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Infancia clandestina, en el Bolivia Lab.

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La Razón

01:09 / 16 de junio de 2013

Se puede decir que ya existe un subgénero cinematográfico en América Latina que corresponde a las historias de dictadura. Es posible que Argentina sea el país que más ha trabajado este tema. Apuntemos que La historia oficial (Puenzo, 1985) ganó un Oscar y que la fórmula se la repitió y reinventó los siguientes 20 años. Infancia clandestina (2011) es la ópera prima de Benjamín Ávila y está producida por el propio Luis Puenzo. La película va a contar la historia de un preadolescente y su pequeña vida como hijo de padres que vivieron la represión de la dictadura argentina, los que retornan a su país para continuar en la lucha luego de un exilio cubano.

La línea de las historias de dictadura vista por niños se puede completar con la argentina Kamchatka (Piñeyro, 2001), por ejemplo, filme en el que el argumento pasa por la cuestión de la persecución del régimen militar; la brasileña El año que mis padres se fueron de vacaciones (Hamburger, 2006), donde el protagonista tiene que quedarse con el abuelo mientras sus padres empiezan a vivir en la clandestinidad; también está Paisito (Díez, 2008), la historia de dos niños en plena dictadura uruguaya. Podríamos cerrar esta revisión con la chilena Machuca (Wood, 2004), pero queda, para la más reciente historia continental del cine, Infancia clandestina.

Aquí, el tío Beto (Ernesto Alterio) es el pilar de una historia reveladora, pues permite que Juan/Ernesto, el niño que aprende a vivir en la clandestinidad, además de estar empapado de la cuestión política, pueda disfrutar la vida como cualquier otra persona de su edad.

Construida a través de primeros planos, la historia de esta angustia asfixiante, aquella de la persecución, y el mundo real más abierto, permiten al espectador compartir las sensaciones de los protagonistas.

Como último apunte habría que decir que gran parte de la verosimilitud de la historia se sostiene porque su director fue hijo de militantes montoneros y vivió estas circunstancias en carne propia.

Se exhibirá mañana en la Muestra del Bolivia Lab, en la Cinemateca Boliviana. Claudio Sánchez

Películas en pocas palabras

El último hombre (cine clásico)

Mayer y Murnau, las dos grandes figuras del expresionismo alemán, se juntan para realizar el film El último hombre (1924). La película narra la historia de un hombre que ha trabajado toda la vida como portero en un hotel. El protagonista ya es mayor y no puede realizar las actividades propias de su profesión. El dueño del hotel, percatándose de aquello, lo mueve a un puesto mucho más bajo y menos digno. En ese momento comienza la tragedia del protagonista. El último hombre, película muda, tiene la particularidad de no utilizar intertítulos para su desarrollo narrativo. Y esto tiene una enorme razón de ser: las palabras hacen parte de un mundo que no interesa a Murnau,  porque busca adentrarse al universo de las pasiones. En un mundo tal, los objetos y las luces toman una importancia capital, puesto que son los llamados para hacer presente la tragedia del último hombre.  Las pasiones inundan de tal forma la pantalla que, sin duda, la película es una de las más tristes de la historia del cine.  Sebastián Morales Escoffier

Boudu salvado de las aguas (cine clásico)

Un vagabundo que decide terminar su vida tirándose de un río es salvado de la muerte por un pequeño burgués. Después de la heroica acción, el suicida se quedará en la casa de su salvador. A partir de aquí, el director Jean Renoir se dedica a describir las simpáticas relaciones entre ambos personajes tan disparejos.

El film de 1932 es una de las primeras películas sonoras que se hicieron en Francia. A diferencia de las películas alemanas de preguerra (sombrías, con un alto sentimiento de pesimismo), Boudu es una especie de comedia ligera, en donde las acciones del protagonista principal, el vagabundo, no parecen tener la más mínima consecuencia. Así, Boudu puede sentirse muy feliz tanto en la calle como en la casa del burgués, sin la necesidad de cambiar ninguno de sus hábitos. La película puede ser vista en YouTube.  S.M.E.

Flamenco de raíz (Martes de Cine Español)

El flamenco es una de las expresiones culturales más difundidas de España. El cine ha sido uno de los medios fundamentales de su difusión con la película Flamenco (1995) de Carlos Saura como la más representativa. Sin embargo, además de este acercamiento, revisitado por el mismo Saura en Flamenco flamenco (2010), se registra una lista extensa de películas en las que el género es, de una u otra manera, protagonista. En esa lista son ineludibles otras películas de Saura, como Bodas de sangre (1981); documentales sobre la vida de artistas como Camarón (2005), sobre el mítico cantante Camarón de la Isla; o documentales de corte antropológico, como Latcho Drom (1993) y Korkoro (2009), ambos del francés Tony Gatlif. En este último grupo se inscribe Flamenco de raíz, de Vicente Pérez Herrero, un acercamiento a las raíces culturales de esta expresión y a la construcción de una industria a partir de una tradición comunitaria. Reúne entrevistas con cantaores y bailaores de renombre, como Talegón de Córdova. Carolina Castillo.* Cinemateca

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