Escape

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Este es el Tesla Model S de Seergey Brin, uno de los cofundadores de Google. La ostentación, que es casi imposible que pase desapercibida, ha llamado la atención a tal punto que en San Francisco algunos sectores han levantado sus voces de protesta y rechazo. Foto: www.forbes.com

Este es el Tesla Model S de Seergey Brin, uno de los cofundadores de Google. La ostentación, que es casi imposible que pase desapercibida, ha llamado la atención a tal punto que en San Francisco algunos sectores han levantado sus voces de protesta y rechazo. Foto: www.forbes.com

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 27 de abril de 2014

La riqueza de Silicon Valley

Llevar a Ja Koum a la portada de Forbes es una elección evidente. El cofundador de WhatsApp, como dicen sus editores, representa el sueño americano. Emigró de niño con su familia desde Ucrania, tuvo que guardar cola para poder hacerse con cupones de alimentos y ahora aparece en el puesto 202 de su lista de multimillonarios, con una fortuna de $us 5.000 millones. Este tipo de historias de éxito encantan a los jefes de Estado de todo el mundo, que pasan en comitiva para cortejar a Silicon Valley buscando ideas para replicar. Pero Koum también refleja la “burbuja social” que crece en torno a los techies, donde el coche de moda es el sedan eléctrico de lujo Model S de Tesla. La foto de Sergey Brin, cofundador de Google, al volante de uno de color fucsia, tuneado como si fuera de Batman y decorado con pestañas de acero en los faros delanteros, corrió como la pólvora y no hizo precisamente gracia, reporta El País. San Francisco, según un estudio de la Brookings Institution, es la ciudad donde creció más la desigualdad en los últimos cinco años. La brecha está generando un intenso debate, mucha rabia y enérgicas protestas. Las paredes y puertas de los garajes de varias casas en Atherton, el barrio más caro en todo EEUU, según Fortune, aparecieron hace pocos días, justo después de conocerse que Facebook compró WhatsApp, con pintadas en las que se podía leer: “Que jodan al 1%”. Allí viven varios de los grandes ejecutivos de empresas del sector tecnológico. Los vecinos que tienen menos no son los únicos que ponen el grito en el cielo. John Oliver, que durante unos meses estuvo al frente del programa Daily Show de Jon Stewart, aprovechó una gala anual en San Francisco dedicada a la innovación tecnológica para mofarse de la élite de Silicon Valley. “Ya no son los desvalidos”, dijo a la audiencia, “no solo por lo que hacen ustedes en el trabajo, sino por cómo van a trabajar”. Se refería a los servicios de autobús privado.

Cleopatra eligió veneno de áspid  

Cleopatra fue la última reina de Egipto, nació el 69 a.C., hija de Ptolomeo XII Auletes y Cleopatra V de Trifena. Asumió el trono a sus 18 años, el 51 a.C., junto con su hermano de 12, con quien tuvo que casarse, como era la costumbre en esa época. El adolescente Ptolomeo XIII antes que atender los asuntos de gobierno se dedicaba a la vida licenciosa, lo que desató una guerra interna entre los hermanos esposos. La balanza se inclinó a favor de ella al seducir a Cayo Julio César. El asesinato de Julio César el 44 a.C. debilitó la posición de Cleopatra y ella recurrió a otro general romano para consolidar su poder, así apareció en escena Marco Antonio, con quien regresó triunfante a Egipto. La situación se tornó tirante en Roma porque la relación no era bien vista por Octavio; sin embargo, los amantes continuaron juntos pese al rechazo del entorno de Marco Antonio. Tuvieron gemelos —Alejandro el Sol y Cleopatra la Luna—. El general se suicidó al ser mal informado de la muerte de Cleopatra. La viuda temió caer bajo el poder de Octavio e intentó seducirlo; tras fracasar ordenó a sus sirvientes traer en un cesto a una áspid, una especie de serpiente venenosa común en Egipto. Murió por la mordedura el 30 a.C. Lo importante tras el ataque de una serpiente es tranquilizar al paciente, recostarlo, no aplicar frío en la herida ni torniquetes, tampoco tratar de succionar el veneno. Se debe evacuar al paciente a una sala de emergencias para aplicar suero antiofídico y evitar complicaciones. Se dice que a Octavio no le gustó la nariz de Cleopatra. “El tamaño de una nariz cambió la historia del mundo”, según el historiador romano Plutarco. Dr. Aníbal Romero Sandóval, Emergencias Hosp. Arco Iris

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