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Doña Bass

El restaurante que abrió en Oruro hace casi medio siglo empezó siendo un pequeño local. Ahora está en las guías internacionales y en su libro de visitas hay firmas de embajadores y expresidentes. Dueña del Nayjama.

Doña Bass

Doña Bass La Razón

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 22 de enero de 2012

Sentada en una mesa del restaurante que fundó hace 50 años, Basilia La Fuente mira por la ventana mientras toma un jugo. “Buscaba tener comida para mis hijos”, dice. Ésa era su única intención cuando encendió los fogones en el Nayjama, todo un referente de la gastronomía orureña desde hace años.

En aquel entonces, no se contaba con las facilidades de ahora: cocinaba en anafe con querosén y los pollos tenía que matarlos ella misma. En esa época, doña Bassy, como se la conoce, llegaba a las 6 de la mañana al mercado para proveerse de carne que, a esa hora, ya estaba cortada. “Ahora ve a las 08.00 y no está lista”.

El pequeño local de comidas ganó en tamaño y en prestigio. Sin embargo, “todos me decían que era a trasmano, que no me iba a ir bien…” Ahora, el Nayjama aparece recomendado en guías de viajes internacionales. Se ha hecho famoso “por la buena atención, porque yo nunca he hecho publicidad”, asegura la dueña.

La radio ambientaba el lugar en sus primeros tiempos. Ahora, melodías suaves suenan mientras los comensales disfrutan de platos como ‘El intendente’. “La música la elige mi hijo (Enrique)”, informa Basilia.

“Alguna vez me visitan de tiempo”. Y eso se corrobora al hojear el libro en el que los clientes le dejan mensajes: un señor alemán volvió después de 42 años a Oruro y no pudo dejar de ir a almorzar al Nayjama.

Además de cocinar, la otra pasión de doña Bassy es la escritura. Hace tres años, unió las dos y nació el libro Manual de Salud, Nutrición y Gastronomía. 330 recetas, en el que no sólo da a conocer los secretos de medio siglo tras los fogones, sino consejos para tener una vida y una dieta saludables. “Iba a La Paz a actualizarme” en cursos de nutrición, confiesa.

De entre todas las anécdotas que se acumulan tras décadas al frente del restaurante, doña Bassy rescata de la memoria la de unos extranjeros que llegaron un día para almorzar. Al ver que la mesa estaba llena de medicamentos, se acercó y preguntó si alguien estaba enfermo. “Y me dijeron: Es por su culpa. Ayer vinimos a cenar pero el restaurante estaba cerrado y tuvimos que ir a otro sitio”.

Aunque ya no cocina, Basilia acude a diario al Nayjama, que significa “como yo” en aymara. “Como yo te trato bien, trátame igual”, añade ella.

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