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El punto de partida de Einstein no puede ser más simple e intuitivo. “Estaba sentado en la oficina de patentes de Berna, en 1907, cuando, de repente, me vino una idea: una persona en caída libre no sentirá su propio peso. Quedé sorprendido. Esa idea me impulsó hacia una teoría de la gravitación”.  Foto: pbs.org

El punto de partida de Einstein no puede ser más simple e intuitivo. “Estaba sentado en la oficina de patentes de Berna, en 1907, cuando, de repente, me vino una idea: una persona en caída libre no sentirá su propio peso. Quedé sorprendido. Esa idea me impulsó hacia una teoría de la gravitación”. Foto: pbs.org

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 22 de marzo de 2015

La belleza celebra un siglo

El científico británico Francis Crick decía que el único filósofo de la historia que ha tenido éxito es Albert Einstein. La afirmación pretendía sobre todo irritar a los filósofos, pero también recoge un elemento de asombro –común entre los físicos— sobre la forma en que Einstein llegó a formular la relatividad general, su gran teoría sobre la gravedad, el espacio, el tiempo y el cosmos, que acaba de cumplir cien años. Porque Einstein partió menos de los datos que de la intuición, menos del conocimiento que de la imaginación, y pese a todo llegó a una teoría que no solo se ha mostrado en extremo eficaz y fructífera, sino que se reconoce entre sus colegas como la más bella de la historia de la ciencia. Que la belleza tenga algún papel en la ciencia es algo que deja perplejo a casi todo el mundo. La ciencia, según la percepción común, es el terreno del cálculo preciso, la observación rigurosa y el razonamiento implacable, y no se ve muy bien qué pueden pintar en ese marco las consideraciones estéticas, informa El País. Las matemáticas de la relatividad general son de una dificultad disuasoria para el lego, pero el punto de partida de Einstein no puede ser más simple e intuitivo. Con toda su hermosura y delicadeza, con toda su intuición y clarividencia, la relatividad general habría acabado en el contenedor del papel reciclado en el mismo instante en que sus predicciones contradijeran el duro y hosco mundo de ahí fuera. La ciencia no es discípula del genio, sino esclava del mundo.

Insuficiencia en Federico Moura

Federico José Moura Oliva nació en La Plata, Argentina. Fue un músico, compositor, productor y diseñador de ropa. Incursionó por la arquitectura y la moda de vanguardia durante la década del 70, pero a los 19 años encontró su verdadero destino, al ser convocado para ocupar la voz líder del conjunto de nueva ola Duro, que integraban sus hermanos Julio (guitarra) y Marcelo (tecladista). Con idéntico repertorio, pero ya con el nombre definitivo de Virus, la banda tuvo su debut oficial el 11 de enero de 1981. Federico tuvo un rol fundamental dentro de la música popular, ya que su banda dio una apertura a otros estilos e incorporó la electrónica y letras camufladas en sus canciones de rock. Sus mayores éxitos fueron Luna de miel, Sin disfraz y Amor descartable. A principios de 1987, en el mejor momento de su carrera musical, Moura recibió la noticia de ser contagiado por VIH.El cantante finalmente murió como consecuencia de una insuficiencia cardiorrespiratoria el 21 de diciembre de 1988. La mortalidad de la insuficiencia cardiaca es similar o incluso superior a la de muchos cánceres. Suele ocurrir por progresión de la enfermedad, aunque la muerte súbita se ha descrito como una causa frecuente. Es una enfermedad de pronóstico infausto y su aparición marca con frecuencia la fase final de muchos procesos, entre los que destaca la cardiopatía isquémica. Si un paciente entra en este estado la muerte es inminente, por lo tanto requiere de intervención inmediata a través de reanimación cardiopulmonar.

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