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Danny Boyle: ‘El mundo del arte es hipnotizador’

Desde el 2 de mayo, los cines del país proyectarán el último trabajo del director británico célebre por películas como ‘¿Quieres ser millonario?’, por la que recibió un Oscar, o ‘Trainspotting’, de la que está preparando la segunda parte. Con el trío de actores compuesto por James McAvoy, Rosario Dawson y Vincent Cassel, el nacido en Manchester ha tejido un thriller en el que un subastador de arte se alía con una banda para robar un cuadro y, luego, olvida dónde lo ha escondido.

La Razón / Manfer Films

00:00 / 28 de abril de 2013

Simon (James McAvoy) es un subastador de artes que roba un cuadro de millones de dólares, en acuerdo con una banda criminal. Tras esconder la pintura, recibe un golpe en la cabeza y, al despertar, no se acuerda de esto último. El líder de la pandilla (Vincent Cassel) contrata a una terapeuta de hipnosis (Rosario Dawson) para que se sumerja en su mente. Los límites entre la realidad y las fases hipnóticas se van diluyendo conforme ella se adentra en la dañada psique de Simon.

Ésa es la trama de En trance (Trance), lo último del director británico Danny Boyle (Manchester, Reino Unido, 1956), quien saltó a la fama internacional con Trainspotting (1996), película ambientada en el Edimburgo deprimido de finales de los 80 y rebosante de heroína, protagonizada por Ewan McGregor. Trece años después se llevó un Oscar por ¿Quieres ser millonario? (Slumdog Millionaire). Su penúltimo trabajo fue 127 horas y, desde el 2 de mayo, podrá verse en Bolivia lo último, En trance.

— Los protagonistas no dejan ver fácilmente cuál es el verdadero trasfondo, ¿qué clase de desafíos se le han presentado para no develar develando?

— Eso me encantó. Fue una de las razones por las cuales hice la película.  Es por eso que se parece un poco a Tumba al ras de la tierra (Shallow Grave,1994), porque tienes un trío central y ninguno (de los personajes) es lo que parece. Y no puedes hacer eso con una película de gran presupuesto porque todo lo que les interesa a los estudios es: “¿A quién le vamos?” Eso es todo lo que quieren saber. Si puedes responder a esa pregunta, ya perdiste.

Así que es encantador poder hacer una película donde no te apegues particularmente a esa regla, cada vez más obligatoria.

— ¿Cómo va cambiando la percepción que tenemos de los personajes a lo largo de la cinta?

— James McAvoy (X-Men, El último rey de Escocia) está, al principio, clásicamente colocado para ser el favorito. Parece ser simpático, gracioso, conocedor y exitoso. Tiene la voz de narrador, hasta mira directamente a la cámara como tu guía, advirtiéndote. Y fue agradable poner a Vincent Cassel (El cisne negro y trilogía de Ocean's) como el gánster francés. Es una identidad que ya lo hemos visto tomar antes. Obviamente tiene una gran facilidad para hacerlo, pero al final de la película ya es básicamente como un adolescente perdido de amor. Y luego tienes a Rosario Dawson (El guardián del zoológico, Imparable) en un papel que, en su construcción, es el clásico papel de femme fatale. Al mismo tiempo no quieres en el papel a una rubia fría. No quise hacer eso porque la historia no es eso. En realidad, hay un dolor dentro de la historia y, finalmente, una emoción, que es más rica que el comportamiento frío y cínico de actuar como el peor de los hombres para poder sacarles algo que necesitas.

— Que los tres sean de nacionalidades distintas, ¿fue una elección deliberada?

— Originalmente íbamos a filmar en Manhattan con una chica inglesa. Siempre fue deliberado que ella, Elizabeth (Rosario Dawson), no fuera de ese país.

Queríamos que se sintiera muy lejos de casa para que no tuviera nadie a quien acudir. Lo cambiamos a Londres por lo de los Juegos Olímpicos. Vincent fue un accidente. De pronto estaba disponible e interesado, y cuando eso ocurre, saltas. Así que Christian Colson (el productor) y yo nos subimos a un tren hacia París y nos reunimos con Vincent media hora. Me encanta como actor, es uno de los mejores del mundo. No está actuando en su propio idioma, lo que es una limitación para él. Ahora tiene que ir a París a doblar su voz al francés.

— ¿Alguna vez observa al público viendo sus películas?

— Cuando tienes la oportunidad de hacer eso es en las proyecciones de prueba.

Muchos realizadores las odian, pero yo de verdad las disfruto. La película aún no está terminada, pero no hay otro momento en que tengas esa pureza de respuesta. Ni siquiera tú estás completamente convencido aún sobre de qué trata la película, porque no la has terminado. Amo esas proyecciones. Después de eso, las habladurías pueden resultar algo dolorosas.

La situación puede ponerse algo difícil, especialmente con el estudio si no recibe comentarios suficientemente buenos. Pero encuentro que el proceso, el ritmo de ver una película con un público, me ayuda inmensamente.

— ¿El arte puede poner en trance?

— A mí, sí. Fuimos a una subasta en Sotheby's. El tipo que es el jefe de los subastadores al principio de la película, Mark Poltimore, es un jefe de subastas de arte en esa casa. Y nos llevó a conocer muchas cosas. Nos llevó a una subasta en serio, donde están gastando cientos de millones de dólares. Y había una obra de Arthur Segal ahí. ¡Dios mío! ¡Era tan hermosa! Y piensas: “¡Maldita sea! Si tuvieras 700 mil libras ($us 1,5 millón) eso podría ser tuyo”. Ésa era la cantidad de arranque. Y estás ahí pensando: “Aaaaay”. Pero acabó siendo vendida por 2,4 millones de libras. Así que ahí tienes. Pero fue muy hermoso verlo, imaginar que estaba ahí y que la mano original la había trazado. Eso fue muy hipnotizador.

— ¿Es verdad que está adaptando Porno, la continuación de Trainspotting, La vida en el abismo, para 2016?

— Estamos intentándolo. Obviamente fue una película muy exitosa, así que piensas, bueno, una segunda parte es algo que sabes que puedes hacer. Lo pensamos hace diez años, pero los actores se veían igual. Así que hicimos muchas bromas sobre cómo ellos insinúan que son criaturas peligrosas y rebeldes. ¡Pero en realidad cuidan su piel mejor que cualquiera de nosotros! Se ponen pepinos el fin de semana y cosas así. No sería necesariamente una repetición del estilo de la película original. ¿Qué les ha pasado? ¿Se quedan en el mismo pueblo? ¿Siguen unidos? ¿Han amado? ¿Han perdido a alguien? Ése es el mundo que querrías explorar. No será una adaptación muy fiel de Porno, no. Pero la primera tampoco fue una adaptación muy fiel del libro. El libro fue una enorme inspiración, creo que es una obra maestra. Pero no fue muy fiel lo que hicimos. John (Hodge) fue muy libre con su adaptación. Y creo que también así lo seremos con ésta.

— ¿Se han comprometido a participar en ella todos los actores?

— No se comprometerán hasta que tengamos un libreto, y hacen bien. Es una especie de umbral de calidad en el que emitirán su juicio y así es como debe de ser. No creo que nadie quiera hacerlo para decepcionar a la gente con una segunda iteración.

— ¿Hay otros géneros del cine que quisiera explorar?

— Me encantaría hacer un musical. El problema con eso es que de verdad necesitas dejarlo emerger. Hemos hecho una película que podría haber sido un musical, Millonarios (Millions, 2004). Debería haber sido un musical y Frank Cottrell Boyce, el escritor, y yo hablamos al respecto, y en ese momento no teníamos la seguridad para lograr salirnos con la nuestra.

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