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Ciudadanos del mundo: Jóvenes bolivianos pueden conocer otros países como parte de su formación

Los programas de campamento tienen el apoyo en seguridad del Departamento de Estado de EEUU.

Sara Copana, una de las beneficiarias de Ciudad Mundo, posa junto a jóvenes de diversas regiones en el campamento Echo, en Michigan, EEUU. Foto: Cortesia Ciudad Mundo

Sara Copana, una de las beneficiarias de Ciudad Mundo, posa junto a jóvenes de diversas regiones en el campamento Echo, en Michigan, EEUU. Foto: Cortesia Ciudad Mundo

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 08 de febrero de 2015

Ir al campamento fue la experiencia más interesante de mi vida. Aprendí muchas cosas, como respetar las reglas, la puntualidad y la organización. Lo que más me gustó fue compartir con mis campistas, ya que es distinto ser voluntaria y vivir con ellos una misma experiencia. Aprendí a ser más paciente, comprensiva y solidaria, a dar lo mejor de mí”. Con esas palabras, la sucrense Rocío Espejo resume su estadía de 2012 en el campamento Anne, en el estado de Nueva York, Estados Unidos, gracias a Ciudad Mundo, una fundación que promueve oportunidades de viaje, estudios y trabajo a jóvenes bolivianos en Brasil, Estados Unidos, Canadá y en el continente europeo.

Wendy Meruvia, directora de Ciudad Mundo, cuenta que la iniciativa nació el 8 de junio de 2007, después de que una tía suya decidiera transferirle su agencia de viajes pues había decidido irse del país.

Tanto Wendy como su hermana Catherine habían pasado varios años en el negocio familiar, por lo que se apasionaron por el trabajo con las denominadas representaciones, que son las intermediarias que venden, explotan y promocionan servicios turísticos en el mundo.

Es así como empezaron con el emprendimiento de dar a conocer a los jóvenes las oportunidades para viajar hacia otros países y realizar un trabajo de guía en los campamentos de verano o para hacer pasantías en alguna empresa.

Wendy recuerda que cuando asistió a su primer campamento se dio cuenta de que aquella oportunidad podía replicarse en más jóvenes del país. “A pesar de que he viajado tanto, nada se compara con ese verano porque era para special needs (personas con alguna discapacidad), con quienes aprendí a valorar lo que se tiene. Te cambia la vida”, explica.

La página web de Ciudad Mundo señala que viajar, conocer otras culturas y tener una experiencia de vida en otro país o en Bolivia son prácticas que llevan al crecimiento y desarrollo del individuo. “La alta competitividad en el mundo laboral también demanda a los jóvenes una mejor preparación y capacitación”, recalca.

Es por ello que la fundación ha firmado alianzas con organizaciones internacionales como Interexchange de Estados Unidos, Asociación Brasileña de Intercambio Profesional y Estudiantil (Abipe), Connecting World en Canadá y con Camp Europe, con el fin de apoyar a la juventud y a los estudiantes para que viajen a estas regiones.En el caso estadounidense, el Programa Internacional de Instructores de Campamento (International Camp Counselor Program) recluta a jóvenes de todo el mundo, quienes están a cargo de grupos de niños o adolescentes, adultos o ancianos, o personas con capacidades diferentes.

“Eres como el papá o la mamá que se encarga de llevarlos a diferentes actividades, que van desde deportes y artes, generalmente al aire libre. Son centros vacacionales, lugares que están enraizados por completo en la cultura estadounidense”, explica Meruvia.

La mirada de Aldo Gutiérrez se ilumina cuando empieza a describir los momentos vividos en el campamento Horizons, en el estado de Connecticut, pues recuerda con cariño haber interactuado en un grupo de personas con capacidades diferentes. “Me tocó trabajar con personas hiperactivas, con síndrome de Down, autismo, con retraso mental, algunas con demencia, a quienes teníamos que mantenerlas calmadas, que siguieran las actividades y divertirnos juntos”, cuenta el estudiante de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana de La Paz.

“Ha sido un shock aprender a trabajar con personas de capacidades diferentes. Me habían explicado qué debía hacer en caso de algún ataque cardiaco, una esquizofrenia en la piscina por ejemplo”, admite el futuro comunicador, pero en la práctica vivió otras experiencias que, afirma, le ayudaron a ser una mejor persona. Aldo trabajó posteriormente con niños de la fundación Arco Iris en La Paz, y domina natación, guitarra y canto, especialidades que le ayudaron a formar parte del campamento en el territorio estadounidense.

Sara Copana, otra beneficiaria, empezó su recorrido por Estados Unidos en 2011, cuando cursaba estudios en el Centro Boliviano Americano (CBA) y Wendy Meruvia le habló acerca de estos programas.

En su primer viaje asistió al Blingle Camp, en Alaska; luego se anotó en un campamento en Michigan para la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA, por sus siglas en inglés) para el cuidado de grupos de niños y, finalmente, viajó a Colorado, donde trabajó en información y tecnología, ya que es ingeniera de sistemas. “Ha sido emocionante la experiencia de extender fibra óptica, instalar las antenas en los techos de las cabañas, y desplegar cables por todo lado para hacer las conexiones”, recuerda Sara, quien hace poco llegó de otra aventura en Alemania.

Los campamentos de verano duran por lo general desde junio hasta agosto. “Primero llegan al entrenamiento sobre las actividades específicas del campamento y después, por sesiones, van rotando. Luego de ello el beneficiario tiene 30 días de gracia para hacer turismo”, indica Meruvia.

El caso de Diego Chávez fue distinto, pues el ingeniero metalúrgico y de materiales hizo una pasantía en Rio Grande do Sul, en Fras-le, una empresa brasileña que fabrica revestimientos para embrague, pastillas y otros materiales para vehículo.

“Me gustó mucho trabajar con compositos (materiales compuestos), algo que en el país todavía no hay por la falta de experiencia en este campo”, comenta Diego, quien aún tiene el dejo portugués porque hace poco retornó al país.

Los principales requisitos para formar parte de algún programa de Ciudad Mundo es tener una edad entre 18 y 25 años y un nivel de inglés intermedio o avanzado, “porque como ocupan una posición de liderazgo, van a recibir y dar instrucciones” en ese idioma, afirma Wendy.

Los jóvenes interesados en los campamentos también deben tener habilidades en deportes, danza, música o alguna otra rama artística, y cursar las carreras de psicología, pedagogía, ingeniería ambiental, geriatría, parvulario o ramas afines.

En el caso de las pasantías en Brasil hay opciones para varias carreras, entre ellas, administración de empresas, arquitectura, mecánica, computación, marketing y publicidad, entre otras.

Ciudad Mundo beneficia a los jóvenes con una subvención de 9.000 dólares, aproximadamente, además de alimentación y hospedaje. El servicio de asesoramiento y entrenamiento previo al viaje tiene un costo que fluctúa entre 1.379 y 1.579 dólares, dependiendo el lugar de residencia. Además, el campista y el pasante recibe una remuneración económica por el trabajo realizado en el país de turno.

Para esta gestión, Ciudad Mundo recibirá consultas y postulaciones hasta el mediodía del sábado 14 de febrero en su oficina ubicada en la avenida 14 de Septiembre N° 4620, edificio Señor de la Exaltación; en los teléfonos 2783269 y 2788032, o en la web ciudadmundo.org.

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