Escape

Escapes

Estas construcciones rodantes estaban revestidas de madera o lienzo. Algunas tenían incluso toldos extensibles que cubrían el espacio de agua en el que chapoteaban sus usuarios, para evitar miradas ajenas una vez que las personas estaban refrescándose. Todo un trámite para disfrutar de un baño en el mar. Foto: www.retronaut.com

Estas construcciones rodantes estaban revestidas de madera o lienzo. Algunas tenían incluso toldos extensibles que cubrían el espacio de agua en el que chapoteaban sus usuarios, para evitar miradas ajenas una vez que las personas estaban refrescándose. Todo un trámite para disfrutar de un baño en el mar. Foto: www.retronaut.com

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 20 de julio de 2014

De la caseta de baño al biquini

Cada vez se lleva menos ropa para ir a la playa. Cuanto mayor cantidad de piel pueda ser bronceada por el sol y menores sean las marcas de ropa sobre ella, mucho mejor. Sin embargo, no siempre fue así. Antes de los triquinis, biquinis y penekinis e, incluso, anteriores a las recatadas mallas de las primeras décadas del siglo XX, la gente no se dejaba ver por la orilla del mar en traje de baño, pero no por ello renunciaban a darse un refrescante chapuzón. En la Inglaterra victoriana (mediados del siglo XVIII) se hicieron habituales las bathing machines o casetas de baño. Una vez junto al mar, los veraneantes se metían a estas casetas por una puerta, con su ropa de calle. Adentro se cambiaban y colocaban sus castos (pero entonces, no bien vistos) trajes de baño.

La casetas, de madera y tiradas por caballos, llegaban hasta la orilla. Entonces las personas salían por la puerta trasera para meterse, bajando una escalerilla, directamente en el mar. Había casetas para hombres y otras para mujeres, pero no se mezclaban. De hecho, en las playas de Reino Unido hubo segregación por sexos hasta 1901. Según una nota del 26 de mayo de 1906 publicada en el periódico británico The Guardian, los bañistas pasaban una parte del día playero esperando que hubiera caseta disponible porque, sin ella, nadie (al menos, la gente “bien”) se bañaría. Y, además, la escalerilla temblaba.

La cornada que mató a ‘Paquirri’

El torero español Francisco Rivera, Paquirri, nació en España en la comunidad Zahara de los Atunes el 23 de marzo de 1948, en una familia con tradición taurina, su hermano y su padre también eran espadas de la tauromaquia. Recibió la Alternativa (ceremonia en la que se gradúa como matador) de manos de Paco Camino. Se casó con Carmen Ordóñez y posteriormente con Isabel Pantoja, con ambas tuvo hijos, quienes siguieron la tradición del padre. La tarde del 26 de septiembre de 1984 en la Plaza de Toros de Pozoblanco sufrió una cornada de Avispado, la herida del toro le desgarró la arteria femoral y causó su muerte. Casi no recibió atención médica después de la cornada, murió al llegar al Hospital Militar de Córdova. Una herida según el lugar en donde asienta puede llegar a ser fatal al seccionar una arteria importante, el paciente presenta alteración del estado de conciencia, hay palidez de la piel, ésta se pone fría y sudorosa, el corazón late desesperadamente tratando de compensar la falta de sangre, la presión arterial desciende y, finalmente, se produce la muerte. Se debe presionar directamente sobre la herida, nunca hacer torniquetes ya que complican el resto de la extremidad, y llevar al afectado inmediatamente a un centro médico, donde se aplicarán puntos de sutura y se repondrá la sangre perdida. Antes de su entierro en el cementerio de San Fernando, Paquirri fue llevado a la plaza de toros La Maestranza de Sevilla donde miles de aficionados le dieron el último adiós. Dr. Aníbal Romero Sandoval, Emergencias Hosp. Arco Iris

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia