Escape

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La Razón

00:00 / 15 de septiembre de 2013

Kazban, artista de la melancolía

Son grises, o tal vez verdosas. También parece que llevaran años guardadas en una caja en la que se han colado el polvo y el tiempo. Lo que irradian, sí o sí, es una fuerte melancolía. Así son las fotografías de Yulia Kazban. Tal vez sea porque esta artista nacida en Ucrania en 1983, pero residente en Rusia desde muy joven, y bióloga de formación, usa tan sólo cámaras viejas. Tiene más de diez, pero todas con muchos años en sus lentes. Son analógicas, por supuesto. “No hay belleza en las fotos digitales”, dijo a la revista Calle 20. Y, además, revela utilizando la técnica litográfica. Hasta su libro favorito es añejo: Hagakure (La senda del samurái), escrito por Yamamoto Tsunetomo en el siglo XVII. Dice que la única forma de dominar la cámara es “fotografía, fotografía y fotografía”. O sea, practicar, observar el trabajo de otros, ver películas, pinturas... También hay que decir que el amor por las fotos no le viene de la nada: sus padres, como ella, eran aficionados a capturar lo que veían y luego revelaban las imágenes en un cuarto oscuro de su casa. Allí, Kazban (nombre del usuario de Yulia en Flirck, la red social de fotos en la que tiene mucha actividad) aprendió a querer este arte. Personajes anónimos, que a veces parecen rescatados del baúl de los recuerdos, de miradas penetrantes o bien huidizas, son los más frecuentes en sus trabajos. Pero también hay escenas, desde una solitaria cama con una gorra abandonada sobre ella a un tétrico bosque. Es la artista de la melancolía.

El rey Balduino y la lepra

Balduino fue el sexto rey de Jerusalén, hijo de Amalarico I y Agnes de Courtenay. Nació en 1161. Se le asignó un tutor, Guillermo del Tiro, al cumplir los nueve años. Él sería quien describiría la enfermedad del monarca. Balduino fue coronado con 13 años tras la prematura muerte de su padre. La lepra empezó a manifestarse durante sus prácticas de esgrima: no sentía los golpes en el brazo. Esto llamó la atención de su tutor, que quiso tratarlo con médicos árabes. Las lesiones de su piel confirmaron el diagnóstico: lepra, que le incapacitó para llevar a cabo algunas tareas propias de su cargo en aquel entonces, como cabalgar dirigiendo a las tropas. Pudo combatir contra Saladino en 1177 y lo derrotó. En 1183 su salud empeoró: perdió la vista y la capacidad de mantenerse en pie y le daban fuertes fiebres. Su recio temperamento lo mantuvo en el trono hasta su muerte, a los 24 años, por la infección de las úlceras de su piel. La lepra es una enfermedad que se transmite por bacterias que afectan a la piel y los nervios. Desde su contagio hasta que se presentan los síntomas pasan al menos tres años. Cuando se la trata oportunamente no deja secuelas. Las primeras manifestaciones son cambios en la coloración de la piel, que puede estar blanquecina, roja o de color cobre. Estas partes pierden sensibilidad al calor, tacto y dolor. Balduino no dejó herederos porque en su época se creía que el sexo empeoraba los síntomas. Dr. Aníbal Romero Sandoval, Emergencias Hosp. Arco Iris.

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