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La Razón / La Paz

00:00 / 26 de febrero de 2012

La niña Pollock y lo contemporáneo

Un cuadro de Marla Omstead se vendió a fines de 2003 en 250 dólares. Una periodista, Elizabeth Cohen, escribió entonces un artículo sobre la artista prodigio, en un periódico pequeño, que tuvo eco en The New York Times. Pronto, el galerista Anthony Brunelli bautizó a la artista como la “pequeña Jackson Pollock”. El mercado del arte posó entonces su mirada en la habitante de un pueblo del estado de Nueva York y, en octubre de 2004, las obras de Omstead se vendían en un promedio de 15.000 dólares, con listas de espera de hasta 70 coleccionistas de todo el mundo.  A inicios del año siguiente, ni un cuadro vendido. Típico caso de una artista que asciende y desciende en el competitivo mundo del arte moderno, aunque el verdadero dato importante de la historia es que la cotizada pintora tenía entonces cuatro años. La historia está documentada en el trabajo del realizador Amir Bar-Lev, que debía haber sido el registro de las vivencias de una niña extraordinaria, y que en el camino se convirtió en una comedia bufa sobre el sospechoso valor del arte moderno, sobre lo nefasto que puede ser el circo mediático y, sobre todo, en el testimonio de cómo se derrumba una familia completa cuando entra al tentador juego de la fama y el dinero fácil. Lo que sucedió es que la niña pintaba, efectivamente, pero como cualquier pequeña de su edad. Su padre, un pintor aficionado, era quien daba los toques ‘pollock’ a la obra. Las preguntas que ha dejado el caso son, a saber: ¿por qué los cuadros resultaron fascinantes y valiosos mientras  se pensaba en la niña prodigio y olvidables apenas se supo que un aficionado los hacía? ¿No es acaso la obra la que tiene el valor artístico?¿Qué parámetros, qué referentes se puede seguir en el cada vez más escurridizo arte contemporáneo? Con datos de El País de Madrid

Un mal de pobres aquejó a ‘La Negra’

Haidee Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán (Argentina) el 9 de julio de 1935. Fue conocida como “La voz de América” o “La Negra Sosa”. Procedente de un hogar humilde, a los 15 años participó en un concurso radial por insistencia de sus amigas y ganó, lo que marcó el inicio de una exitosa carrera. Murió el 4 de octubre de 2009 tras arrastrar la enfermedad de Chagas por casi 30 años. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay alrededor de 24 millones de personas infectadas por el mal que transmite la vinchuca en el continente americano, especialmente en regiones rurales o suburbanas. La picadura del mosquito suele darse en el ojo, que queda como con un moretón en el párpado hinchado. En el periodo latente, los parásitos en la sangre se reproducen e infectan el organismo: corazón, hígado, bazo o tubo digestivo. Las secuelas son irreversibles y pueden provocar cuadros asociados, como la insuficiencia cardiaca. La mejor manera de controlar la enfermedad es con la fumigación de las regiones donde viven las vinchucas. La Negra Sosa, que luchó desde su música contra la desigualdad social, murió a causa de una enfermedad propia del área rural y la pobreza. Dr. Aníbal Romero Sandóval, médico de Emergencias en el hospital. Los Pinos 

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