Escape

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Con el dispositivo, la absorción del medicamento es mejor que con la tradicional inyección subcutánea o intramuscular. Para las moléculas que son especialmente difíciles de absorber, ésta sería una manera de administrarlas de forma más eficaz. Foto: Elpaís.com

Con el dispositivo, la absorción del medicamento es mejor que con la tradicional inyección subcutánea o intramuscular. Para las moléculas que son especialmente difíciles de absorber, ésta sería una manera de administrarlas de forma más eficaz. Foto: Elpaís.com

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 19 de octubre de 2014

Inventan píldora con agujas

Una píldora erizada de agujas puede ser la próxima vía para administrar fármacos inyectados. El dispositivo, diseñado por investigadores estadounidenses del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y el hospital general del mismo Estado, se ha probado en cerdos, y ha demostrado más eficacia en liberar insulina (medido por el nivel de glucosa) que las tradicionales inyecciones intramusculares.

El diminuto aparato (dos centímetros de largo por uno de diámetro) consta de un depósito para la medicación que se conecta a una serie de pequeñas agujas de cinco milímetros que lo inyectan cuando se clavan en las paredes del estómago o los intestinos. El truco para evitar que se clave antes está en que las agujas están recubiertas de una capa de material acrílico que se disuelve con los ácidos del estómago. Así puede pasar por la boca y el esófago como una píldora cualquiera. En los ensayos —hechos con cerdos— se vio que las cápsulas tardaban un día en salir del organismo, y que por el camino no causaban daños apreciables. 'Como no hay receptores del dolor en el tracto intestinal, el paciente no sentiría los pinchazos', señala el MIT en una nota publicada en El País. El sistema puede servir para administrar moléculas biológicas grandes (proteínas, enzimas, anticuerpos, vacunas) que si fueran ingeridas sin más serían desnaturalizadas (digeridas) por la combinación de las enzimas digestivas y el ácido estomacal.

La herida mortal de Barbanegra

Edward Teach, el popular Barbanegra, habría nacido en Bristol, actual EEUU hacia 1680, aunque algunas fuentes indican que nació en Jamaica. Se dedicó a la piratería aprovechando sus conocimientos en marinería gracias a su trabajo previo en la Royal Navy. Se le atribuye el ataque al puerto de Charleston en Carolina del Sur en mayo de 1718 aprovechando su alianza con el Gobernador de Carolina del Norte, la que pagaba dando un porcentaje de sus botines al mismo gobernador norteño. Cuando este pirata abordaba alguna embarcación para saquearla, solía sujetar mechas de pólvora de cañón de su sombrero y las encendía, éstas humeaban en su rostro desdibujado por su barba enmarañada, dándole un aspecto diabólico. Fue perseguido por oficiales de Virginia y luego de una emboscada cayó en batalla enfrentándose con el teniente Robert Maynard, en la que Barbanegra resultó víctima de múltiples heridas por bala de arcabuz y otras tantas de sable. Cuando una persona sufre una herida por arma blanca, lo más lógico en ese momento parece ser quitar el arma del sitio de la herida. Sin embargo, esta acción puede terminar de matar a la víctima, este mismo puñal en el sitio de la lesión actúa como un tapón que evita la hemorragia, no se debe remover el objeto una vez introducido en el cuerpo, se debe acudir a una sala de emergencias y es ahí donde se realiza una tomografía. Dr. Anibal Romero Sandoval, Emergencias Hosp. Arco Iris

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