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‘Dustheads’, obra del pintor afroamericano Jean-Michel Basquiat fue vendida por Christie’s en $us 48,8 millones. Es el Basquiat más caro hasta ahora.

‘Dustheads’, obra del pintor afroamericano Jean-Michel Basquiat fue vendida por Christie’s en $us 48,8 millones. Es el Basquiat más caro hasta ahora.

La Razón

00:58 / 26 de mayo de 2013

Basquiat, de la calle al atelier

Es como el James Dean del arte contemporáneo. Murió joven, a los 27 años, aunque para entonces (1988) ya había deslumbrado a la crítica con su obra inscrita en la línea del graffiti movement. Jean-Michel Basquiat nació el 22 de diciembre de 1960 en Brooklyn (Nueva York), barrio en cuyos muros comenzó a expresarse. A los 19 años fue invitado a la exposición Times Square Show y salió a la luz una obra con referentes de Picasso, Pollock, el jazz y la cultura del África primitiva. Su temprana muerte, por efecto de una sobredosis de droga, le ha añadido el aura de los “cadáveres bellos”. En todo caso, la valoración de su trabajo acaba de confirmarse hace dos semanas en la millonaria subasta de Christie’s: 48,8 millones de dólares por Dustheads, lo que convierte a esta pintura en el Basquiat más caro. Cabe señalar que en 2002, la misma casa neoyorkina de subastas vendió Profit I, cuadro que el artista hizo cuando tenía sólo 21 años, por más de 5,5 millones de dólares. Dustheads es un trabajo de 1982. Un par de figuras fantasmales ocupan el espacio compuesto de pinceladas de acrílico entrelazadas con garabatos expresivos de oilstick, aerosol, esmalte y pintura metalizada. La robusta figura de la derecha, rendida al pigmento rojo sangre y recortada con un contorno blanco, lleva los brazos levantados en forma dramática. En contraste, la segunda, más rudimentaria, es casi una imagen de espejo o alter-ego de la primera. Theartwolf.com, www.christies.com y El País, Madrid

William Kemmler en la silla eléctrica

Migrante alemán en EEUU, William Kemmler no se destacó por su contribución a la comunidad; por el contrario, murió ejecutado por asesinar a su esposa con un hacha y en estado de ebriedad el 29 de marzo de 1889. Es el primer hombre ejecutado en la silla eléctrica, hecho producido el 6 de agosto de 1890. Antes, se apeló por lo cruel e insólito del castigo, pero tras el apoyo del científico Thomas Edison, se ejecutó al reo. El cuerpo de Kemmler se sacudió por 17 segundos de descarga eléctrica alterna, y se verificó que seguía vivo, así que se subió el voltaje. Quienes presenciaron el espectáculo no ocultaron el horror de la escena. Las quemaduras e incluso la muerte por contacto con la electricidad suele ser un motivo habitual de consulta en Emergencias. La primera medida es separar a la víctima de la fuente de energía, sin tocarla directamente, sino utilizando objetos que no conducen electricidad. Se debe realizar masaje cardiaco en caso de confirmarse que no hay latido. Ya en el hospital, hay que informar sobre el tiempo de exposición, si se cayó, de qué altura, si se golpeó la cabeza. Se solicitará radiografías de las lesiones, un electrocardiograma y, si corresponde, una tomografía de cráneo. Hay que cubrir las heridas con gasas y ungüentos, iniciar tratamiento del dolor y aplicar vacunas antitétanos. La cirugía está indicada en caso de injertos o para retirar el tejido muerto. La forma de morir de William Kemmler ayudó a establecer la distribución de electricidad alterna que se usa hoy en los domicilios, idea propuesta por George Westinghouse. Dr. Anibal Romero Sandoval, Emergencias Hosp. Arco Iris

¿Qué libro comienza así?

Filomeno Cuevas, criollo ranchero, había dispuesto para aquella noche armar a sus peonadas con los fusiles ocultos en un manigual, y las glebas de indios, en difusas líneas, avanzaban por los esteros de Ticomaipú. Luna clara, nocturnos horizontes profundos de susurros y ecos.

¿De qué film es el diálogo?

— Papá, ¿me voy a morir?

— No hijo mío, no te vas a morir. Pronto te pondrás bien

— Pues no siento nada, nada más que las manos, ¿es que ya se ha muerto parte de mi cuerpo?

— No mi vida, ahí fue donde el caballo te hirió, pero te vas a curar en seguida.

— Papá, si me muero ¿iré al cielo?

— Claro, mi vida, que irás al cielo. Pero no te vas a morir.

Soluciones: Respuestas del 12/05/13, en la pág. del Escapegrama. escape@la-razon.com

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