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Contrastes del Khasiri

Caminata a una de las lagunas más hermosas cerca de La Paz, que cambia su color de un esmeralda radiante a un azul intenso.

Osvaldo y su novia observan los cerros que protegen la laguna Khasiri. Foto: Marco Aguilar

Osvaldo y su novia observan los cerros que protegen la laguna Khasiri. Foto: Marco Aguilar

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R.

00:00 / 30 de julio de 2017

Los últimos mensajes en el grupo de WhatsApp están enfocados en saber el pronóstico del tiempo para el domingo, porque si bien el día anterior ha estado con cielo despejado, durante la noche las nubes han hecho dudar sobre el clima, ya que la delegación se apresta a salir de la urbe paceña y llegar a la laguna Khasiri, en la  comunidad Palcoma, con el objetivo de disfrutar del aire limpio, de la tranquilidad de la naturaleza y de los constantes cambios de clima en un lugar paradisiaco.

Alejandro Ramírez, fundador de Wanderlust Turismo 591, reconoce que fue complicado abrir la ruta a este sector escondido entre cerros del macrodistrito Hampaturi, en el municipio paceño.

La complicación se debía a que los guías intentaron llegar a los pies de la Cordillera Real durante la época de lluvias, cuando la ruta es inaccesible. Es por ello que no fue sino al tercer intento que terminaron la exploración y los estudios de factibilidad.

“Ha sido un trabajo duro porque hemos venido varias veces, hubo muchos intentos fallidos para descubrir esta laguna”, comenta Alejandro, quien, entre otros implementos, lleva un walkie-talkie para comunicarse con Mateo Larrea, su socio, amigo y guía en este recorrido por el noreste de la sede de gobierno, que tiene la ventaja de estar rodeado por montañas. “No me ubico bien en qué zona estamos”, señala Oswaldo Navia, quien se enteró sobre este tour a través de las redes sociales e invitó a su enamorada a compartir esta experiencia natural.

Con más de 30 excursionistas, una fila de minibuses recorre toda la avenida Ciudad del Niño, desde las calles concurridas de Pampahasi hasta el sector donde poco a poco las casas se van dispersando, hay menos tráfico y se observa pasto y plantaciones, pese a la neblina del amanecer.

Cuando se está a punto de llegar al lugar donde empieza la caminata, uno recuerda que Alejandro dijo que el acceso es complicado, ya que hay momentos en que al vehículo le cuesta subir ciertas pendientes, a pesar de que ha terminado la época de lluvias. Pero los pronósticos meteorológicos han fallado, al menos así lo comprueban los visitantes que han llegado a la comunidad de Palcoma, debido a que una densa neblina impide observar la cresta de los cerros que rodea la excursión.

Reunidos sobre una loma cubierta con paja húmeda, Alejandro se presenta a los turistas y les informa acerca de las principales recomendaciones. Entre las principales, no alejarse del grupo y no hacer nada que pueda comprometer la integridad física.

El sendero de tierra por donde la comitiva pasa es una excusa para sacarse las primeras fotografías, con los cerros que están cubiertos por la niebla irregular, que por momentos parece desaparecer pero que después devora todo el panorama, y las llamas que tímidas se alejan sin dejar de mirar, con esos ojos grandes y brillantes, a los nuevos extraños.

De manera intermitente caen los primeros copos, casi imperceptibles, que se mezclan con el ambiente denso y húmedo del área que, a priori, no quiere dejarse visitar. En la quinta curva, la inclemencia se transforma en una nevada espesa que “cae” directamente en la cara, de manera horizontal, por lo que es inútil llevar un paraguas, lo aconsejable sería una chalina, gorra y gafas, con el fin de mitigar los efectos de la inestabilidad que ha mantenido el suspenso del tour. La fortuna está del lado de la comitiva, pues una vivienda de adobe protege por un momento del mal tiempo. Da la sensación de que se trata de una broma meteorológica, pues luego de un par de minutos cesa de nevar y las nubes retroceden, hasta dejar ver los picos que hasta ese momento se negaban a ser contemplados.

Con zapatos de huella profunda y con la ayuda de bastones para senderismo es más fácil continuar la aventura por encima de los 4.000 metros sobre el nivel del mar (msnm), atravesando riachuelos y cascajo. El descanso es propicio para aclimatarse y, sobre todo, para observar el paisaje, donde una pequeña laguna parece haberse congelado. Es como si el hueco de tierra hubiese sido cubierto con un enorme plástico resplandeciente, pero al ver con más detenimiento, los caminantes se percatan de que un chorro desciende para formar otro cúmulo de agua que se detiene en unas rejas que impiden cruzar hacia el reservorio.

A partir de ahí se inicia el ascenso por un sendero ondulante, zigzag para que la gente sienta menos cansancio y se acostumbre a la falta de oxígeno en los pulmones. Osvaldo califica este trecho como el más dificultoso. Así lo entienden Alejandro y Mateo, quienes determinan que haya otra pausa. Con las nubes que parecen algodón desmenuzado y enredado entre los cerros, varios visitantes se sientan sobre la paja o piedras que sobresalen en la ruta. A otros les cuesta más alcanzar al grupo principal, pero no cesan en el desafío de continuar y terminar el itinerario.

El camino ya no es tan empinado como la etapa anterior, pero el clima cambiante hace retornar la niebla, esta vez más concentrada, que hace perder la ruta a un grupo de excursionistas. Casi de inmediato, Mateo —que lidera al grupo— se comunica con Alejandro —quien está detrás— para reconducir a quienes se han atrasado.

Protegida por rocas de al menos un metro de altura, de a poco se muestra a los ojos la laguna Khasiri (4.760 msnm), que para ese momento brilla de un esmeralda intenso. “Para mí no fue difícil en ninguna parte”, comenta Liliana Bierer, estadounidense que se encuentra en Bolivia desde hace dos meses y a quien le encantan las salidas de las caóticas urbes. Ella —junto con su amiga Isabel Sánchez del Río— se sienta para contemplar las montañas Jathi Qullu, Sirk’i Qullu, Sura Qullu y Khasiri.

 En la laguna hay patos que nadan como si no hubiera nadie a su alrededor; arriba, los alkamaris —también llamado María— cruzan el cielo que se está despejando, y con un poco de suerte se puede observar vizcachas mimetizadas en los cerros.

“Nos gusta viajar, nos gusta estar con personas y demostrarles que hay lugares únicos”, cuenta Alejandro antes de convocar a la gente para informar que Wanderlust Turismo 591 cumple un año de operaciones. Por ello han llevado una wajt’a, o mesa ceremonial de agradecimiento a la Madre Tierra (Pachamama). “Queremos devolverle todo lo que nos ha dado este año, con la esperanza de que esta próxima gestión sea próspera”.

Los troncos se queman con facilidad, así que en un par de minutos Alejandro y Mateo alzan el papel sábana que sostiene los elementos de la wajt’a para depositarla en la hoguera. Al contrario de las manecillas del reloj, los creyentes ch’allan alrededor de las brasas, mientras los demás miran en silencio y con respeto.

Las fotografías en las riberas de la laguna o encima de las rocas de tres metros no cesan hasta que los guías deciden retornar, luego de una jornada imborrable para los turistas por los contrastes de la naturaleza.

RECOMENDACIONES

  • Salidas

Wanderlust Turismo 591 organiza el Trekking Laguna Khasiri una vez cada dos meses. La próxima salida está programada para el domingo 23 de agosto.

  • Recomendaciones

Para la seguridad de los visitantes, los guías aconsejan no separarse demasiado del grupo, llevar zapatos con huella profunda y portar un bastón para caminatas.

  • Contactos

La oficina de Wanderlust está en el edificio Mariscal Ayacucho, mezzanine (calle Loayza, entre Mercado y Camacho). Teléfonos: 77530330 y 78783888.

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