Escape

Escapes

La sala principal del Unsicht-Bar, para unos 150 comensales, es un verdadero secreto. Nadie, excepto los trabajadores videntes, conoce su apariencia a la luz del día. Nadie lo ha filmado, no existen cámaras de seguridad y ni la prensa ni los amigos pueden visitarlo si no es en la oscuridad.

La sala principal del Unsicht-Bar, para unos 150 comensales, es un verdadero secreto. Nadie, excepto los trabajadores videntes, conoce su apariencia a la luz del día. Nadie lo ha filmado, no existen cámaras de seguridad y ni la prensa ni los amigos pueden visitarlo si no es en la oscuridad.

La Razón

01:13 / 07 de julio de 2013

Cena a oscuras en Berlín

“Buenas noches, soy Markus, hoy seré su camarero durante toda la velada. Apaguen los teléfonos, dejen en el guardarropa cualquier aparato que emita luz y síganme apoyando sus manos en mis hombros”. Así empieza la cena en uno de los restaurantes más originales de la noche berlinesa: el Unsicht-Bar. Lo que viene después es totalmente imprevisto, ya que el servicio y la degustación se llevan a cabo en la más completa oscuridad. La falta de luz es, por supuesto, el plato más fuerte y llamativo de este local (en alemán unsichtbar significa invisible), pero también la comida. Después de ser recibidos por el personal y antes de pasar al comedor, los clientes eligen menú en el bar. La única guía en la carta es una descripción más bien figurada del tipo plato de ternera con “un delicado aristócrata que se une al mundo del hampa francés en un mar rojo de sensualidad”. Y así hasta cinco menús: otro con carne de ave, uno vegetariano y el atractivo “menú sorpresa”. La cena suele durar unas dos horas y sólo después, cuando el cliente vuelve a ser conducido al bar, se le dice qué ha comido, lo que provoca reacciones inesperadas: quizás alguien descubre que le ha gustado algo que nunca hubiera comido o se sorprende al conocer el ingrediente principal de un plato que nunca hubiera adivinado. El precio varía entre los 40 y los 60 euros (de 52 a 78 dólares) por persona. El País, Madrid

Lenin, un cadáver muy turístico

La tumba de Vladimir Ilich Ulianov Lenin, en el mausoleo que está en la Plaza Roja de Moscú, es uno de los más famosos atractivos turísticos de la capital rusa, según confirma la BBC, ahora que el sitio ha reabierto tras una refacción en 2012. El cuerpo embalsamado ha sido exhibido durante casi 90 años tras la muerte del líder de la revolución comunista en febrero de 1924. El político ruso, abogado de profesión, alimentó ideas en contra del régimen zarista después de la ejecución de su hermano, acusado de conspiración en 1893. Las circunstancias de la I Guerra Mundial ayudaron a impulsar los planes que en 1917 determinaron la derrota del tal régimen. Lenin murió tras quejarse de insomnio, dolores intensos de cabeza, falta de concentración e intolerancia a sonidos como la música de violín. Los síntomas se atribuyeron al exceso de trabajo, pero luego se manejaron diferentes hipótesis: neurosífilis, arterioesclerosis, accidente cerebrovascular o intoxicación por plomo. La causa sigue siendo un misterio; pero no parece importar frente al cadáver que además tiene una réplica, a la que se ha añadido un dispositivo que le hace ver como si respirase y que está en el nuevo museo URSS (siglas de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Dr. Anibal Romero Sandoval, Emergencias Hosp. Arco Iris

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