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El edificio sostenible The Crystal, abierto por Siemens en Londres, a orillas del río Támesis. Foto de Maruxa Ruiz del Árbol, El País de Madrid.

El edificio sostenible The Crystal, abierto por Siemens en Londres, a orillas del río Támesis. Foto de Maruxa Ruiz del Árbol, El País de Madrid.

La Razón (Edición impresa)

00:00 / 21 de octubre de 2012

Un edificio como serán los de 2050

Allá por 2050, los edificios serán bajos, con techos alargados y rematados con varias puntas por los lados, con paredes de cristal para aprovechar la luz natural, tendrán molinos de viento cerca y paneles solares para generar su propia electricidad y contarán en su interior con ingenios tales como “sensores de confort” y “sensores de ocupación”. Al menos, así lo imagina Siemens que acaba de abrir a orillas del río Támesis, en Londres, una suerte de centro cultural desde donde soñar cómo serán las ciudades del futuro. Según la empresa alemana, el edificio, bautizado The Crystal, es “uno de los más sostenibles del mundo” y pretende dar ejemplo a sus visitantes que llegarán ante sus puertas en busca de soluciones para las ciudades del futuro. Desde alcaldes hasta colegios, comunidades de vecinos o ciudadanos individuales serán bienvenidos al edificio que se distribuye en dos partes. Por un lado, una exposición muestra los retos a los que se enfrentan las ciudades en los años venideros; por primera vez en la historia de la humanidad hay más personas viviendo en las ciudades que fuera de ellas, proporción que se incrementará en los próximos años, pasando de los 3,5 billones de habitantes en 2007 a los 4,7 previstos para 2030, lo que supondrá más del 60% de la población total. La otra parte del edificio son salas de conferencias donde se reunirán expertos de todo el mundo para tratar los problemas y encontrar soluciones. (El País)

Un cuento infantil sobre el frío letal

Nació el 2 de abril de 1805 en Dinamarca, en la cama de sus padres, la misma que improvisaron utilizando dos ataúdes, así de humilde era el hogar de Hans Christian Andersen. El padre fue zapatero y la madre lavandera; pero la extrema pobreza en que vivió no le impidió desarrollar su genio creador. Escribió cuentos infantiles, como La sirenita y El patito feo, que son conocidos en el mundo entero. Una de sus historias, Pequeña cerillera, trata de una niña que vende fósforos en la calle; una noche fría en que no consiguió vender nada, ella prende un fósforo y el calor del cerillo le sirve para imaginar lugares donde le hubiese gustado estar. Luego enciende otro y otro. La efímera luz le sirve de consuelo y da alas a su imaginación, hasta que ve caer una estrella, lo que le recuerda a su abuela, quien le enseñó que si una estrella cae, un alma sube al cielo. Pequeña niña vencida por el frío, se queda dormida y sueña con su abuela que viene por ella. “Al día siguiente la encuentran acurrucada en la nieve, muerta alrededor de sus cerillos”. La hipotermia o descenso de la temperatura corporal puede ser mortal. Es más frecuente en personas bajo efectos del alcohol o indigentes que pernoctan a la intemperie. El tratamiento debe ser gradual para evitar complicaciones: aplicar mantas, administrar líquidos calientes si el nivel de conciencia del paciente lo permite. Cuando la temperatura del cuerpo desciende a menos de 35°C, se llega al coma y la muerte sobreviene por falla orgánica múltiple. El autor murió el 4 de agosto de 1875, por lesiones graves sufridas al caer de su cama. Él decía: “Disfruta de la vida, hay mucho tiempo para estar muerto”. (Dr. Anibal Romero Sandoval, Emergencias Hosp. Los Pinos)

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