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Cine

El gran Gatsby de capa caída.

Di Caprio en Gatsby.

Di Caprio en Gatsby.

La Razón

01:13 / 09 de junio de 2013

A Hollywood no le hacen falta las nuevas versiones de viejas historias. En el caso de la película que abrió el Festival de Cannes este año, la actualización tiene que ver con una serie de caprichos, algunos más exitosos que otros, alrededor de las variables de una fórmula de espectáculo. En este ejercicio, el personaje de Jay Gatsby, uno de los más entrañables de la gran novela americana según F. Scott Fitzgerald, no podría fallar.

La fórmula apuntaría así: a mayor estruendo, mayor estruendo. En esta película, el sello del director australiano Baz Lurhmann (Moulin Rouge,  Romeo + Juliet) se consolida en un barroquismo agotador que tiene como aliados de doble filo al 3D, los decorados y la banda sonora. A estas alturas, el formato 3D no puede ser una apuesta: nos ha salpicado de todo. Y en este caso, aunque el brillo de los cinematográficos años 20 sea indudable, la velocidad de la imagen y la pomposidad de las formas ya no nos sorprenden. Menos aún cuando el sobrevuelo de lo visual incluso resulta chabacano.

Si la apuesta no está en el formato, tampoco se la encuentra en la construcción de la atmósfera de una época. Los escenarios llenos de color y bailarinas de charleston son, ante todo, un vago recuerdo en el relato de la historia: Nick Carraway (Tobey Maguire), testigo ocular, enamorado de la fiesta y del gran Gatsby (Leonardo Di Caprio), cuenta la historia casi como una terapia de propia redención. Sin embargo, este gesto es una gran idea que se desvía y, finalmente, desaparece.

Algo parecido ocurre con la música. Beyoncé haciendo una versión de Amy Winehouse o el bling bling de Jay Z y Will.I.Am no aportan realmente a la construcción del personaje de Gatsby ni de su historia, y parecen puestos por la simple dictadura de lo cool.

Como historia de amor no funciona: aburre y enoja. Como cajita de sorpresas y fuegos artificiales, decepciona. Tal vez, si aceptamos que todo es un capricho, lo que quede sea el único experimento exitoso de la película: hacer que Leonardo Di Caprio sea Gatsby y viceversa.  Mary Carmen Molina Ergueta

Películas en pocas palabras

Ágora (en cartelera de MegaCenter)

A cuatro años de su estreno, llega a nuestras pantallas el film del español Alejandro Amenábar que narra los años turbulentos que concluirán con el incendio de la monumental biblioteca de Alejandría, a causa del fanatismo desbordado del cristianismo. Protagonizada por Rachel Weisz y rodada en inglés, el director de Tesis (1996) refresca la cinematografía de su país con este drama histórico que se aproxima a la vida de Hipatía, filósofa, astrónoma, miembro y cabeza de la escuela neoplatónica de Alejandría. Combinando elementos del biopic y el drama histórico, Amenábar nos transporta a la Alejandría del siglo IV, donde conviven paganos, judíos y cristianos y emerge la figura de Hipatía. El relato de Amenábar busca denunciar la intolerancia de los humanos con respecto al descubrimiento de la astrónoma de Alejandría: la Tierra no es el centro del universo. Amenábar se arriesga por el espectáculo y logra reinventarse con gran versatilidad, para ofrecer un producto edulcorado, afable y acorde al género al que se aproxima. Sergio Zapata

Arriya (Martes de Cine Español)

En la ópera prima del director Alberto Gorritiberea, dos familias de un pueblo fronterizo del país vasco se enfrentan en una competencia en la que el honor y la tradición, así como el odio y el absurdo, son los elementos más relevantes. Sin embargo, el centro de la historia es otro: el amor prohibido de jóvenes de estas familias que, al mejor estilo de Romeo y Julieta, no desviarán sus sentimientos. La competencia de ambas familias es un juego tan tonto como sugerente: una mula y un caballo deben arrastrar una piedra. Mientras tanto, el amor y el odio entre las familias y sus miembros crece: la fatalidad está sellada en el paso cansino de las bestias arrastrando la piedra, que tiene la forma y el peso de la tradición, la de los resentimientos y odios pasados que nunca terminan de crecer. Fue rodada en euskera, castellano y francés, en las regiones de Zestoa, Zumaia y otras localizaciones de Gipuzkoa. Ha ganado cinco premios en el Festival de Cine de Málaga, incluyendo el premio Asecán–Opera a la mejor película. Carolina Castillo *Cinemateca

A usted no le gusta la verdad...

Tras varios años de ocupación de Afganistán e Irak, el cine nos fue ofreciendo cintas dispares en su origen, intereses u objetivos. Sin embargo, el registro documental, distante del patrocinio de los grandes estudios y del oligopolio mediático, supo atender la cotidianidad de la ocupación. A usted le gusta la verdad: 4 días en Guantánamo, documental de Patricio Enríquez y Luc Coté, localiza la mirada en la verdad desde cuatro días en Guantánamo, más concretamente, siete horas de registro de un interrogatorio de cuatro jornadas a un niño canadiense. Desde el registro del interrogatorio a ese niño soldado es que comprendemos cómo operan el derecho internacional, las fuerzas de élite de EEUU y, por supuesto, los mecanismos de tortura. La construcción de la verdad o su reconocimiento parece ser un ímpetu fulgurante entre algunos documentalistas, más aún cuando su fin pareciera ser denunciar cierto estado de cosas. En este sentido, el documental es el lugar más arriesgado del cine contemporáneo. S.Z.

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