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Días de relax y navegación en Santiago de Huata

Para evitar la migración a las ciudades, el sacerdote Leonardo Giannelli armó una ruta turística que permite generar empleos para jóvenes catequistas.

Sosiego. Los pasajeros del catamarán Titicat II disfrutan de la navegación en medio del Lago Mayor del Titicaca, con una vista diferente del nevado Illampu. Foto.  Fotos: Álvaro Valero y Titicat Tours

Sosiego. Los pasajeros del catamarán Titicat II disfrutan de la navegación en medio del Lago Mayor del Titicaca, con una vista diferente del nevado Illampu. Foto. Fotos: Álvaro Valero y Titicat Tours

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R. / La Paz

00:00 / 13 de diciembre de 2017

Las dos horas de navegación parecen eternas sobre el cielo vuelto al revés del lago Titicaca, donde el sonido del silencio solo es turbado por el viento que choca en las velas y por el oleaje que impacta en el catamarán, una nave construida por los catequistas de Santiago de Huata. Ellos, dirigidos por el párroco Leonardo Giannelli, hallaron una alternativa de sustento con una oferta turística que combina el transporte de los visitantes en esta embarcación, la estadía en una casa relajante y una caminata hacia una isla.

Bajo el influjo del sacerdote italiano Basilio Bonaldi —antecesor de Giannelli—, hubo un tiempo en que cientos de niños llegaban a la parroquia Virgen de la Natividad para compartir juegos y asistir a catequesis. En ese grupo estaba Víctor Apaza, quien desde 1996 caminaba sin problemas 45 minutos todos los días para trasladarse desde la comunidad Pahana Mediana hasta la plaza principal de Santiago de Huata, provincia Omasuyos de La Paz.

Por las gratas experiencias vividas, cuatro años después se trasladó de manera permanente a la feligresía, con el resguardo y enseñanzas de Bonaldi y el hermano Juan Mamani. El religioso retornó a su país en 2003 y en su reemplazo arribó Leonardo Giannelli. Ese cambio no mermó la influencia de la Iglesia Católica en la población joven del lugar. “Cada domingo llegaban 600 niños y jóvenes de Ajllata, Santiago de Huata y Kalaque —rememora Víctor—; pero esa cantidad bajó de a poco”. En el intento por descubrir a qué se debía esa merma, hallaron que la razón estaba en la migración de las familias a las urbes.

 La capitana Hortensia Macías manipula el foque, mientras que Carlos Mamani mueve la vela mayor del catamarán.

Ante ese triste panorama, el cura pensó en el turismo como alternativa para que la gente se quede en su tierra. Por ello, en 2007, con la idea pero sin un proyecto claro, Leonardo gestionó la llegada de un compatriota suyo, quien durante un par de meses dictó cursos de navegación en el lago con un velero de siete metros de largo que trajo al país y al que bautizaron Caos.

Con el proyecto encaminado, el siguiente paso fue construir una embarcación que surcara las aguas del Titicaca. La idea primigenia era que la fabricaran en Escoma, pero el sacerdote decidió apostar por su gente, así es que, con la ayuda de los ingenieros Giuseppe Sfondrini y Paolo Lugidiani, los jóvenes internos de la parroquia trabajaron nueve meses para materializar aquel sueño. “Mientras la construíamos nos preguntábamos con mis compañeros si iba a flotar o no”, reconoce Víctor. Los comunarios tampoco tenían mucha fe en el proyecto. “Se acercaban, tocaban el material y decían que no iba a servir”.

A pesar de esos augurios, el Titicat I comenzó a navegar en mayo de 2011. “Ha sido una satisfacción muy interesante para nosotros, la gente no creía que lo habíamos hecho con nuestras propias manos”.

La embarcación hecha en Santiago de Huata sale del puerto.

La edificación del catamarán generó empleos en otras áreas, desde carpintería, pasando por mecánica hasta agricultura, lo que les permitió hacer una embarcación más, el Titicat II, y de esa manera cimentar el proyecto. Desde hace dos años, al menos 15 familias —que han formado parte de las actividades de la parroquia— han encontrado una razón para quedarse en Santiago de Huata como parte de la planta laboral de lo que hoy se llama Titicat Tours.

El relato de lo que sucedió y ocurre en la actualidad se desarrolla en la Casa Relax Chuquiñapi —el otro pilar del paquete turístico—, que antaño era vivienda de retiro y ahora es hospedaje para turistas, ubicado a unos minutos de la plaza principal de Santiago de Huata.

Como Víctor, Rómer Pary creció allí, pero emigró a La Paz para estudiar y volvió para hacerse cargo de la gastronomía del albergue, con platillos hechos con pescado, quinua y otros cereales andinos.

 Con el fondo del imponente Illampu, una mujer cosecha papa.

En la infraestructura de paredes blancas y techo de teja, una fuente de agua en medio del jardín contagia la tranquilidad de la zona, alejada del bullicio, con las hojas de los árboles que se mecen a capricho del viento y el sonar de las olas del lago, ideales para quienes desean distanciarse del ruido de la urbanidad. Ahí espera Luisa, la hija del hermano Juan, quien creció junto con Víctor y Rómer y ahora se encarga de la logística de la agencia turística.

Cuando invita a conocer la llamada “puerta del lago”, el visitante reacciona incrédulo, pues se trata de un pasillo en cuyo final está una puerta que, al abrirse, deja ver el Lago Sagrado, de modo que pareciera que solo basta con saltar para estar en sus aguas o quedarse ahí para contemplar el horizonte pintado de azul intenso.

Hace falta unos minutos de caminata desde el refugio para llegar al pequeño puerto donde aguarda el Titicat II, que los jóvenes construyeron en su totalidad. “Buenos días, soy la capitana Hortensia Macías”, se presenta la encargada de dirigir la nave. Ella, al igual que su esposo Carlos Mamani, aprendió en la parroquia todo sobre el manejo de este tipo de embarcaciones acuáticas. Tras la introducción, Hortensia y Carlos piden a los pasajeros ponerse los chalecos salvavidas y cerrar bien sus bolsillos, para que ninguna de sus pertenencias caiga en el agua.

El patio principal de la Casa Relax Chuquiñapi.

Con 8,5 metros de largo y 4,7 de ancho y una vela de 13,5 metros de alto, la embarcación se aleja de la tierra con ayuda de un motor, hasta que encuentra el fondo necesario para navegar sin ayuda de ningún mecanismo electrónico. En ese momento, Carlos se encarga del foque, mientras Hortensia maneja la vela mayor.

Ahí, en medio del azul del agua dulce, con la Isla del Sol al lado izquierdo que parece estar junto al Dragón Dormido de Santiago de Okola, y el imponente Illampu que se esconde entre las nubes del horizonte, tripulantes y pasajeros disfrutan de la tranquilidad del lugar, apenas interrumpida por el viento que golpea las velas y el oleaje que choca en la nave.

“¿Alguien se anima a conducir el catamarán?”, pregunta la capitana. El timón es de fácil movimiento, aunque muy flexible, por lo que Carlos recomienda dirigirse a un punto fijo, en este caso y ya de retorno, al puerto de donde salió la nave.

Tras regresar a la casa y disfrutar de un almuerzo que combina los alimentos de la región con el toque del chef Rómer, los invitados pueden disfrutar, desde uno de los dos comedores de amplios ventanales, de una inmejorable vista del lago.

Una visitante contempla, desde la isla Sunata, un atardecer en el Lago Sagrado.

Luego se dirigen al suroeste, hacia la isla Sunata, a la que se puede llegar a pie, ya que, dependiendo de la temporada, hay un camino seco o con poca profundidad.

El islote, que en época seca se convierte en bahía, es desierto debido a su difícil acceso y por las formaciones rocosas. Víctor relata que en ciertos momentos del año las olas son tan altas que los pescadores evitan entrar al Titicaca. Pero, un mito narra que una persona se arriesgó y entró a las turbulentas aguas que lo llevaron inconsciente hasta una gruta de la isla. Al despertar vio que en la playa había un grupo que bailaba morenada. Algo le decía que si apartaba la vista moriría, por eso se alejó echando coca y alcohol en su camino.

El lado derecho de Sunata recibe un fuerte viento proveniente de los valles de Sorata y Santiago de Okola, mientras que, al otro lado, el ambiente es agradable, ideal para entrar al agua y escuchar más historias de la isla, de Chuquiñapi, capitanes y catamaranes.

De uno a dos días de relax

Titicat Tours ofrece paquetes de uno y dos días, que incluyen la estadía en la Casa Relax Chuquiñapi, con alimentación de acuerdo con la época y la región; paseo en catamarán por el lago Titicaca y caminata hacia la isla Sunata para contemplar el paisaje lacustre. El costo del programa de día completo es de Bs 250 por persona, mientras que para dos días y una noche vale Bs 350. Para las reservas, llamar a los teléfonos 68048400 y 70544473,    o a través de Facebook en el muro de Titicat Tours.

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