Escape

Desafío al vértigo

Forest Adventure es un circuito de zipline, slackline, redes colgantes y puentes móviles que se practica en Achocalla.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

07:47 / 01 de agosto de 2018

Si bien 15 metros separan al aventurero del suelo, esa altura no interesa cuando la velocidad y la adrenalina están venciendo al circuito que reta al equilibrio y al vértigo. Se trata de Forest Adventure, un recorrido de al menos seis actividades extremas que se desarrolla en medio de una arboleda en el municipio de Achocalla.

El catalán Didac Cabanillas comenzó a practicar deportes de riesgo cuando tenía 10 años, en Barcelona, donde aprendió a escalar las montañas que se encuentran en los límites entre España y Francia. Lo que era simple distracción en su niñez y adolescencia se convirtió en su modo de vida desde hace un cuarto de siglo, ya que ahora se dedica a armar circuitos de zipline, vías ferratas (circuitos verticales y horizontales) y otros. “Me encanta construir, es mi pasión”, asegura.

Mediante una invitación por las redes sociales, Carla López se enteró de que se puede practicar ocho actividades de aventura en un solo lugar, así es que llevó a sus dos hijos y a un sobrino a disfrutar de un momento de carga emocional intensa.

Ubicado a unos 24 kilómetros de la urbe paceña, Achocalla se caracteriza por su clima templado y húmedo, que lo han convertido en un municipio agropecuario, industrial y turístico. Así los demuestran la laguna a la que familias y amigos llegan los fines de semana, una fábrica de cerveza y la empresa de lácteos artesanales Flor de Leche. A una cuadra de este último emprendimiento, en una habitación hexagonal, Didac y el guía de turismo Mateo Larrea visten a Carla y a su familia con el equipo necesario para ingresar a Forest Adventure.

El primer desafío es el slackline, que consiste en equilibrar el cuerpo en una cinta de cinco centímetros de grosor que cuelga entre dos árboles y que, a pesar de estar tensa, con el peso del cuerpo ondula de un lado a otro, por lo que es necesario equilibrarse. Después de esta especie de calentamiento, los guías explican los mecanismos de seguridad para atravesar el recorrido. El objetivo de Forest Adventure es otorgar infalibilidad al circuito. Por ello se cuenta con el sistema full time safety (seguridad a tiempo completo), es decir que el usuario esté asegurado a una polea doble y un mosquetón de seguridad,  ambos europeos. “Esta certificación garantiza que estos equipos no fallen, porque están hechos por empresas especializadas en deportes de aventura”, explica Mateo.

“Por la manera en que está montado el recorrido, no hay forma que el usuario tenga una caída ni se desenganche”, porque el mosquetón de seguridad no puede desprenderse de la cuerda metálica que se encuentra en todo el recorrido.

La segunda prueba es el zipline, un cable suspendido sobre una pendiente al que se unen una polea y un arnés para desplazarse. En este caso, la meta es deslizarse 10 metros entre un árbol y otro, relativamente corto para los conocedores y una experiencia inolvidable para quienes lo hacen por primera vez. En ese momento, uno se aleja del piso y se encuentra, al terminar esa fase, en una plataforma a casi 10 metros, en espera del siguiente desafío.

Didac se dedica a instalar esta clase de juegos desde hace casi dos décadas, lo que le ha llevado a trabajar en Francia, Marruecos, Guatemala y Perú, aunque hace 15 años eligió establecerse en Bolivia “porque tiene mucha naturaleza y potencial para este tipo de actividades”. En el país asesoró en la construcción de un circuito similar en Chuspipata, en un recorrido de canyoning en Coroico y en una ruta de snowboard en Quime, entre otras. Acostumbrado a hacer nuevas rutas, hace un año, cuando pasaba sus vacaciones en Barcelona, nació la idea de armar un recorrido de varias actividades cerca de la urbe paceña.

Carla y su hijo Nicolás admiten que caminar a través de puentes colgantes les atemorizó, ya que a pesar de estar conectados a un cable de seguridad —llamado línea de vida—, los brazos se aferran a las cuerdas que están a la altura de los hombros cuando se siente la ondulación de los troncos, mientras que la mente está abstraída en que los pies se asienten en la madera. Ese momento, poco interesa cuántos metros separan al cuerpo del suelo.

Para el segundo zipline —que tiene 20 metros de largo—, el cliente ya está acostumbrado a los equipos, así es que con toda tranquilidad acomoda el conector de seguridad, luego la polea y después desciende fugaz. De acuerdo con Didac, todo el recorrido dura entre 40 minutos y una hora y media, dependiendo de los ánimos y la valentía del usuario. Comenta que hubo casos en los que no quisieron continuar incluso sin haberse alejado del piso y otros decidieron no seguir en la mitad del periplo. Ante esos percances, al estar bien seguros a la línea de vida, los guías tienen una herramienta especial para liberarlos.

La familia de Carla hace todo lo contrario: cuanto más avanza, más se anima a pasar los obstáculos. En esa parte, volver a caminar entre troncos colgantes es más fácil, aunque los brazos —igual que la primera vez— sostienen de manera enérgica los cables que están a los extremos de los hombros. Cuando se cree que pasó lo más difícil, hay un puente de solo dos cables, uno para apoyar los pies y otro para sostenerse, que cuesta atravesar mientras se intenta tener equilibrio.

Hasta ahí, todo el trayecto ha sido horizontal, con leves descensos para el zipline, por lo que la red vertical se convierte en un paso complicado, pues supone avanzar pese a que las extremidades superiores e inferiores se enredan con la soga tejida. Al arribar a la plataforma y descansar un poco a 15 metros de altura, el panorama es único, con invernaderos y campos fértiles donde los pobladores preparan la tierra pasa sembrar.

El último desafío a las alturas es un zipline de más de 50 metros de largo. Es la culminación de momentos de miedo que también son los más emocionantes, porque en el rostro se dibuja una sonrisa que significa que se ha cumplido, de manera exitosa, la ruta de Forest Adventure.

Ideal para niños desde los 10 años

Este circuito de actividades de aventura se puede practicar desde los 10 años, aunque  pueden hacerlo menores con la ayuda de un arnés integral y la compañía de un guía calificado. Forest Adventure está disponible todos los días, tanto por las mañanas como por las tardes, con reservas previas. El mínimo requerido son dos personas y el máximo es de 13 personas. El costo de esta travesía es de Bs 150. Contactos al teléfono 75222118.

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