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La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 09 de marzo de 2014

El Big Bang cumple 50 años

Hay veces que el descubrimiento científico llega por donde menos se espera. En el caso de Arno Penzias y Robert Wilson ni siquiera sabían lo que tenían en sus datos hasta que les hablaron de especulaciones que venían haciendo los físicos teóricos sobre los primeros tiempos del universo. Resultó que su hallazgo y aquellas hipótesis coincidían tanto que la entonces incipiente teoría del Big Bang convenció en el mundo científico, al tiempo que revolucionó la visión cosmológica de la humanidad. El universo, en el siglo XX, dejó de ser estático (para casi todos) e inmutable, para adquirir una historia, una evolución y un principio. Fue hace 50 años y los hechos de aquella primavera del descubrimiento de Penzias y Wilson de la radiación de fondo de microondas, a veces llamada el eco del Big Bang, siguen siendo fascinantes. El País lanza un avance: la Institución Smithsonian recordaba “cómo dos palomas ayudaron a los científicos a confirmar la teoría del Big Bang”. “Empezamos buscando un halo alrededor de la Vía Láctea y encontramos otra cosa”, recuerda Wilson.

“Cuando un experimento va mal, normalmente, es lo mejor, lo que vimos fue mucho más importante que lo que estábamos buscando: fue realmente el principio de la cosmología moderna”. En 1978, recibió, con Penzias, el Nobel de Física. Entre los científicos interesados en el cosmos la efervescencia venía desde el descubrimiento de Edwin Hubble, en 1929, de que las galaxias en el universo están alejándose unas de otras y, cuanto más lejanas, mayor es su velocidad de recesión.

El mal que llevó a Alfonsina al mar

Alfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1892 en Sala Caprisiaca, Suiza. Fue la tercera hija de una familia de migrantes suizos que se estableció en Rosario, Argentina, se destacó en la poesía. Hacia 1907 llegó un teatro ambulante a esa ciudad y por una noche Alfonsina encarnó el papel de una actriz, permaneció en el elenco hasta terminar la gira. Regresó a Rosario para terminar su formación de profesora rural y para 1911 migró a Buenos Aires, ahí comenzó a relacionarse con el medio poético. En  1916 publicó el poemario El Rosal; en 1918 recibió la medalla de Miembro del Comité Argentino Pro Hogar de los Huérfanos Belgas; su libro Languidez publicado en 1920 le hizo acreedora al Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura. Para 1925 trabajó para la creación de la Sociedad de Escritores Argentinos; sin embargo, sus actividades fueron interrumpidas por el diagnóstico de un cáncer de mama, que le operaron el 20 de mayo de 1935. Tras la cirugía, la incertidumbre y el temor por su enfermedad terminaron con ella, es así que la madrugada del 25 de octubre de 1938, Alfonsina se dirige a la escollera de Mar del Plata para no regresar más, su cadáver fue encontrado por dos obreros esa misma mañana. Cuando se está ante un paciente con un mal terminal, se deben tratar —además la enfermedad— la salud mental, para la aceptación de que la muerte pueda ocurrir en cualquier momento. Esto puede desencadenar una conducta suicida en el paciente que se debe identificar y tratar oportunamente. Alfonsina Storni decía: “Bravo león, mi corazón tiene apetitos, no razón”. Dr. Anibal Romero Sandoval, Emergencias Hosp. Arco Iris.

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