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Cóndor Amaya: Tierra de torres

La necrópolis de épocas preincaicas atesora una gran cantidad de elementos arqueológicos a casi dos horas de la ciudad de La Paz.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo

00:00 / 16 de agosto de 2015

A mediados de 1997 había mucho ajetreo en el altiplano. Los trabajadores del Servicio Nacional de Caminos (SNC) combatían el frío con el sudor en el tramo de la carretera Patacamaya-Tambo Quemado, mientras los habitantes de la comunidad Cóndor Amaya (Cóndor muerto, en aymara) contemplaban con extrañeza la maquinaria que estrujaba su pasado. El antropólogo Jédu Sagárnaga se encontraba a cargo de los estudios de impacto ambiental en aquella zona de consabidos restos prehispánicos, labor para la que fue convocado por el arquitecto de obra . En uno de los descansos a cielo abierto, en la ruta que posteriormente uniría La Paz con la chilena ciudad de Arica, ambos conversaban sobre los dichos de los lugareños: caminando por uno de los senderos se hallaban los restos de lo que sería una necrópolis de los llamados señoríos aymaras, con data entre los años 1200-1450 d.C.  

Así, en otra de las pausas jornaleras, Sagárnaga se animó a desviar su ruta y adentrarse hacia eso que los comunarios le habían comentado.

Sombrero para el sol meridiano que quema, gafas oscuras y zapatos de goma alta, por un desvío que le tomó 20 minutos a la altura del kilómetro 160 de la carretera, el antropólogo dio con uno de los hallazgos más importantes de los últimos tiempos un grupo de torres funerarias donde, se interpreta, descansan los restos de nobles junto a los vasallos que los acompañaron en el último viaje. Fue un descubrimiento muy significativo.

“Dadas las poco usuales características del chullperío (término que comúnmente designa al conjunto de chullpares), nuestra inicial intención fue realizar allí una primera fase de investigaciones con el fin de entender su significado y los procesos socio-históricos allí acaecidos”, recuerda hoy Sagárnaga, en una nueva visita al lugar a  los 18 años de ir en su búsqueda.

Tierra de cóndores muertos

Cóndor Amaya se encuentra muy cerca de la ciudad de La Paz, una hora con 50 minutos aproximadamente. Las flotas y minibuses  —también se puede optar por un taxi a contrato— deben surcar el agreste altiplano, cuya temperatura media durante el día es de 15 a 20°C, pero que en la noche cae drásticamente y se sitúa justo por encima de los cero grados. A lo lejos, eso que denominan restos preincaicos y que los habitantes locales llaman Tama Chullpa, que significa “agrupación de torres funerarias”, parece una ciudad de edificios de colores vivos. Como un viaje al pasado. En el área de cerca de ocho hectáreas, se yerguen torres funerarias del Periodo Intermedio Tardío distribuidas en seis sectores, dispuestas todas sobre lomas bajas de altura variable y separados entre sí por profundas grietas.

“Las estructuras fueron construidas con un tipo de adobe alivianado, cuya composición principal era paja y barro, que se lo enrollaba y se lo colocaba en fresco en los paramentos, de manera tal que se podría decir que se lo tejía”, dice el especialista.

El periodo exacto al que pertenecen las torres funerarias es bastante mal conocido dentro de la arqueología boliviana, sobre todo por la escasez de estudios al respecto. Se sabe que fueron los aymaras los que impusieron ese tipo de entierro, pero los incas lo mantuvieron tras la conquista del Kollasuyo entre 1400-1450. Estas estructuras poseen más de 500 años, su vida útil ha sobrepasado las expectativas pero aún se mantienen en pie. “Es una obligación tratar de preservar este significativo patrimonio no solo para las presentes, sino las futuras generaciones”, señala el antropólogo. Pero algunos no advirtieron lo dicho por esta autoridad, que hace visitas recurrentes junto a sus alumnos de la carrera de Arqueología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). En 2001, debido a las intensas lluvias, una de las torres de aproximadamente 7,5 metros de alto, que se ubicaba en el sector que etnográficamente recibía el denominativo aymara de Quimsa wila chullpa, que significa “las tres torres funerarias rojas”, porque allí se erguía un majestuoso trío de torres pintadas de rojo, se vino abajo.

“Nunca pudimos disponer de recursos adicionales para realizar estudios. Sin opciones, mi grupo y yo nos retiramos de allí con la incertidumbre de la fecha de nuestro retorno, pero seguros de que en algún momento se daría”, recuerda Sagárnaga. Pero la cosa cambió desde hace un año.

El Fondo del Embajador para la Preservación Cultural del Gobierno de Estados Unidos, que viene financiando proyectos desde 2001, puso la lupa en el lugar y financia desde 2014 la Restauración de Chullpares de Cóndor Amaya.

Ello apuntaría a la recuperación y protección del complejo arqueológico como parte del patrimonio arqueológico de la nación y de las comunidades locales. “En el ámbito económico, ello también contribuiría a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones meta”, señala un comunicado de aquella instancia diplomática.

En esa tarea, las torres más completas serán restauradas y las más deterioradas acondicionadas y cubiertas con una protección en la parte superior (curahuado) para evitar un mayor deterioro. “Se calzarían algunos puntos clave con piedra. También se usaría piedra para delimitar áreas de actividad agrícola y establecer sendas de visitantes”, finaliza Sagárnaga, mientras los comunarios organizan la ceremonia de la wilancha, que consiste en el sacrificio de una llama, para bendecir la tierra.

Restos del monumento

Durante las excavaciones de 2007 y 2008, los arqueólogos recuperaron una gran cantidad de artefactos, que esperan la construcción de un museo y que —en conjunto— podrán mostrar un importante aspecto de la época de estas edificaciones preincaicas. Con ello se lograría la recuperación de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la nación que podría convertirse en el segundo sitio turístico del departamento del área, ruinas declaradas monumento nacional el año 2006. La labor de reposición de las estructuras dañadas debe tomar en cuenta los elementos originales, por cuanto se debe hacer análisis de suelos y pigmentos para la reposición. El monto invertido en el proyecto fue de $us 39.550, de parte del Fondo del Embajador para la Preservación Cultural del Gobierno de EEUU.

Consejos útiles

• Los buses que van a Arica, Chile, pasan por Cóndor Amaya. Las salidas son diarias y a las 12 del mediodía. Precio estimado Bs. 60.

• La temperatura media anual en la región es de 9,5°C. Pero por el fuerte sol se recomienda llevar sombrero o protector.

• No existen alojamiento ni restaurantes. Como se encuentra a casi dos horas de la ciudad, se puede ir y retornar en el día. Mejor llevar refrigerio.

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