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Diego Valdivia Ramos, anfitrión de la casa del rock

Su familia lo influenció para dibujar y escribir, pero optó por dedicarse a la administración de espacios donde se hace arte música.

Diego Valdivia Ramos. Ilustración: Frank Arbelo

Diego Valdivia Ramos. Ilustración: Frank Arbelo

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda / La Paz

00:00 / 01 de octubre de 2017

El rock siempre ha marcado los latidos de Diego Valdivia Ramos (37 años), gerente administrativo de Equinoccio. Desde niño, la relación con su papá estuvo mediada por las canciones de Bob Dylan y Los Beatles. “Mi papá era melómano, se fue a vivir a Estados Unidos cuando yo era adolescente y me mandaba copias de discos que se compraba. Después hablábamos por teléfono y escuchábamos los temas que más nos gustaban”.    

Parte de su familia está ligada a las artes. Uno de sus tíos es escultor y pintor, mientras que su primo Limberth Alarcón, gerente general del “Equi”, estuvo ligado al teatro. La pintura y el dibujo atrajeron primero a Diego, pero luego la letras de las canciones que escuchaba con su papá fueron cobrando importancia. “Me encontré con un señor, de esos elocuentes charladores, que me orientó a saltar a otro tipo de literatura, lejos de lo que leía en colegio”.   

Sin embargo, terminó inscribiéndose en la carrera de Auditoría. “Luego de un año ahí ya me quería cambiar, pero mi mamá me amenazó con botarme de la casa. Me quedé, pero no tenía ningún interés en eso”. Fiel a su rebeldía, se inscribió en Literatura sin decirle nada a nadie. Quería saber más sobre la estructura de las obras literarias que le gustaban, como Crimen y castigo o La metamorfosis.

Tras sacarle a la carrera de Literatura todo lo que le interesaba saber, Diego apuntó a satisfacer sus necesidades más inmediatas: hacerse independiente. Comenzó a trabajar en Caza Duende Café Arte, el pub que Alarcón había montado, para después convertirse en socio.     

Así comenzó su recorrido por la movida bolichera. En 2008, tras cerrar Caza Duende, tuvo la posibilidad de administrar Target Urbano. “Fue un espacio alternativo con el que introdujimos nuevos géneros, pero siempre me he basado en que no soy eterno, en que hay que cerrar ciclos. Así que en 2013 decidí aceptar ofertas por Target. Meses después, Limberth me llamó y me dijo: ‘Somos Equinoccio’ ”.

El hilo conductor de esta aventura es la música, que además le permite relacionarse con las personas de otra manera.

“Me gusta mucho la vida nocturna, creo que todos somos más honestos, más desinhibidos de noche. A pesar de que trabajar así también pasa factura, conocer gente es mi fuente de la juventud”.  

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