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Detrás del último día del Che

A los pies del Huayna Potosí, en el pueblo de Milluni y con actores naturales, muchas historias se tejen en torno a la cinta ‘Los nombres de las flores’.

Escenario. Con el nevado Huayna Potosí de fondo, la producción ultima detalles para filmar una escena en la que aparece la protagonista junto a una vagoneta vieja. Foto: Andrea Gutiérrez Miranda

Escenario. Con el nevado Huayna Potosí de fondo, la producción ultima detalles para filmar una escena en la que aparece la protagonista junto a una vagoneta vieja. Foto: Andrea Gutiérrez Miranda

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

02:04 / 22 de febrero de 2018

Aquella madrugada de mediados de agosto de 2017, Andrea Gutiérrez estaba por ver materializada una parte del proyecto que se convirtió en el compromiso de su vida: el rodaje de una película que cuenta la historia de Julia Cortez, la profesora vallegrandina que dio la última comida al guerrillero Ernesto Che Guevara antes de que fuera fusilado el 8 de octubre de 1967.

El filme se llama Los nombres de las flores y se prevé su estreno para mediados de este año. Más allá de ello, aquella madrugada de agosto fue importante porque fue la culminación de una fase de la producción, que comenzó en 2014, cuando Andrea conoció al director canadiense-iraní Bahman Tavoosi, cuando él presentaba A Dress Rehearsal for an Execution (Ensayo general para una ejecución), documental que muestra los entretelones de una fotografía tomada durante la revolución en Irán (1979).

Andrea —gerente de Nirvana Producción Audiovisual y Comunicación Integral— y Bahman coincidieron de inmediato en llevar a cabo un proyecto cinematográfico en el país y que fuera diferente a los que se han rodado hasta ahora.

La productora Nirvana tuvo dos experiencias anteriores en el séptimo arte, primero fue Mis espíritus de Navidad, que relata las peripecias de un avaro que transforma su vida cuando unos fantasmas le visitan en Nochebuena, y El peor de los deseos, película dirigida por el cochabambino

Claudio Araya, que hace una crítica a los sindicatos y federaciones gremiales, y que será estrenada este año.

Con la neblina de la madrugada, el equipo se reúne en medio de un cerro.

En el trabajo con Tavoosi, la productora boliviana se puso una vara más alta, porque es diferente a los estándares occidentales. Uno de los primeros elementos nuevos fue la elección de los personajes para la realización, porque, a diferencia de otras películas, no se ha convocado a intérpretes profesionales, sino a actores naturales, aquellas personas que se parecen a los personajes y no tienen ninguna experiencia en la actuación profesional.

Para ello, Andrea buscó en las calles y visitó instituciones con el fin de hallar a la gente que iba representar a sus personajes. Por ejemplo, para encontrar a la protagonista —una maestra jubilada— visitó la Asociación de Maestros Jubilados de La Paz, universidades de la tercera edad y centros de rehabilitación para ancianos.

En el caso de los uniformados, se recurrió al Comando Departamental de la Policía y a la Escuela Básica Policial; para conseguir estudiantes hubo que ir a varios colegios, hasta conseguir alumnos de la Unidad Educativa Martín Cárdenas de El Alto; mientras que dialogaron con mineros cooperativistas de Milluni para lograr su participación en la realización.

“Se trabaja mucho con personas naturales, algo que en Bolivia no se suele hacer”, pondera la productora, quien durante una de sus caminatas por La Paz se topó con la persona indicada para ser el acompañante de doña Julia en el filme. Se trata de José Garibaldi, una persona que vive con discapacidad intelectual y que si bien tiene cierta dificultad en hablar, no tuvo ningún impedimento para ser atleta, levantador de pesas y DJ.

¡Acción! Andrea Gutiérrez y Bahman Tavoosi hablan con un privado de libertad.

“Ella me vio un día, cuando estaba bajando en la calle y me dijo que era perfecto para el papel”, cuenta Garibaldi con una mirada y actitud empática.

Con todos ellos se trabajó durante semanas y meses, con el fin de conocerlos a profundidad y explotar sus gestos y movimientos naturales. De manera paradójica, el papel más difícil fue el personaje que se desempeña como actor. Y Jorge Hidalgo fue el elegido para cumplir este reto.

“Tengo 30 años de trayectoria como actor y llegué a un punto en que tuve que desaprender todo lo que sabía y meterme en un rol totalmente natural”. Es que Tavoosi le pidió que no actuara ni tuviera un papel determinado o guion definido, sino que jugara con sus emociones.

La idea primigenia era filmar en Vallegrande, donde la maestra dio de comer al Che; pero al final fue elegido el departamento de La Paz, después de haber encontrado el lugar adecuado para trabajar: Milluni. Ubicado en el distrito 13 de El Alto, el centro minero es reconocido por estar a los pies del Huayna Potosí y frente al Chacaltaya, además de ser un centro que perdió el esplendor desde la relocalización de 1985 y que revivió con el filme.

El director iraní-canadiense quiere que cada elemento del escenario sea natural y que cuente también la historia, así es que el equipo de Gutiérrez prácticamente se quedó durante estos meses en Milluni, ya sea para analizar los cambios del clima en esta zona, para pintar el colegio abandonado o para hacer labores de carpintería.

 Efectivos policiales se acomodan sobre la tarima en el colegio de Milluni.

“Milluni es un espacio turístico importante porque se encuentra a los pies del Huayna Potosí, pero está casi abandonado. Por eso hemos limpiado y pintado murales y fachadas, porque cada pared debe tener una textura diferente”, comenta la ejecutiva, quien entre risas confiesa que recurrió a varios tipos de transporte para movilizarse de un lado a otro, incluso encima de camiones con carga de minerales.

Las condiciones meteorológicas también incidieron en la producción, ya que en este sector del altiplano es normal que nieve, llueva, granice y haya sol en un solo día. “Ha sido un proceso difícil y complicado, porque me ha tocado pintar en plena lluvia, poner clavos en medio de la nevada y quedarme toda la noche”, relata la productora boliviana.

De hecho, tanto el equipo de producción como los actores debían reunirse a las 04.00 en el centro paceño y salir hacia Milluni con el objetivo de llegar al alba y aprovechar la luz solar. Por eso también era común quedarse hasta las 19.00,

De esas jornadas, Hidalgo recuerda la vez en que grabaron una sola escena en todo el día o la ocasión en que debía estar al pie de una ventana, mientras el viento ni siquiera le dejaba hablar por el intenso frío, que también afectaba a Garibaldi, quien para interpretar a su personaje viste una chompa delgada y algo roída.

Niños de la Unidad Educativa Martín Cárdenas de El Alto.

La película trata sobre un agente especial que es enviado a Vallegrande, como parte de las actividades para recordar los 50 años del Che Guevara,  con el objetivo de contactar a los testigos de esos hechos y que hablen frente a las autoridades. En medio de esa investigación halla a Julia Cortez, profesora jubilada que fue la última en hablar con el guerrillero y quien guarda secretos pasados y presentes.

Aún no ha terminado el rodaje de Los nombres de las flores en la cárcel de San Pedro, en un colegio de El Alto y en Milluni, pero las historias que actores, productores y equipo técnico tienen que contar alcanzan para nutrir otra película.

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