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Erick Schulze

Su amor por las Matemáticas se consolidó con dos maestrías, pero su vida en México, durante casi una década, desarrolló su pasión por la cocina y el buen comer. Matemático y amante de la cocina.

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre

00:00 / 02 de febrero de 2014

A primera vista uno puede confundirlo con el escritor chileno Antonio Skármeta, por su parecido físico, pero se trata del matemático boliviano Erick Schulze. Una de sus pasiones es el comer bien por lo que hace años se ha dedicado a desarrollar su gusto y habilidad por la cocina.

A sus 65 años este descendiente de  alemanes sorprende por sus habilidades culinarias: escabeches de hongos, curríes de trucha o zanahorias y sándwiches de todo tipo.

“Como las consultorías en mi área escasean, me dedico a preparar y vender por internet tortas (emparedados) mexicanas a través de [email protected], cuenta.

Al terminar la secundaria optó por estudiar Ingeniería Civil en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). “En tercer año había materias que no me gustaban como la de materiales de construcción y decidí dejar la carrera”. Ese año, se abrió la licenciatura en Matemáticas por lo que no lo dudó y se matriculó. “En algunas materias  era el único alumno”, asegura.

En 1969 se cerró la universidad, ese año a través de un vendedor de libros vio un folleto de un programa de Maestría en Chile.

“Escribí contando mi situación —me faltaba un año para la licenciatura— y la de mi universidad y me aceptaron”, recuerda.

Cuando se reabrió la universidad, Erick pidió al Consejo Universitario una beca para irse a Chile.

Expuso la oportunidad que tenía y lo conveniente que era en el aspecto económico, pues era más barato becarlo que pagar tres o cuatro profesores para él solo.

Después de aquella experiencia académica fue catedrático de la UMSA . En 1975 entró a trabajar al Instituto Nacional de Estadística (INE) que preparaba el Censo de 1976. Este trabajo le permitió  cursar una nueva maestría, también en Chile.  En 1980, se aventura ir a México para ser parte del Departamento de Desarrollo Estadístico. Junto con su esposa, sus dos hijas y su tercer hijo —que nació allí— el matemático radicó nueve años en el país azteca.

“Lo primero que hago cuando llego a un nuevo país es ir al mercado porque allí ves a la gente, ves cómo es y compras alimentos frescos y, como me gusta cocinar, es ideal y México fue maravilloso”, sentencia.

Pero Erick es más, puesto que además le gusta el tango, leer y tiene una biblioteca completa de libros de matemáticas. “También me gusta jugar rocambor (cartas)”, revela con  una sonrisa.

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