Escape

Escapes

La Razón (Edición impresa) / cultura.21Iinfernomagazine/EFE/Dr. Aníbal Romero Sandóval

00:00 / 30 de septiembre de 2012

El tiempo según Will Kentridge

Una de las obras más llamativas de la Documenta 13 ha sido la del sudafricano William Kentridge (1955). Su videoinstalación titulada The Refusal of Time (La negativa del tiempo), que trabaja sobre la noción del tiempo y la sumisión a su dictado, acaparó la atención de la prensa y, por ende, de quienes acudieron a la mayor cita del mundo con el arte contemporáneo. La Documenta se celebra en la ciudad de Kassel (Alemania) desde 1955, cada cinco años. Este 2012 rompió todo récord de asistentes, con casi 860 mil personas en 100 días. La obra de Kentridge, cuya preparación y resultado pueden verse gracias a YouTube (cultura.21), tiene dos versiones: una operística para ser representada en directo y otra para ser proyectada. Esta última se vio en Kassel: cinco pantallas dejando fluir una combinación del video y el dibujo —el artista es un gran ilustrador, famoso por sus dibujos animados—, la danza y la música. Los seres que aparecen moviéndose rítmicamente ilustran las múltiples formas en que se intenta escapar al paso del tiempo, es decir, al destino. El artista de Johanesburgo ha definido su trabajo: “Yo practico un arte político, es decir, ambiguo, contradictorio, incompleto, orientado hacia un propósito específico: un arte de optimismo mesurado que niega el nihilismo”. Con The Refusal of Time es posible darle cuerpo a esas palabras y, viendo y escuchando el tic tac del reloj, que suele dar una apariencia de seguridad, pensar en ello y observar el mundo con otros ojos.

El 16 de septiembre se produjo la clausura de la Documenta, que esta vez estuvo curada por la bulgaroestadounidense Carolyn Christov-Bakargiev, y que, fiel a una concepción amplia de arte, ha alternado obras conceptuales con fórmulas matemáticas y experimentos científicos.

Jobs y el cáncer de páncreas

Sus padres biológicos lo entregaron en adopción; la pareja de Paul y Clara Jobs le puso el nombre de Steve y crió como propio al niño nacido en San Francisco el 24 de febrero de 1955. El hijo creció, se educó y muy pronto, a los 26 años, era ya un millonario. En 1976, junto a un amigo de infancia, había fundado Apple y luego vendrían más empresas exitosas. En 2004 se le descubrió un cáncer pancreático de una variedad tratable. Como la enfermedad complicó otros órganos, incluyendo el hígado, fue sometido a un trasplante hepático. Sin embargo, la negativa de Jobs, en un principio, de recibir ayuda médica profesional para, en cambio, apelar a curanderos que le trataron con enemas y hierbas, le condenó a muerte, la que se produjo el 5 de octubre de 2011. El cáncer de páncreas tiene mayor incidencia en personas fumadoras o que abusan del alcohol, aunque Jobs no lo era. Por la proximidad con el páncreas, el hígado es el órgano más afectado. El dolor aparece cuando la enfermedad ya es incurable y afecta a un paciente depauperado, mal nutrido, en mal estado general. “La innovación distingue entre un líder y un seguidor”, “La muerte es posiblemente el mejor invento de la vida”, solía decir el genio de la informática.

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