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Falcon, Un paceño guarda los juguetes de moda en los años 80

Jonathan Olivera es dueño de unos 70 muñecos Falcon, populares porque mueven sus articulaciones como si fueran seres reales.

EXCLUSIVO. Parte del mostrador de Jonathan, donde están guardados cerca de 70 figuras de Falcon, los muñecos que causaron furor en los niños de finales del siglo pasado en Bolivia y parte de América Latina.

EXCLUSIVO. Parte del mostrador de Jonathan, donde están guardados cerca de 70 figuras de Falcon, los muñecos que causaron furor en los niños de finales del siglo pasado en Bolivia y parte de América Latina. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R / La Paz

13:03 / 16 de enero de 2017

En cuanto alguno de los niños llegaba al aula con la novedad, de inmediato era rodeado por sus compañeros, quienes querían tocar al menos una vez al muñeco de 30 centímetros de alto y que estaba de moda en los años 80. Era un juguete distinto, pues tenía pelo, podía mover sus articulaciones —incluso sus ojos— y traía un sinfín de accesorios. Se trata de los muñecos Falcon-Comandos en Acción, personajes fabricados en Brasil y que significaron todo un éxito en Bolivia.

La notoriedad de estas figuras de plástico hizo que en la Galería Luz, de La Paz, se abriera la Casa Falcon, donde las familias llegaban para comprar el regalo preferido por los chicos, mientras que las niñas escogían a Susy, que era una muñeca fabricada por la misma firma brasileña.

  • Fotos: Pedro Laguna, La Razón

Jonathan Olivera tiene vagos recuerdos de esos tiempos. Solo rememora que su mamá (Rosario Salcedo) llevaba a su hijo mayor (Vladimir) a comprarle un Falcon. En la parte trasera de la caja donde estaba  el juguete hay una fotografía con la colección completa, que incluía cuatro figuras, que su progenitora adquirió para su niño mayor. “Mi hermano jugaba con los muñecos, pero los cuidaba mucho”, cuenta Jonathan, quien nació 10 años después de Vladimir. Tener un muñeco Falcon era un lujo debido a su alto precio; pero los padres hacían sacrificios con tal de cumplir el deseo de sus hijos, quienes aprovechaban la oportunidad de llevar su juguete a la escuela y ser la envidia de sus compañeros.

Falcon es, en realidad, la versión brasileña de los muñecos GI Joe, de la compañía estadounidense Hasbro. Sucede que en la década de los 70, la devaluación del dólar, el embargo de exportaciones de petróleo a Estados Unidos y a Europa Occidental, y el aumento por cuatro del precio del crudo generaron una crisis económica mundial. Hasbro —creador de la serie de los muñecos militares que estaban enfocados en los niños— se vio obligada a otorgar su marca a otros países en busca de obtener más capitales. Por esa razón, GI Joe se expandió a varias regiones del mundo, aunque con otras marcas. En Inglaterra lo fabricaron con el nombre de Action Man y en España se llamaban Geyper Man. En Brasil, Manufactura de Brinquedos Estrela alquiló la licencia de las figuras Hasbro desde 1977 hasta 1982, tiempo en que produjo muñecos militares, aventureros y futuristas.

Era “normal” que una niña quisiera una muñeca Susy o a su pareja Beto, o a Barbie con Ken; pero era “inconcebible” que un niño le pidiera a su papá que le comprase un muñeco, por lo que fabricaron un héroe que no dejara dudas de su masculinidad: esto es con el rostro barbudo, una cicatriz en el pómulo derecho, cuerpo musculoso y faceta de malo de película.

Las primeras versiones de Falcon eran el soldado moreno con barba y otro sin ella. Gracias a su éxito, Estrela lanzó en 1978 un soldado Falcon rubio, al igual que un helicóptero amarillo y accesorios de un jeep que había sido puesto a la venta meses antes. Hasta ese momento, solo las articulaciones del cuerpo tenían movimiento, hasta que en 1979 salió la versión Ojos de Águila, es decir que sus ojos podían desplazarse de izquierda a derecha, para lo cual había un botón en la nuca con el que se activaba el mecanismo.

La década de los 80 llegó con la invasión de las películas de Star Wars, que implicaba la venta de revistas, ropa y juguetes. Para ingresar a estos nuevos tiempos, la marca brasileña cambió a Falcon 80, como preámbulo para que conociera a su primer y único rival: Torak. Se desconoce su origen, si era un personaje del futuro o del espacio, pero de inmediato tuvo éxito, un mérito doble para Estrela porque la figura era de su creación. La población infantil estaba encantada con Falcon y Torak, pero la compañía ofreció un nuevo producto: Cóndor, un personaje que hiciera frente al villano que se asemejaba al famoso y oscuro Darth Vader.

En la caja del nuevo juguete se explica que Torak, en una de tantas batallas, dispara su rayo de la muerte contra el rostro de Cóndor, quien, después de haber estado en una sala de operaciones, se pone el casco plateado que lo caracteriza.

  • FIGURAS. Cóndor fue el muñeco más buscado y más caro en la Casa Falcon de la calle Mercado.

El universo Falcon llegó a Bolivia a inicios de los años 80, donde alcanzó popularidad muy rápido, de tal manera que en la Galería Luz se abrió Casa Falcon, una tienda exclusiva de las figuras de guerra y aventura. Ahí es donde Rosario adquirió los cuatro muñecos de colección para su hijo mayor. Jonathan, al ser el hermano menor, primero observaba los juegos de Vladimir y luego compartió las tardes para imaginar batallas que protagonizaban en estos personajes. “He crecido con estos muñecos. De niño miraba la parte de atrás de las cajas y miraba otros modelos de Falcon, con distinta ropa, y me encantaba”. Cuando Vladimir estaba a punto de graduarse del colegio, decidió dejar sus juguetes a su hermano menor. Le entregó cada uno de los muñecos con la condición de que obtuviera buenas calificaciones, a lo que Jonathan respondió de manera positiva.

Mientras otros niños se divertían con las consolas de video Nintendo o con los juguetes de Robocop, Jonathan prefería aquellos muñecos que movían sus articulaciones, que después de un tiempo guardó como un verdadero tesoro.

Hace cinco años, Jonathan revivió su cariño por estos juguetes cuando notó que en su mostrador no tenía la versión de Falcon sin barba que venía con un helicóptero, que era muy difícil de conseguir entre los coleccionistas. Fue así que hizo público su deseo de contar con uno de ellos con un mensaje a través de una radio.

  • PERSONAJES. Torak, el enemigo de Falcon y Cóndor, era requerido por su parecido a Darth Vader.

La obsesión por tener lo que buscaba hizo que también pegara afiches en paredes y postes de Miraflores. “Compro muñecos Falcon, Cóndor y Torak, marca Estrela, en cualquier estado”. De a poco su lista se fue haciendo más larga, por lo que no dudó ni un instante en viajar a Cochabamba o Santa Cruz solo para adquirir algún juguete.

En la actualidad, Jonathan se siente orgulloso de ser el dueño de más de 70 muñecos, no solo el Falcon sin barba, sino también varios modelos exclusivos y, posiblemente, únicos, como el cazador de gorilas, el piloto de helicóptero, el paracaidista o el guerrero del futuro, cada uno ubicado en un mostrador en su habitación que está repleta de otras colecciones de muñecos.

  • Había modelos para todo gusto, como el paracaidista, con helicóptero, alpinista, de héroe o villano.

Pero su tarea no acabó con la obtención de los personajes, pues tenía que arreglar los desperfectos de la mayoría de ellos, ya que carecían de dedos o manos, debido a que la goma con la que fabricaron este producto se secó con los años y se deshacía. Entonces Jonathan buscó a la dueña de la extinta Casa Falcón, en la que había una “clínica” donde los clientes podían reparar sus juguetes. Cuando la encontró adquirió una bolsa llena de manos para reemplazar las partes que faltaban. Según el coleccionista, a todos sus juguetes les cambió estas partes porque son las más sensibles. Parte de su habitación es prácticamente un universo de Falcon, con una diversidad de figuras de todos los colores y formas, con detalles que los coleccionistas valoran de sobremanera, en especial de Brasil, que en las redes ofrecen cientos de dólares por conseguir un muñeco en buenas condiciones. “Por el momento son míos, después, Dios dirá; si tengo familia, obviamente los heredaré a mis hijos”, comenta Jonathan, quien recibió cuatro muñecos de su hermano y de a poco creó su universo Falcon.

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