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CAP 25 años entre tutús y esfuerzo

Construir un legado a través de la danza se convirtió en el sueño de la familia Pereyra a lo largo de los años.

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda / La Paz

00:01 / 24 de octubre de 2018

Claudia Pereyra quería bailar, así que tomó la primera oportunidad que tuvo para irse del país; donde abrir su propio estudio hizo que las puertas de una carrera profesional en el Ballet Oficial de Bolivia comenzaran a cerrarse. “En cuanto comenzamos a tener más éxito, me vi cada día más atrás en las coreografías, con menos papeles y con un sinfín de problemas”, cuenta la paceña que fundó la escuela de danza CAP (Capezio) (General Inofuentes 444, entre 10 y 11 de Calacoto) hace ya 25 años.   

La bailarina llegó a La Paz luego de pasar tres años en la Escuela Estatal Coreográfica de Kiev, donde las lágrimas fueron parte de su cotidianidad. Así que decidió crear su propia compañía con aquellos bailarines que no tenían dónde mostrarse. De pronto tenía 14 interesados, que pusieron su arte a su disposición.

En 1998, CAP ya tenía seis años y la compañía montaría Coppélia. Claudia interpretaría a Swanilda —una joven que se hace pasar por una muñeca—, pero aún necesitaba una pareja que representara a Franz (su prometido, quien cae enamorado de la muñeca, creada por un juguetero).

Para representar el papel se invitó al bailarín cubano Berto Borgues, quien había llegado a Bolivia para dar clases. “Berto me vio correteando con toda la producción, además de la escuela y los ensayos, y me advirtió que no podría hacer todo eso por mucho tiempo, que debía elegir”.

El profesor la preparó durante seis meses y Claudia audicionó en Chile para una compañía de danza que la aceptó. Dejó a Berto a cargo de las clases en la academia y a su hermana, Cecilia, quien también tenía experiencia en danza, encabezando la administración. Estuvo un año en Chile, se fue a EEUU y no volvió a vivir en Bolivia.

Cecilia, quien había aceptado colaborar con el sueño de su hermana mientras los trámites de convalidación de sus estudios en Microbiología y Bioquímica terminaban, se vio con una escuela que dirigir. La ilusión de tener un estudio, que Claudia y su padre, Rolando Pereyra, alimentaron por muchos años le cambió la vida por completo.

Si bien durante cierto tiempo se apoyó en el aporte de profesores como Berto y Zoika García, después tuvo que afrontar el reto de enseñar.

“Cuando Zoika nos contó que tenía que irse, Cecilia rompió a llorar. Y le dije: ‘Es lo mejor que pudo pasar. Ahora te pones las zapatillas, porque después de todo has hecho 10 años de ballet y nadie va a ser lo suficientemente bueno para ti’”, narra Claudia, quien, entonces, estaba de visita.

Cecilia cambió su escritorio por las salas de ensayo que se construyeron en la casa que alguna vez fue de sus padres, y asumió el reto, al que su familia le había puesto el corazón. “Esto es realidad gracias al apoyo de mi papá. Una vez, mientras discutíamos, mi madre contó que fue él quien compró todas las entradas de nuestro primer espectáculo en la Casa de la Cultura e invitó a los transeúntes a verlo. Todo, para que llenáramos el teatro. Sin él nada de esto sería posible”, cuenta Cecilia, entre risas.

Ahora la escuela celebra su aniversario con dos espectáculos: Soy Cap, que se presentará hoy a las 17.30. Y volverá a montar Coppélia —protagonizada por Elisa Ruby Pereyra, hija de Claudia— el 12, 24 y 25 de noviembre. Ambos en el Teatro Michael Donahue del colegio Calvert (pasaje Kantutas y 10 de Calacoto).  

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