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Esmeralda Paucara

Trabaja en compañía de sus dos hijos atendiendo a pacientes que llegan hasta la Federación de Trabajadores de la Prensa. Servir es lo que gusta de su profesión. Enfermera con vocación de servicio.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose

00:00 / 29 de junio de 2014

La enfermedad de su hermano, que lo tuvo dos años en proceso de recuperación, fue el motor que impulsó a Esmeralda Paucara a formarse como enfermera. Ese proceso de apoyo familiar le despertó la vocación de servicio, asistencia y guía a quienes necesitan cuidados médicos. Actualmente,  con 32 años y dos hijos (un niño de ocho años y una niña de tres), ella se dirige todos los días a la calle Campero, ubicada a unos cuantos pasos de El Prado paceño. Ahí queda la Federación de Trabajadores de la Prensa de La Paz (FTPLP), que es donde se desarrolla como profesional desde hace siete años.

En la Federación, Esmeralda organiza la agenda de diez doctores de diferentes especialidades que van desde la Medicina General e Interna, hasta Cardiología, Traumatología, Pediatría, Psicología, Dermatología, Odontología, entre otras.

Lo que hace feliz a Esmeralda es atender a los pacientes. Cuenta que una vez que terminó la carrera, trabajó en un consultorio privado y en el Hospital de Clínicas.

“Después del instituto me he ido a trabajar a un consultorio privado de un médico que me enseñó a tomar la presión y a tratar con los pacientes porque en las aulas generalmente no enseñan eso”.

Sus primeras prácticas las hizo en el Hospital de Clínicas, donde vio de cerca la carencia  de médicos y enfermeras, además de la  falta de supervisión a los principiantes.

 Esmeralda desarrolló una rutina diaria en la que conjuga el servicio y el cuidado de sus hijos. “Gracias a Dios, ellos están aquí en el centro  conmigo”.

Ghianella (3) la acompaña desde el inicio de su jornada laboral. Ella se distrae en el consultorio mientras su mamá atiende a los pacientes que llegan con diferentes  dolencias o necesidades de atención. De este modo, la niña hace varios amigos y siempre, cuando vuelven, está alguien para recibirles con esa su tierna sonrisa.

En la tarde, Ethan (8) se une al equipo. Esmeralda lo recoge de la Unidad Educativa República Argentina, que afortunadamente para ella, queda al lado de su trabajo.

El niño aprovecha de hacer sus tareas escolares hasta que sea la hora de volver a casa, en la zona de Achachicala, para reencontrarse con su papá, Iván Mamani.                     

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