Escape

Cosas, cozas y seres

Manuel categoriza el drama del retorno y la distancia que estruja el corazón lleno de nostalgias.

Foto: cromo.com.uy

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La Razón (Edición Impresa) / El papirri

00:00 / 19 de julio de 2015

Cuasi migrante, se acumulan las cosas que están en el limbo, tengo 60 kilos aéreos para retornar. Entonces miro mi depto., respiro, defino, invento, separo las cosas de las cozas y de los seres. Mi aparatito de música llegó a mi lado como la mejor noticia de los primeros tres meses, hace cinco años. Es compacto, pequeño, entonces  vivía en un apart hotel, no conocía a nadies, hasta que lo vi en una vitrina y me enamoró su boquita de flash, su ombligo de volumen. Luego sonó Caetano y la vida se puso en colores: suma q’amaña total. Este mi aparatito musical va más allá de sus parlantes de cubo, dispara vida, espuma, euforia, es una coza, el afecto y  agradecimiento del suscrito lo convierten en casi un ser: se va conmigo aunque tenga poca vida.

Entonces me miran más cosas, quieren viajar, son pocas (por suerte), alquilamos amoblado. La caldera con su piquito salpicado se queda nomás, la lámpara también (buaaa), la bicicleta también (buaaa), pronto llegará el Papa (Ma)nuel a Ecuador. Mi sevillana (una nueva viola que está bien nomás) se va, solo que ella no es una cosa, ni una coza, es un ser, tiene un olor de árbol fresco, su boquita de luna florece en acordes, su cuello de trastes hace el amor con mis dedos. Es rebelde, gitana, nuestra relación de un año marcha entre gritos y besos. Los ternos se quedan todos, son negros, tristes, diplomáticos, cosas literales. Ese cuadro de Tupiza se va a la patria, habla de ti, de tu saudade chicheña, es una coza casi ser. Los tres pares de botas se quedan, son cozas que pronto morirán. La tele se va, parece de hotel, tiene un aire de emancipación, de sábana cambiada, ventana al mar imposible, es una cosa casi coza. La bicicleta de gym se queda ¡no sirvió de mucho! Se quedan muchos libros sin motivo, Papa (Ma)nuel los regalará a la Escuelita Bolivia, son unos 200, menos Gabo, Cortázar y uno de tortugas de Galápagos. Y los de Foucol de Carolina, claro. Tu tristeza se queda, mi generosidad se va.

El poeta se va a la patria, perro viejo y abandonado, malcriado y dulce, ya no puede sin nosotros, es otra categoría: ser de vida. En las pelis y discos hay cosas, cozas y seres, debemos escoger bien. Se van Al Pacino, el Pianista, Drexler, Stravinsky, Sabina, cozas que se vuelven seres con solo poner play. Se va tu faldita de flores, se queda mi angustia mundana, se va mi chompa con cierre, se queda el hueco de la almohada, se va tu zapatito de muñeca, se queda la chamarra ordinaria. Cosas y cozas. Se va mi charango tartamudo (ser de euforias y quirquinchos), se queda el cepillo gastado. Se van tus rulos de la tina, se queda mi olor desenfadado, se va tu calzoncito de algodones, se queda la pelota del Mundial.

Tu planta  de locotos se queda (buaaa), ser vivo que merece florecer. Después de todo se queda parte de nuestra vida, parte de nuestra muerte, nuestro beso, en el parque, tu pasito de ganzo tierno, mi desvelo por la patria, el cuentito que te conté tantas veces, tus lágrimas por mamá. En realidad se va la vida, se queda la muerte, se va tu compu, se queda ese bombo. Tantas cosas, cozas y seres que nos acompañan hasta que nos vayamos para siempre.

(*) El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta.

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