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FELIZ 110 WALT DISNEY

Hago películas para entretener y luego los académicos me dicen lo que significan”, comentaba Walter Elias Disney sobre las interpretaciones de sus historias. Este 5 de diciembre se cumplen 110 años del natalicio de este hombre que revolucionó la animación y el cine.

La Razón / Gemma Candela

04:00 / 04 de diciembre de 2011

Fue en 1901 en la ciudad estadounidense de Chicago. Su familia, modesta, se mudó a una granja cuando él tenía 5 años. Allí empezó a desarrollar su gusto por el dibujo. Al poco tiempo, los Disney volvieron a cambiar de residencia, en esta ocasión a Kansas. Allí, con nueve años, Walter se levantaba a las tres y media de la mañana, junto con su hermano Roy (que luego se convertiría en su socio de por vida), para ayudar a su padre a distribuir por las calles el diario local Kansas City Star. Allí comenzó sus estudios en una escuela de arte y, cuando estalló la I Guerra Mundial (1914-1918), mintió sobre su edad para poder enrolarse en el servicio de ambulancias y marcharse a Francia.

La quiebra lo llevó a Hollywood

A su regreso, sus familiares habían vuelto a Chicago, pero él prefirió instalarse en Kansas, donde conoció a Ub Iwerks, con el que constituyó una pequeña empresa de anuncios que sólo duró un mes. Ambos se pusieron a trabajar en otra compañía y, al mismo tiempo, Walter creó Newman Laugh-O-Grams, productora de publicidad e historias animadas, que también quebró.

Por ello, el joven decidió marcharse a Hollywood para convertirse en director de cine. En 1923, Walter y su hermano Roy fundaron Disney Brothers Studios. Contrataron animadores y así Walter pudo centrarse en la dirección. Dos años antes de dibujar al famoso Mickey Mouse (1928), la empresa fue renombrada como Walt Disney Studios (tomando el diminutivo del nombre de Walter) y se trasladó a la avenida Hyperion.

En 1929 crearon otro de los personajes míticos de la casa: el Pato Donald. La factoría Disney había arrancado su imparable ritmo como fabricación de sueños. Sin embargo, no fue hasta 1937 cuando la compañía consagró su nombre gracias al primer largometraje de dibujos en color: Blancanieves y los siete enanitos. Costó millón y medio de dólares y su duración era de 83 minutos. Se dijo de ella que era la “locura” de Walt. Nadie creyó que una película así fuera a ser aceptada en aquella época. Pero la versión edulcorada del cuento de los Hermanos Grimm no sólo gustó, triunfó. Tres meses después de su estreno, 20 millones de personas la habían visto. Fue la cinta más exitosa hasta que la desbancó Lo que el viento se llevó (1939).

El año en que se estrenó el célebre filme protagonizado por Vivien Leigh y Clark Gable, Walt recibió el Oscar Especial de manos de la actriz Shirley Temple: una estatuilla acompañada de otras siete de menor tamaño. Además, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos eligió a Blancanieves y los siete enanitos como una de las 25 cintas imprescindibles de preservar.

Posteriormente, Walt dirigió otras versiones de cuentos como Bambi, Pinocho o La Cenicienta. Pasaron 20 años y casi una treintena de películas hasta que pudo hacer la que siempre había querido. Estaba previsto que Peter Pan fuera el segundo largometraje tras Blancanieves. Sin embargo, el director de dibujos quiso esperar a alcanzar un nivel óptimo en el manejo de las técnicas de animación para dar vida al personaje del niño pelirrojo vestido de verde que vuela y vive en el país de Nunca Jamás. En el año 2007 se descubrió en el Archivo Disney un documento escrito para una revista por el propio Walt, hace 54 años, en el que explicaba por qué hizo su versión del cuento de James M. Barry, en 1953.

Su abuela y las sesiones de cuentos

De niño, la portentosa imaginación de Walt se alimentó durante las sesiones de cuentos de Hans Christian Andersen y de los Hermanos Grimm que su abuela le contaba con él sentado en sus rodillas. Pero fue la historia del niño que nunca crecía, y que conoció gracias a una obra de teatro, la que le cautivó por encima de todas las demás.

En el documento hallado en el archivo, titulado “Por qué hice Peter Pan”, el rey de la animación explicaba lo que supuso para él ir a ver aquella obra de teatro: “Nos costó casi todo el dinero que teníamos ahorrado en nuestras dos huchas... pero ni a mi hermano Roy ni a mí nos importó. Me llevé grandes recuerdos de aquella función, aunque, para mí, lo más emocionante fue ver a Peter volando por el aire".

La historia original, al igual que la de Alicia en el País de las Maravillas (1951), fue dulcificada, aspecto que algunos han criticado de forma negativa. Ese azúcar añadido ha sido una de las características de gran parte de su repertorio fílmico.

La última película en la que participó como director, y a la que llegó a ponerle el “The End”, fue El libro de la selva. Sin embargo, no pudo llegar a ver en la gran pantalla las aventuras de Mogli, Balú y Baguira. Antes de eso, falleció debido a un cáncer de pulmón. Era diciembre de 1966.

El Imperio Disney

Walt tenía un sueño: crear un lugar seguro y limpio donde padres e hijos pudieran jugar  juntos. De ahí surgió el primer parque de atracciones que llevó su apellido: Disneyland, que abrió sus puertas en 1955 en la ciudad de California. El segundo, Disneyworld, situado en Orlando, ya no pudo verlo: se inauguró en 1975. Su hermano Roy murió tres meses después de la apertura. Luego fueron surgiendo otros complejos dentro del territorio estadounidense y también en otras naciones: China, Japón y Francia.

Pero The Walt Disney Company no solamente está compuesta de lugares de recreación y productoras de películas animadas. Es todo un imperio del entretenimiento que genera millones y millones de dólares. Distribuye las películas de Disney, Pixar y Touchstone, así como las bandas sonoras de sus exitosos filmes.  Tiene, además, una gran red de tiendas donde vende sus propios productos (como peluches y otros recuerdos de sus personajes míticos) y, por supuesto, su grupo de canales de televisión y radio.

Desde el año 2009 existe también el Museo Familiar Disney, en San Francisco, fundado por su hija Diane. El edificio es un antiguo colegio de la zona de Presidio. Muestra más de 600 objetos personales y de trabajo del hombre que revolucionó el mundo de la animación, como los primeros bocetos de Mickey y Blancanieves.

Los mitos que rodean a la leyenda

Toda persona famosa tiene un gran número de seguidores pero también de detractores y, por supuesto, mitos sobre su vida. Disney no se libró de nada de ellos. Su propia muerte ha estado envuelta por la leyenda urbana de que su cuerpo fue criogenizado (congelado) para despertarlo en un futuro, cuando los avances científicos permitieran curarle su enfermedad degenerativa. Sin embargo, no es más que un mito: fue incinerado y enterrado en Glendale (en el estado de California).

Todavía hoy, décadas después de su fallecimiento, la empresa que él levantó sigue creciendo y continúa siendo uno de los gigantes en el universo de los medios de comunicación de masas. Sus películas han sido vistas por varias generaciones y siguen siendo el referente de la animación. Sin embargo, desde la década de los 30, poco después de sus inicios, hubo críticos que señalaron que sus filmes no eran meras historias para niños: tenían su lado oscuro. Se le acusó de fomentar estereotipos negativos contra nativos americanos, árabes y judíos, entre otros. 

El papel de la mujer era el de una dama indefensa que necesita ser salvada por el héroe, masculino. No obstante, algo ha cambiado últimamente, como en el caso de la princesa china Mulán que se disfraza de varón para ir a la guerra (aunque, al final, el patriarcado vuelve a poner todo en su sitio y la protagonista se casa) o de la Rapunzel de Enredados, la mujer más revolucionaria hasta ahora de las cintas Disney.

También se ha ido superando la moda de tener por protagonistas a personajes de raza blanca. La Esmeralda de El Jorobado de Notre Dame, la nativa Pocahontas de la América del Norte previa a la colonización europea o la joven negra de La princesa y el sapo son algunos ejemplos que van dejando atrás los estereotipos.

Hace ya 110 años que nació el hombre que revolucionó la animación y, aunque Walter Elias Disney ya no esté, el imperio que creó sigue cumpliendo años y dejando huella en las generaciones del mundo.

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