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‘Dani El Rojo’ Buscado

En la vida de Daniel Rojo pasaron muchas cosas. Ladrón, drogadicto y guardaespaldas, pero hoy devenido en famoso escritor y actor, la trama de ‘Dani’ es una narración del género policial.

Daniel Rojo Bonilla.

Daniel Rojo Bonilla. Foto: Internert

La Razón (Edición Impresa) / Cecilia Saavedra

12:03 / 26 de junio de 2017

La entrevista

Daniel Rojo Bonilla, mejor conocido como Dani El Rojo o El Millonario por la Policía de Barcelona, España, deslumbra con su carisma cautivante quizá debido a la intensa vida que ha llevado. Exatracador de bancos, expolitoxicómano, asistente personal de artistas y deportistas, y ahora escritor de éxito y actor emergente, hizo de todo para estar muerto. Pero por suerte para sus lectores sigue vivo para contar y escribir sus historias. Su gran inicio en la delincuencia fue a los 12 años robando una papelería y de ahí no pararía hasta sumar 150 bancos con una cifra etérea de más de 60 millones de dólares, aunque siempre sin herir a nadie, como reza parte de sus códigos de ladrón romántico que pagó con tres estadías en la cárcel y se rehabilitó de todas sus adicciones.

A finales de los 90 decidió cambiar de vida y reinsertarse en la sociedad gracias a su amigo Loquillo, cantante que lo contrata primeramente para que esté a cargo de su merchandising, codearse con famosos y comenzar a trabajar de asistente personal de varios de ellos, como los cantantes Enrique Bunbury, Andrés Calamaro, Paulina Rubio o el futbolista Lio Messi. Hoy está casado, tiene dos hijos y mucho por contar a una audiencia, la boliviana, que ya encuentra su oscura obra en algunas librerías del país.

— Un resumen, si se puede.

— He tenido una vida complicada, intensa, pero porque yo me la compliqué. Tengo 54 años de los cuales 35 fui un politoxicómano, estuve enganchado a la heroína y cocaína, por estos motivos llegué a la delincuencia, aunque no provengo de una familia desestructurada ni me educaron para drogarme o delinquir, pero las circunstancias de la época, Franco, su muerte, una serie de libertades tanto literarias como visuales y musicales, me influenciaron erróneamente hacia ese camino. Lo bueno de todo esto es que lo superé en el sentido de que salí de las drogas, llevo 20 años fuera de la cárcel y en todo este tiempo desde que decidí estar fuera de ese mundo, del cual lo que me atraía era el dinero, las drogas, las mujeres, etc., descubrí que puedo ser feliz con otras cosas.

  • Imponente. Daniel es un hombre que impacta por su enorme físico (foto arriba). Tras su carrera delictiva, empezó a trabajar con famosos. En la foto junto a Lionel Messi, Andrés Calamaro y Javier Mascherano (foto abajo). Fotos: Internet

— ¿Cómo pasó de una vida delictiva a ser un escritor de éxito totalmente rehabilitado?

— Fui yo el que dio el primer paso para salir de esto, pero fue muy importante el que mi familia me apoyase, el haber encontrado el amor, un trabajo en el que me encontraba a gusto. Llevaba una vida normal, pero al estar metido en el mundo de la farándula y el fútbol y explicarles mis historias a los famosos, éstos se quedaban con la boca abierta. Luego me llegaron los hijos, un cáncer de hígado que hizo que ya no pueda trabajar; así que pensé que tenía algo que contar, por lo que empecé primero a narrar. Mis primeras tres novelas Mi vida en juego, Confesiones de un gánster en Barcelona y El gran golpe del gánster fueron narradas por mí, pero escritas por Liuc Oliveras a cuatro manos. Mis obras son una biografía novelada porque les cambié todos los nombres, ya que en las tres novelas salen 150 personajes y 140 están muertos. Puedo hablar de mí, pero no de los demás por respeto. Gané muchos premios y gracias a las ventas de estas novelas, especialmente de Confesiones de un gánster, la editorial Planeta me llamó para hacer otras tres en las que ya me arriesgo a escribir con un estilo muy llano y directo; lo que quiero hacer son novelas negras. He creado un personaje que es Hugo el Tiburón y también me salió una trilogía con títulos como La venganza del Tiburón, El secuestro de la virgen negra, Gran golpe en la pequeña Andorra. Tengo dos novelas más con este personaje; como un adelanto, la cuarta novela de Hugo el Tiburón se desarrolla en Sudamérica. Me considero un transgresor de la novela negra, ya que desde Agatha Christie o Dashiell Hammett este género siempre está visto desde el punto de vista del detective, del policía o del periodista judicial, en cambio en mis novelas los protagonistas son los delincuentes.

— ¿Cuándo comienzan a llamarlo Dani El Rojo?

— Dani El Rojo me lo pongo yo como nombre artístico cuando empiezo a trabajar con artistas y ellos, por mi físico, me hacen salir en los videoclips, entonces los de producción me preguntaban qué nombre poner y ya que mi nombre real es Daniel Rojo puse el rollo de Dani El Rojo, porque es un guiño a Daniel Cohn-Bendit, que fue el famoso revolucionario estudiantil de mayo del 68 en París, al que llamaban Dani El Rojo.

— ¿Tiene algo de ‘rojo’?

— Los ideales se terminaron hace tiempo. Ahora soy un anarcoaburguesado.

— ¿Cómo se inició su vida delictiva?

— A los ocho años. Si mis padres me daban 25 pesetas para comprar algún material escolar, yo iba a la librería del colegio, me llevaba el material sin pagar y estaba contento porque encima seguía teniendo el dinero que mis padres me habían dado, así empecé aunque en esa época aún no tenía el verbo “robar” en la cabeza.

— A la heroína, que fue la droga que más lo enganchó, lo introdujo una amiga suya que en el libro Confesiones... la llama Estefanía. ¿La volvió a ver?

— No, aunque sé que está viva, no nos interesó encontrarnos; pero si el destino quiere que algún día nos veamos, yo no tengo ningún problema ni le guardo rencor. También hablo de una chica que fue con la que probé la cocaína y aunque lo pongo de punto inicial, no las culpo de nada porque no me pusieron ninguna pistola en la cabeza. Eran otras épocas, en las que cuando tu padre te pillaba fumando te decía “si fumas, que todo el mundo lo sepa”, así que me dejó fumar y ya a los 12 años fumaba tabaco delante de todo el mundo, con 13 años porros (marihuana) y de ahí en adelante todas las sustancias que empezaron a aparecer mezcladas con alcohol. Esto junto con una serie de libros que me influenciaron a probar esas drogas, la música del momento como Ian Dury con Sexo, drogas y rock and roll, Patti Smith con Horses, Lou Reed con Rock’n roll Animal, me lleva a ver que todos mis ídolos le cantaban a la heroína y todos eran triunfadores, no había una percepción negativa de esa droga, ni de la cocaína ni de nada. No me excuso, simplemente pongo en perspectiva la situación del momento. Mi familia estaba en contra, me echaron de casa, me encontré en la calle enganchado a todo y empecé a robar, porque además me gustaba vestir bien, la emoción, las cosas fuertes, estaba habituado a tener dinero. Los primeros seis meses tuve que hacer muchos robos a farmacias, cualquier cosa que tenga una caja registradora. Luego vi dónde estaba el dinero, porque necesitaba mucho dinero para mis vicios, mi piso, mis coches y mis chicas. Con 16 o 17 años ya estaba atracando el primer banco, creo que entrar en un banco te segrega tanta adrenalina que al salir, haberlo hecho bien y pensar en lo que puedes hacer con ese dinero hace que quieras repetirlo y atracar bancos, engancha más que la heroína o la cocaína.

— ¿Cómo se gana el sobrenombre de El Millonario?

— Yo creo que en los años 90 o 91 es la primera vez que en la prensa hablan de mí y dicen: “han detenido al atracador millonario…”, apodo que me puso la Policía de Barcelona. Antes, cuando salgo en el 89, los médicos me dijeron que si no dejaba las drogas y todo eso, pues me quedaba un año de vida, así que una vez que salgo a la calle decido vivir mi último año de vida lo mejor posible, y es en ese momento en que reúno toda mi experiencia anterior en el atraco a bancos y comienzo a trabajar. Nunca creí necesaria la violencia durante un atraco, prefería decirles a los trabajadores que solo iba por el dinero que amenazarlos de muerte, era mi forma de actuar. A partir del 89 ya era todo un profesional que trabajaba solo, como me habían dicho que me quedaba un año de vida no pensaba que iba a volver a la cárcel, ahí es cuando me gano el apodo de El Millonario y sí que tengo un modus operandi que era entrar a primera hora de la mañana con el primer empleado, ya sabiendo perfectamente cuánto dinero hay en caja, etc., al entrar guardaba el arma para que vean que no les iba a hacer daño y la gente lo comprendía.

  • Aventura. ‘Dani El Rojo’ ya ha publicado seis libros, que de alguna manera son autobiográficos. Dice que en algún momento llevará alguno de ellos al cine.

— ¿Cuántas veces entró a la Modelo, la famosa cárcel de Barcelona?

— Tres veces, la primera del 81 al 83, la segunda del 85 al 89 y la tercera del 91 al 98. En la Modelo estuve nueve años porque en el 93 empecé a cambiar, dejé de drogarme y me llevaron a un penal llamado La Roca, que era un poco más duro, pero donde ya no tenía el cartel de toxicómano, y ahí es donde pude salir a la calle para trabajar con permisos y comenzar una nueva vida.

— ¿Cuándo decidió dejar las drogas?

— Cuando entré a la cárcel en el 91. A medida que pasaba el tiempo yo seguía consumiendo heroína, pero la cárcel había cambiado mucho, había psicoterapeutas, etc. y de tanto hablar con ellos empecé a reflexionar hasta que llegó un momento en que vi que algo fallaba en mi vida, dije: “Llevo 25 años consumiendo drogas como si no hubiera un mañana, a ver si sé vivir sin drogas”. Estuve 18 meses sin consumir nada, pero como todavía me quedaban muchos años de condena por cumplir me volví a enganchar en la heroína porque estar dentro de la cárcel sin drogas es mucho más duro

— ¿Cómo y de qué manera empieza a cambiar su vida?

— Cuando me encontré a Loquillo. Éramos amigos desde los 14. Él sabía que yo era delincuente; de hecho, en un montón de conciertos me dedicaba canciones cuando estaba en la cárcel. Y aunque ahora no me habla, siempre le estaré agradecido. Luego me contrataron Bunbury, Messi, Calamaro…

— ¿Qué hacía con ellos?

— Asistente personal, merchandising… Los cuidaba, los llevaba, les conseguía lo que necesitasen… No era guardaespaldas; mi seguridad es pasiva. He estado 35 años buscando problemas, y durante ese tiempo me dediqué a evitarlos. Estuve 10 años haciéndolo, hasta que tuve los niños.

— También tiene una faceta como actor y ya participó en producciones españolas con actores como Imanol Arias. ¿Cómo fue esa experiencia?

— Soy una persona afortunada y agradecida de serlo, tuve la suerte de que gracias a que trabajaba con artistas los medios de comunicación me conocían, entonces cuando comencé a publicar libros tuve más facilidad para salir en los medios, a lo mejor también porque decía cosas interesantes y tengo un físico característico y justamente por eso el director de Anacleto: agente secreto me llamó directamente, porque otro director me conocía por los videoclips de los músicos en los que salía, y aunque le dije que no soy actor, me preguntó si sabía de armas, como le dije que sí, solo era cuestión de dejarme dirigir. Básicamente hago de mí mismo, soy Joe El Carnicero, la mano derecha del personaje de Carlos Areces que es el malo de la película El Vázquez, que es una cinta de acción cómica porque Anacleto era un cómic de los años 70 en España, pero la trama se desarrolla 30 años después, es por eso que lo interpreta Imanol Arias.

— ¿Hay algún plan para llevar al cine alguna de sus novelas?

— Sí, una gran productora me dio dinero para que no venda los derechos de Confesiones de un gánster a nadie más. Me encantaría, pero no lo tengo como objetivo de vida. No puse mi vida en novelas con la intención de llevarlas a la pantalla, sino porque creía que al explicar mis vivencias estoy dando una experiencia a gente que no tiene por qué cometer mis errores.

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