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Cochabamba, una propuesta para redescubrir el corazón del país

Está en el corazón del país, donde se resume la diversidad geográfica y cultural de Bolivia. Aun así, siempre existe la posibilidad de redescubrir esta región que guarda para el visitante detallista atractivos y experiencias únicas.

Guardián.  Con el Cristo de la Concordia, la Llajta invita a todos a sentir el sabor del país y vivir experiencias únicas. Foto: La Razón

Guardián. Con el Cristo de la Concordia, la Llajta invita a todos a sentir el sabor del país y vivir experiencias únicas. Foto: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Chávez / La Paz

00:00 / 13 de agosto de 2017

Como todos los departamentos de Bolivia, Cochabamba ofrece una amplia gama de sabores (es la cuna del buen comer), historias, lugares y tradiciones, desde el inigualable chicharrón que tiene “mil” maneras de preparar y de acompañamientos para servir, pasando por los helados de canela del mercado Calatayud o sus espacios públicos como el Parque de la Familia, donde bailan las aguas, el Cristo de la Concordia, los flamantes dinosaurios de Sacaba, sus museos con arquitectura republicana, hasta tradiciones que también revelan su buen gusto a través del pan de Arani, son solo una minúscula muestra de lo que el valle ofrece al visitante.

Sin embargo, hay espacios que guardan secretos o historias y sabores poco explorados; así, es posible degustar de un plato que se conoce como menudencias. El restaurante El Triunvirato se encarga de convertir esas partes del ganado en sabrosos platos.

También es posible conocer en detalle el trabajo del biólogo francés Alcides D’orbigny, quien fue el primero en clasificar parte de la flora y de la fauna boliviana; a él le dedicaron un museo que atesora parte de su trabajo y otros avances científicos.

Así es el centro de Bolivia con lugares y secretos que convocan a los visitantes, tanto nativos como foráneos, con motivantes experiencias que apresuran el latido de los corazones.

‘Qollqas’ y la historia militar en Cotapachi

Las qollqas o silos de almacenamiento de maíz y raciones secas fueron edificadas en 1450, en el mandato del inca Huayna Kápac. Se erigieron cerca de 2.500 y hoy sus restos forman parte de un sitio arqueológico y turístico ubicado en Cotapachi, Quillacollo.

Las qollqas están cerca de la laguna, sobre al menos 67 hectáreas. El sitio donde las construyeron fue elegido por la corriente de aire fresco, continua, ideal para la protección del maíz en mazorcas. Desaparecido el imperio Inca, los silos fueron abandonados y con el paso del tiempo quedaron solo los cimientos circulares. Con la creación de un Comité Impulsor del Proyecto Cotapachi, el sitio fue recuperado y se construyeron 27 réplicas.

En la localidad está el Regimiento Escuela Policía Militar Esteban Arze, donde se abrió un museo. El sitio conserva vestimentas militares de los protomártires de la independencia.

Las qollqas están a 20 minutos del centro de Quillacollo, hacia el sur. El museo está en el kilómetro 10 de la avenida Blanco Galindo.

Lo ideal es viajar en vehículo particular. El micro Q, amarillo, va desde Cochabamba hasta la plaza Bolívar de Quillacollo. De allí se debe caminar hacia el sitio.

Debe llevarse ropa abrigada, por la brisa fría, y una merienda, porque en el lugar no hay comercios.

Queso y singani de Mizque, un  gran legado

Si Arani o Vallegrande son las tierras del queso y Tarija, del vino y la uva;  en Mizque hay una historia sobre estos productos.

El clima templado y seco ayuda a la elaboración de quesos y licores. En el primer caso, fueron las monjas del convento de Nuestra Señora de los Ángeles las que difundieron el conocimiento de cómo hacerlo y esta habilidad fue heredada por varias familias. En el caso del vino, las crónicas sobre la Colonia de Mariano Baptista señalan que el auge económico de Mizque se debió a la excelente producción de la industria vitivinícola, que llegó a producir en cantidad y en diferentes variedades, pero fue Felipe I quien vetó el cultivo de la uva, con la Cédula Persecutoria de la Vid que un diligente corregidor hizo cumplir quemando los viñedos y las plantaciones de uva “hasta el último tallo”. Como recuerdo de esa medida se creó en el municipio la localidad de Viña Perdida y de esa industria hoy solo queda el singani de producción limitada, pero de gran calidad. Algunos agricultores del valle han formado cooperativas para la producción de vinos y quesos, dos productos de ilustre historia en Mizque. En las casas familiares del pueblo tienen parrales en sus patios.

Está ubicado a 147 kilómetros al sur de Cochabamba. Y su altura sobre el nivel del mar apenas supera los 2.500 metros, el clima es templado.

Se puede ir en buses de los transportes Señor de Burgos, Turismo Mizque o  Unificado, que salen de la avenida 6 de Agosto en Cochabamba.

Triunvirato es el poder de las menudencias

El Triunvirato es un popular plato cochabambino hecho en un restaurante del mismo nombre. Debe su denominativo a los clientes del lugar que acostumbraban comer riñón en caldo, ranga o pulpito (estómago de cordero) en caldo; un buen día pidieron “un mixto” de ranga y riñón y el pulpito frito sobre la mezcla, dando lugar a la combinación de las tres comidas. El platillo, criollo, solo puede ser degustado por las mañanas. Se sirve solo en este restaurante, de propiedad de María Peralta, cuyas manos lo preparan hace 35 años. El término que surgió en la antigua Roma y era usado para describir la forma de gobierno, refiere a alianzas y en este caso el sabor es incomparable. “Aquí se creó el plato, es el único lugar donde lo pueden encontrar y lo degustan desde personas comunes hasta autoridades y músicos. ¡Quién no ha venido a comer aquí!”, recuerda Elizabeth Herbas, hija de la propietaria. Para quienes disfrutan de las delicias hechas con menudencia, el platillo es preparado en el instante, no se cocina con anticipación. “Ese rato tiene que ser, porque se enfría y el pulpito se endura”, advierte.

Una marraqueta y la infaltable llajua acompañan al Triunvirato. Para beber: una malta. Y es que la comida sirve para pasar el ch’aqui, dicen los comensales.

Ubicado en el centro citadino, el Triunvirato está en el rincón de una casa de la calle Lanza, casi Venezuela, a pocos pasos de la plaza Colón. El local atiende desde las 08.00 hasta el mediodía.

El precio del plato es de Bs 25.

Un templo de piedra en medio de la paja brava

Un colosal templo construido en piedra y mármol resalta en medio de la paja brava de la comunidad de Melga, es el Santuario de la Virgen de los Ángeles que, por su belleza arquitectónica, fue visitado por el papa Juan Pablo II durante su llegada a Bolivia, en 1988.

“Bienvenidos a Melga” es la frase que se divisa al pie de la entrada al santuario, inscrita en una cruz de 50 metros de alto; en el altar mayor está la imagen de la Virgen, rodeada de flores y plaquetas colocadas por los devotos. La edificación es considerada una joya arquitectónica.

La construcción del templo fue impulsada por el sacerdote italiano Roberto Nicoli, misionero que dedicó su vida a propagar el evangelio en las comunidades rurales que rodean a Melga. Nicoli fue el primer misionero de Bérgamo, Italia, en llegar a Bolivia en 1962. Falleció en 2007 y sus restos descansan en el santuario que construyó.

¿Dónde está ubicado? Está sobre la carretera nueva Cochabamba-Santa Cruz, a la altura del kilómetro 30 en la población de Melga.

¿Cómo llegar? Si no tiene un vehículo propio, aborde un taxi-trufi 222 de la parada de transporte público, que está frente al hospital México de Sacaba. Llegará en 20 minutos.

¿Qué debe llevar? Es recomendable ir con ropa abrigada por el frío. Como no hay restaurantes en la comunidad, puede llevarse algún refrigerio, aunque en el camino encontrará chicharrón. 

El resguardo del aporte de Alcide d’Orbigny

El Museo de Historia Natural, que debe su nombre al primer investigador que hizo trabajo científico sobre la naturaleza en el país, es parecido a una enciclopedia en la que se puede observar los principales minerales y fósiles, la evolución de los seres vivos y cambios que atravesaron al transcurrir el tiempo. Además de la fauna y flora que muestra la biodiversidad de Bolivia.

“Pero el museo no solo es lo que se ve en las vitrinas de las diferentes salas, es también investigación, conservación y difusión. No es algo muerto, se renueva”, explica Ricardo Céspedes, director del lugar.

En el sitio existen salas de exposición de mineralogía, paleontología, mastozoología, ornitología, de peces y entomología, entre otras. En la sala de paleontología destaca la exposición de dos ejemplares: un pez, el más antiguo del valle hasta hace cuatro años, y restos de mamíferos fósiles hallados en Tiupampa y Vila Vila en Sacabamba. Pero también existen sitios no tan visibles que contienen riquezas en términos de investigación, como la colección de mariposas de Bolivia con algo más de 8.000 ejemplares, 22.000 colecciones de fósiles que datan de 65 millones de años, acuarios con ranas del Titicaca que son estudiadas, para su conservación, por investigadores, o el inventario de aves del valle. Son 23 personas las que se encargan no solo de guiar a las visitas, también de conservar cada una de las piezas.

Está en la calle Potosí, al lado del Palacio Portales, al norte de la ciudad.

Atiende de 09.00 a 12.00 y de 15.00 a 18.00. El ingreso cuesta Bs 5 para adultos y Bs 3 para niños.

El Mesón del Cantor, un refugio para bohemios

Disfrutar de la afamada comida cochabambina y escuchar música boliviana es un placer particular, por eso el cantante Yuri Ortuño decidió hacer un emprendimiento que no solo sea un restaurante o una peña, sino que optó por levantar el centro cultural y gastronómico que le dio por nombre el Mesón del Cantor.

En este lugar es posible saborear platillos elaborados con maestría y cada vez con mayor frecuencia disfrutar del arte de músicos bolivianos e incluso visitantes extranjeros.

No es extraño que en medio de un almuerzo familiar o una cena entre amigos aparezca el chef para confirmar que los comensales estén mimando a sus paladares. Y es muy habitual que en un intermedio musical Yuri Ortuño se suba al escenario para dedicar una cueca o una de sus piezas románticas a los visitantes, Además, él en persona visita las mesas para constatar que todo esté bien y a gusto no de sus clientes sino de sus amigos, porque así considera a quienes acuden al Mesón del Cantor a escuchar música o degustar su comida criolla e internacional. 

Está ubicado en la calle Adolfo Ballivián N° 139, al noreste de Cochabamba. Sus teléfonos para reservas son 4-4420880 y 76406505.

Está abierto los fines de semana de 12.00 a 16.00 y de 19.30 a 23.00. 

Al lugar se puede llegar en taxi; también existe servicio de transporte público.

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