piruetas narrativas llegan a ser bastante arbitrarias. Si bien una narrativa que reconstruye los hechos permite crear cuantas capas sean necesarias para revelar “la verdad”, hay un punto en el que uno puede sentirse engañado. No es tan grave, tal vez, después de ver a McAvoy y Dawson en sus mejores papeles en cine. Mary Carmen Molina Ergueta  

Películas en pocas palabras

Los posibles (cine latinoamericano)

Cuando Santiago Mitre presentó en el BAFICI 2013 su film titulado Los posibles, afirmaba que hasta el momento de terminarlo no estaba seguro de que lo que estaba haciendo era realmente una película. Al verla se comprende que las dudas de Mitre no eran del todo infundadas. La “película” sigue a un grupo de bailarines que tiene un nombre homónimo al del film. A partir de lo que en una primera instancia parece un mero registro de un espectáculo de danza, Mitre va demostrando las enormes potencialidades que existen cuando se cruzan dos artes. Las texturas de los cuerpos y los ritmos de los movimientos encuentran aquí nuevas dimensiones que no aparecerían en las dos artes en su independencia. Así, los cuerpos en movimiento y la mirada propiamente cinematográfica (es decir, los encuadres, el juego de la luz y las sombras, los movimientos de cámara, etc.) se van combinando para crear algo nuevo, algo que se encuentra en medio camino entre la danza y el cine. Sebastián Morales E.

El diario de Agustín (documental)

Ignacio Agüero es sin duda uno de los más importantes documentalistas chilenos contemporáneos y ha explorado a lo largo de los años una gran variedad de formas. Si bien en todos sus filmes el tema de la dictadura está muy presente, es probable que en su película de 2008, El diario de Agustín¸ ataque de forma más directa al régimen pinochetista. El largometraje indaga las relaciones que habría tenido la dictadura chilena con el periódico más importante del vecino país, El Mercurio. Agüero, con su curiosidad innata, denuncia los montajes y las mentiras que habrían ayudado no sólo a encumbrar a Pinochet, sino también a mantener su poder al ocultar las graves violaciones de los derechos humanos durante el régimen. La película demuestra su actualidad en el hecho de que ha levantado en los últimos días la polémica ante la decisión de la televisión chilena de no pasar el documental de Agüero. El trabajo puede ser visto, sin embargo, desde YouTube. S.M.E.

Bolivia (Martes de Cine Español)

A comienzos del siglo XXI aparece en la escena continental un grupo de cineastas que la crítica ha denominado como el Nuevo Cine Argentino. Ahí inscriben su nombre Lucrecia Martel, Pablo Trapero y Adrián Caetano. La diversidad temática es uno de los componentes esenciales de este grupo de cineastas. Caetano presentó su ópera prima (Pizza, birra y faso) en 1998, y en 2002 estrenó Bolivia, largometraje que aborda la vida de Freddy Flores, un boliviano que vive en Buenos Aires y que en un pequeño café bar sufre la discriminación, en un lugar por sí mismo discriminado. La vida del personaje se bate entre el día a día y la casi explotación laboral, además de un amor silencioso con Rosa, una compañera paraguaya que también atiende en el mismo boliche. Con un escenario que restituye el realismo desde el blanco y negro, y bajo una estructura argumental en la que se encuentran múltiples cosmos de cotidianidad que dan veracidad al filme, Bolivia se presenta como una gran película. Claudio SánchezCinemateca Boliviana

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